Ecos de una ciudad sumergida.

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miércoles, 14 de abril de 2010

WARNING - Watching From A Distance (2006)

Como ya comenté con el album de Esoteric, esta semana quiero condenaros a un profundo pozo de desesperación. Unas décimas de fiebre a causa de una neumonía y un cielo gris no hacen sino incrementar mi determinación. Y que mejor que los gigantescos Warning para ello. Procedentes de Essex, la banda se formó en 1994 por el batería Stuart Springthorpe y el vocalista y guitarra Patrick Walker. Tras dos demos, Revelation Looms en 1996 y Blessed By Sabbath en 1997, su primer larga duración llegó en 1999. The Strength To Dream, obra de culto fundamental dentro del metal tradicional, salió de la mano del sello Miskatonic Foundation propiedad de Rich Walker (guitarra de Solstice), que años antes había publicado At The Mountains Of Madness, recopilatorio de bandas en el que participaron los propios Warning y que a día de hoy está considerada como la primera piedra en la oleada de bandas de doom tradicional que se consolidó durante toda la década siguiente. Aquel álbum supuso toda una conmoción en el mundillo metálico, y entre sus participantes se encontraban grupazos como Slough Feg, Solstice, While Heaven Wept o Cold Mourning. La banda, sabiéndose ya un grupo de culto, se separó en 2001 y sus miembros se dedicaron a sus propios proyectos personales. Sin embargo en 2005 volvieron al trabajo conjunto, y el resultado es este Watching From A Distance, muy seguramente el mejor álbum de doom "clásico" de la década. Desgraciadamente, el grupo volvió a separarse en 2009 sin que ninguna noticia indique que esa situación vaya a cambiar.

Mientras Esoteric transmiten dolor, agonía y deseperación, Warning se centran simplemente en un solo sentimiento, la melancolía. Basando su propuesta en unos lentos y monolíticos riffs y en la personalísima voz de Walker, Watching From A Distance te transportan a un mundo regido por el abatimiento y cuyo único color es el gris más plomizo. Lo más destacable es que en un género tan encorsetado como el doom, la banda suena única. Si, diréis que esto ya lo habéis oido antes, y que nunca es cierto del todo. Pues no se debido a qué será, pero en este caso es verdad, y es lo que hace tan especial a Warning. Desde la manera en la que despliegan esos guitarreos pesados, a la increíble habilidad para desplegar retorcidas melodías con unos pocos acordes pasando por la empática exhibición en las voces de Walker, todo hace de Warning una formación absolutamente única. Deteniéndome en ese último aspecto, asusta la capacidad de este hombre para llevarte a su mundo con sus lamentos. No es que posea una voz asombrosa (Robert Lowe o Messiah Marcolin tienen chorros de voz muy superiores), pero su capacidad para transmitir emociones es sencillamente incomparable. Siguiendo a esos riffs monótonos, su tono lineal pero reverberante a la hora de cantar unido a unas letras preciosas y muy personales consiguen que el oyente se vea incapaz de resistir una honda sensación de soledad en el pecho, como si de una fulminante depresión se tratase. De hecho la música de Warning se puede resumir a una épica y desesperanzadora batalla entre las seis cuerdas de una guitarra contra las cuerdas de una voz desgarrada por el dolor. No voy a diseccionar los cinco temas que componen Watching From A Distance, dejo que seáis vosotros los que juzguéis. Yo ya lo hice en su día, y el veredicto es que Warning es Doom en estado puro, tanto musicalmente como filosóficamente. Sin lugar a dudas los dos álbumes de los británicos merecen ocupar el mismo lugar que ya lo hacen las obras magnas de Pentagram, Saint Vitus, Candlemass o Sleep. Lo que es incuestionable es que Watching From A Distance es el mejor disco de Doom de toda su década.

Una de esas pocas obras capaces de seducir tu alma al mismo tiempo que tus oidos. Del mismo modo, se trata de uno de los escasos álbumes que consiguen llevarte a su terreno, aunque éste sea un paraje yermo de esperanza. Esencial.

lunes, 12 de abril de 2010

ESOTERIC - The Maniacal Vale (2008)


Tracklist:

Disc 1:
Circle
Beneath This Face
Quickening
Caucus Of Mind

Disc2:
Silence
The Order Of Destiny
Ignotum Per Ignotius

Esta semana he decidido condenar al Infierno a todo el que me rodea. Que solo conozca dolor, desesperación y una absoluta sensación de impotencia ante ello. Sí, tengo una semana de esas. Además, me viene que ni pintado, porque tenía pensado desde hace tiempo hacer un pequeño hiato en el blog para dedicarlo al doom de tintes más primarios y oscuros, y a las impresionantes obras maestras que tanto Warning como Esoteric nos regalaron en la segunda mitad de esta década que nos acaba de dejar. Esoteric, al igual que Warning, son una veterana banda inglesa de funeral doom, toda una institución en el género merced a sus más de 15 años de trayectoria y sus enormes cinco álbumes que han despachado hasta la fecha. El quinteto de Birmingham, líderado por Greg Chandler, lanzaron este The Maniacal Vale a través del prestigioso sello francés Season Of Mist (... and Oceans, Anaal Nathrakkh, Drudkh, Gorguts, Rotting Christ, Watain, Solefald...), convirtiéndose rápidamente Ten uno de los álbumes que más elogios recibieran ese año junto a The Call Of The Wretched Sea de Ahab. Sin embargo, y a pesar de lo excelente del disco de los alemanes, The Maniacal Vale se erigió a la categoría de obra maestra, deviniendo en el mejor disco de doom de toda la década (añadiéndole Watching For A Distance de Warning), y en uno de los más grandes discos de doom de todos los tiempos.

Lo primero que hay que decir es que la música de Esoteric no es para todo el mundo. Lejos de ser una afirmación gratuita o snob, es una constatación de una realidad que en muchos casos puede ser extensible al doom en su totalidad, género de gran capacidad erosionadora y que necesita un importante esfuerzo por parte del oyente. Y es un esfuerzo que no mucha gente está dispuesta hacer, más cuando se trata de penetrar en un mundo generalmente dominado por los sentimientos y sensaciones más pesismistas que el género humano haya sido capaz de desarrollar. Pues todo esto está multiplicado por mil en The Maniacal Vale, porque a lo que uno se enfrenta es a un doble álbum que se estira agónicamente hasta 1 hora y 40 minutazos. Personalmente puedo asegurar que es el disco más agotador al que me he enfrentado jamás, y no lo digo por que me haya causado aburrimiento, ni mucho menos, pero es tal la intensidad que despliega, lo enfermizo de su propuesta y el mal cuerpo que genera que difícilmente uno puede terminar de escucharlo sin tener la sensación de haber sido pisoteado, vejado y hundido en la más profunda de las ciénagas. Todos sabemos que el doom, y más el funeral doom, se rigen por unos esquemas muy definidos y poco dados a la experimentación, de ahí que la gran mayoría de bandas caigan en una monotonía insoportable basada en notas que se extienden perezosas hasta el infinito. Pero de vez en cuando alguna formación alcanza la esencia pura del género, que no es otra que el regodeo en los sentimientos más oscuros del hombre a través de unas sonoridades que por lentas desesperan, y que de tan expansivas te rodean y asfixian. The Maniacal Vale consigue eso y mucho más. Siguiendo el mismo esquema, con temas que comienzan atmosféricos y van ganando en intensidad hasta destruirte, en ningún momento suenan Esoteric unidimensionales. Y eso es simplemente porque la colección de temazos que escupen en tu cara es irrebatible. De la belleza decadente de Beneath This Face a ese inesperado trallazo de death metal old school llamado Caucus Of Mind, pasando por el apoteósico cierre con Ignotum Per Ignotius, todo está conjurado para desgarrarte la yugular y observar como te desangras lentamente. A pesar de que Esoteric utilizan teclados y pasajes melódicos perfectamente integrados en el conjunto, su principal baza son unos riffs que, unidos a una producción perfecta y a los berridos inhumanos de Greg Chandler, elevan unas murallas de sonido que por momentos te parecen tangibles por las cotas de masividad que alcanzan. Y los breves respiros que ofrecen, como en la preciosamente oscura Silence, tan sólo son para crearte esa falsa sensación de seguridad que, como en la vida, precede a los grandes batacazos y decepciones. Al igual que con Negura Bunget, Esoteric es de esas bandas que no hacen música para ser escuchada, porque ningún sentido es capaz de asimilarla en su totalidad. Los británicos proponen experiencias, y como tales deben ser afrontados sus álbumes. The Maniacal Vale fue su último asalto a la psique humana, y os aseguro que no volveréis a ser los mismos después de afrontarlo.

Una obra descomunal, casi inabarcable. Auténtica obra maestra y una oda a la desesperación como nunca oiréis en vuestras vidas.

Nota: 10/10



miércoles, 7 de abril de 2010

GALAR - Til Alle Heimsens Endar (2010)

Joder, que ganacas le tenía a este disco. Tras su descomunal debut, Skogskvad, hace ya cuatro años, no podía ser de otra manera. Encuadrados dentro del incierto género del Viking Metal, no son Galar una banda que pueda meterse en el mismo saco que Finntroll, Amon Amarth ni tan siquiera Bathory. Aunque partiendo de la misma base black que la mayoría de formaciones del estilo, los noruegos siempre se han decantado más por ser fieles a unas estructuras muy deudoras de la música clásica y con gran apego por las atmósferas épicas, para las cuales se valen de coros y voces limpias. Hablamos del proyecto de dos músicos noruegos, Slagmark (Marius Kristiansen) a las voces, guitarra y bajo, y su compañero Fornjot (Are B. Lauritzen) que se encarga de las voces limpias, piano, teclados y fagot. Para grabar las baterías en este disco, han vuelto a contar con la colaboración de Phobos, conocido por su labor en Aeternus y Gravdal.

El principal mérito de la música de Galar es la perfección con la que consiguen aunar la rabia blacker con estructuras tremendamente complejas y ricas provenientes, como he comentado, del clasicismo más regio. En ningún momento abusan de las paradas que dan paso a desarrollos orquestales, sino que fusionan guitarras eléctricas y dobles bombos con violines y piano con una naturalidad digna de elogio. Sí es cierto que en los temas instrumentales, como Det Graa Riket, Etterspill o Forspill, están completamente dominados por arreglos orquestales, pero son tan exquisitos que nada se les puede reprochar, y embellecen el sonido global de Till Alle Heimsens Endar con un brillo que no recuerdo en ningún otro álbum de folk metal (que no sea Skogskvad, claro). Sinceramente, en cuanto a la maestría con la que aunan ingredientes, Galar superan incluso a mis adorados Windir, tótems del género pero que siempre se decantaron más por la furia que por la delicadeza folk. De todos modos, si lo que uno quiere es gruñir con el puño en alto mientras pide la bendición a los dioses para la batalla que se avecina, ahí están himnos como Ingen Siger Vart Vunnin (que coros, madre mía...) o Ván para saciar la sed de sangre del heavy más belicoso. Si hubiera que utilizar dos adjetivos para calificar a este disco, eso serían potencia y grandeza. La épica hincha las velas que mueven este barco sonoro como impulsadas por el mismísimo aliento de Odín, y la minuciosidad compositiva junto a una producción perfecta dotan al conjunto de una pegada y claridad como oirás en muy pocos discos. Nunca las leyendas fueron narradas con tanta belleza como de la mano de Galar, y la batalla cantada con tanta pasión como a través de sus cabalgadas y coros guerreros. Olvidate de las poses, de los ritmos kalimotxeros disfrazados de himnos vikingos. Pon Til Alle Heimsens Endar a todo volumen en tu reproductor (y de paso añadele Skogskvad) y sabrás lo que es el viento helado en tu cara, el peso de la espada colgando de tu cintura y la sensación de la sangre manando de tus heridas.

Otro discazo a la buchaca de este año, y otra victoria indiscutible para Galar.

VIAJE A 800 - Diablo Roto Dë... (2001) / Estampida De Trombones (2007)


Diablo Roto Dë...



Estampida De Trombones

Entre tanta novedad, y mientras preparo mi valoración del último pepinazo de Jucifer (cortesía del siempre atento Alexcore), es bueno pararse de vez en cuando y dedicar espacio a grupos que aunque no se encuentren en primera línea por la inmediatez del lanzamiento de un nuevo álbum, si lo están por la relevancia de su música, o al menos por la importancia que para servidor supuso su descubrimiento. En este grupo se encuentran los algecireños Viaje a 800, banda que junto a Mermaid fueron pioneros del sonido stoner en nuestro país, y primeras cabezas visibles del por entonces novato sello Alone Records. Formados en 1997, no fue hasta 2001 que el trío debutó con su primer larga duración, el impresionante Diablo Roto Dë... La grandeza de este álbum traspasó nuestras estrechas fronteras estatales, y los parabienes por parte de la crítica llegaron desde todos los rincones del planeta, que alabaron especialmente lo personalísimo de su sonido, y todo ello a pesar de que la banda siempre tuvo claro que el idioma en el que querían expresarse era el castellano, aspecto que en principio podía frenar la difusión de un sonido tan ligado al mundo anglosajón. Antes de eso, ya habían grabado una maqueta, Santa Águeda (1998), y un split junto a los argentinos Los Natas. Diablo Roto Dë... tuvo una repercusión enorme (para tratarse de este tipo de música y en nuestro país), y de hecho hasta que Alone se decidió a reeditarlo en 2007, el álbum estuvo años agotado. Ese mismo año se publicó el segundo LP de la banda, Estampida de Trombones, un disco mucho más pulido en todos los aspectos que su antecesor, y donde la etiqueta stoner se les queda pequeña por la cantidad de influencias de las que beben.

Lo primero que hay que decir de estos tíos es que su sonido es único. Vale, las influencias están ahí, son reconocibles, pero de alguna manera al pasar por el filtro de los gaditanos el sonido muta, cambia, y se dota de un aire especial, difícil de definir pero potente. En un panorama en el que las bandas están tan preocupadas por sonar como sus homólogos norteamericanos que devienen irremisiblemente en meros clones mediocres, Viaje a 8oo sobresalen como una entidad con genética propia, encontrándose entre las pocas formaciones a nivel internacional con el derecho a enarbolar su propia bandera.

Diablo Roto Dë... El primer álbum de la banda se erige sobre tres pilares fundamentales, que no son otros que Kyuss, Black Sabbath y Pentagram. Sin embargo, ese primarismo no está carente de detalles, como lo certifican los escarceos con el jazz rock en Vuelo Infierno / Alter en Marte gentileza de un saxofón exquisitamente introducido. Otro ejemplo es la final Humo de Mota, que pilla al oyente completamente a contrapié y que hace honor a su nombre. Pero si servidor debe remarcar temas, esos serían los dos que abren el álbum, y que no podrían ser más diferentes entre sí. El primero, Roto Blues, dice mucho de la actitud de esta banda, porque comenzar un disco con un tema de 10 minutos tan plúmbeo, monolítico y psicodélico como ese habla a gritos de lo poco amigos que son de los convencionalismos. Una pasada de tema, que sin ninguna prisa va elevando la presión hasta atraparte irremisiblemente en una especie de descenso a las profundidades abisales tras haberte zampado un par de tripis. Maravillosa. Cardio Límite, el segundo corte en cuestión, es todo lo contrario, ya que se trata de la canción más rapida del álbum, un puñetazo stoner 100%. Contundencia, blues decadente, psicodelia lisérgica y, sobre todo, actitud y personalidad a raudales en uno de los dos mejores discos de rock que jamás se han hecho en este país. Pero claro, es que el otro es Estampida de Trombones...

Estampida de Trombones. Toda una reafirmación de que Viaje a 800 son inalcanzables, tanto en calidad compositiva como por su constante afán de renovación. Estamos ante un álbum que rezuma pesimismo, amargura, y que como nicotina en tus pulmones se te queda adherido hasta ahogarte entre negro alquitrán. Sólo por ese comienzo con Los ángeles que hay en mi piel y El amor es un perro del Infierno abaten a puñetazos y dentelladas a cualquier contrincante que tuviera la osadía de enfrentarles. Riffs poderosos, letras pesimistas y desafiantes, voces dobladas que te transportan a otra dimensión y un sonido expansivo que no derrumba fronteras porque en el mundo de Viaje a 8oo nunca existieron. Todo en este disco suena perfecto, gracias sobre todo a una notable mejoría en la producción y en la habilidad técnica del trío, que parece no conocer límites. Algo que queda patente en las tremendas instrumentales, Ossario y Dios Astrónomo, donde la banda no teme explorar ninguna sonoridad, electrónica incluida. es todo un puñetazo en la cara, directo, y que nos recuerda al sonido de su anterior trabajo. En Luto la potencia deja paso a la delicadeza, y la guitarra acústica toma el papel protagonista. Un tema que mantiene una conversación con los silencios, y que culmina con un solo de guitarra espacial acojonante. En Patio Custodio vuelve la experimentación, esta vez de la mano de sonidos de claras reminiscencias árabes, y que da paso a Cabezas de Tungsteno y Cancer Bahía, que vuelven a incidir en lo pesimista del álbum. La primera, a través de una letra que puede hundir al más risueño, y la segunda echando mano del poder más melancólico de la bossa nova (si, estos tíos no temen tocar ningún palo). Una obra maestra en toda regla.

Con estos dos discos, Viaje a 800 se han puesto un listón tremendamente alto de cara al inminente nuevo álbum. Para el resto de bandas, nacionales e internacionales, una tarea imposible.

martes, 6 de abril de 2010

NEGURA BUNGET - Virstele Pamintului (2010) / Om (2006)



Tenemos nuevo disco de los rumanos Negura Bunget, una banda que lamentablemente será siempre medida por el rasero de Om, sin lugar a dudas uno de los mejores discos de metal de la historia. Evidentemente, cualquier formación mataría por publicar una obra de tamaña magnitud, y gustosa vendería su alma al diablo por ello. Sin embargo, los daños colaterales que aquel enorme meteorito caido en la Tierra causó se expresaron en forma de baremo prácticamente insuperable para cualquier mortal, en una marca a batir inalcanzable. Aunque también es cierto que los conquistadores que pasan a la historia no son los que ganan la mayor de las batallas, sino los que ganan guerras y crean imperios. Y Negura Bunget, a mi parecer, se encuentran en este segundo saco, porque todos sus lanzamientos son excelentes, insuperables por nadie que no sean ellos mismos. Enroscados como una invisible serpiente sobre si mismos, su música es inaccesible para cualquier otra banda del planeta, y tan solo entrando como espectador dentro de su anillo constrictor uno puede tocar su música mientras la presión nubla la vista y te rompe las costillas inexorablemente. Y es que Negura Bunget no crean música. Crean sensaciones, experiencias, la convicción en el oyente de que todo va mucho más allá de unos instrumentos conjuntados, de unas voces, de un álbum. Por todo ello es muy complicado diseccionar sus nuevos lanzamientos, ya que uno se enfrenta no a valorar la calidad musical implícita en ellos, sino las sensaciones que te generan. Y es un nivel de introspección que a muchos nos cuesta terriblemente sacar a la luz. Pues bien, Negura Bunget vuelven con Virstele Pamintului, y todas estas disquisiciones existenciales vuelven ala palestra.

Lo primero que hay que decir es que Virstele Pamintului no es superior a Om. Dudo que nadie jamás pueda parir un disco a esa altura, ni ellos mismos. Es imposible que se pueda dar una conjunción de talentos en el momento adecuado como aquella una segunda vez. El Universo no podría aguantarlo, el espacio-tiempo se desgarraría y plegaría sobre si mismo. Lo segundo que hay que decir es que Virstele Pamintului es una obra maestra, y muy probablemente candidato directo a disco del año. Incongruencia? Yo creo que no. Todos sabemos que albumes como Reign In Blood, Master Of Puppets o Altars Of Madness son mucho más que obras maestras. Pertenecen al selecto grupo de obras que, llegadas en el momento justo, marcaron una época, un hito en la historia a partir del cual todo fue diferente. Om, encuadrado dentro de la música progresiva extrema, entró directamente en ese grupo. Virstele Pamintului recoge el legado de su progenitor y lo mantiene bien alto, nada más y nada menos. Heredero musical de aquel, nos encontramos ante un nuevo disco que es imposible vivir, porque tan sólo se puede experimentar. Aunque siguiendo la estela de Om, nos encontramos ante un álbum más enfocado a las atmósferas, con más componentes folklóricos y menos arrebatos propios del black metal, aunque los encontremos diseminados a lo largo del disco. Los tres temas que abren el álbum, Pamint, Dacia Hiperboreana y Umbra, nos dan fe de lo anteriormente expuesto, y no es hasta la llegada de Ochiul Inimii que el black metal asoma la cabeza timidamente. Especialmente grandiosa es Dacia Hiperboreana. Difícil explicar lo que uno siente al escuchar esos teclados etéreos, esa voz que da miedo mientras narra historias de una Rumania ancestral, ese xilófono omnipresente durante todo el disco, los instrumentos tradicionales de cuerda... Pocos temas han conseguido emocionarme hasta tal punto como éste lo ha hecho, y pocas bandas pueden alcanzar ese nivel de épica y capacidad de evocación como Negura Bunget. Por otro lado, cortes como Chei de Roua, Tara de Dincolo de Negura y Arborele Lumii son los más directos del álbum, con voces blackers, aunque tanto los riffs como las atmósferas siguen conteniendo fuertes componentes reminiscentes del folk eslavo/balcánico. En total 9 cortes distribuidos en una hora, un todo indivisible que supone una experiencia única, cargada de una oscuridad, misticismo y belleza exuberantes, y donde el único límite físico viene dado por el fin del metraje del álbum. A pesar de eso, cuando el álbum toca a su fin, te descubrirás aún ensimismado, paladeando los ecos de cada nota, intentando aferrar unas sensaciones que se han ido pero se encuentran aferradas para siempre en un rincón inaccesible de tu alma.

Obra maestra y muy probablemente disco del año.

Nota: 9,75 /10





Bueno, y de paso cuelgo su disco más emblemático, el increíble Om. Como ya he comentado, un álbum de los que hacen historia. Evocador, expansivo, ilimitado, técnicamente perfecto, y con una producción meticulosa que hace sonar todo en su sitio, Om además es un álbum incomparable, ajeno a estilos y bandas, porque es imposible que nadie se pueda acercar, ni en fondo ni en forma, a lo contenido en sus 11 cortes. Disfrutadlo.

NECHOCHWEN - Azimuths To The Otherworld (2010)



Pagan Metal. Folk Metal. Instantáneamente nos vendrán a la cabeza imágenes de frios acantilados escandinavos, o bosques cubiertos por la niebla de alguna ignota región del Este de Europa acompañados por gruñidos propios del black metal cantados la mayoría de veces por bochornosos individuos con cotas de malla y pinturas de guerra. No todos los casos son así, demos gracias por ello, y bandas como Negura Bunget, Drudkh o incluso Primordial han parido verdaderas obras maestras del metal moderno partiendo de esas coordenadas. Pero lo que no cambia es el casi exclusivo monopolio que las formaciones europeas tienen dentro del estilo. Pues bien, la globalización se abre paso en todos los ámbitos, y ahora le toca el turno al metal de raíces más ancestrales, porque Nechochwen bebe de la mitología nativa norteamericana. Algo que personalmente veo muy acertado. Si un pueblo se ha caracterizado por su espiritualidad, su profunda comunión con la naturaleza y su ardor guerrero pero honorable, esos fueron los indios norteamericanos. No por nada Engels, basándose en los estudios del antropólogo Morgan, les definió (junto a otros pueblos como los primeros griegos) como comunistas primitivos. Una sociedad completamente democrática, solidaria, pero limitada por lo tosco de sus conocimientos técnicos y científicos, y aún temerosos de su entorno, tanto como para elevarlo a la categoria de tótem o espíritu (las deidades pertenecen a épocas posteriores). Y si estas características no son ideales para un disco de metal, que venga Manitú y me fulmine en el acto. Nechochwen, el proyecto personal del músico del mismo nombre (sobrenombre más bien, ya que adopta la traducción india) y que es miembro fundador de los también interesantes Angelrust, comenzó su andadura en 2005 y debutó con Algonkian Mythos, una excelente carta de presentación donde mostraba el personalísimo sonido que recorre, aunque de manera menos pulida, este Azimuths To The Otherworld. Basado en los mitos y tradiciones de los indios nativos Adena y Hopewell, que hace 2000 años ya vivían en el Valle del Río Ohio, probalemente se trate de uno de los álbumes con mayor capacidad de traspasar estilos que servidor se ha echado a la cara.

Porque durante la mayor parte del álbum uno hasta duda de que Nechochwen sea un grupo de metal, y no lo digo como un aspecto negativo, ni mucho menos. Todo lo contrario, ya que al acabar la hora durante la cual se despliega Azimuths To The Otherworld, uno queda convencido de que de ninguna otra manera se podría haber captado tan bien la esencia de aquel pueblo ancestral que hablaba con los árboles, la piedra, el agua y todos los seres vivientes con cariño, veneración e incluso miedo. El instrumento principal sobre el que se erige el sonido del disco es la guitarra acústica, y en muchos cortes es el único instrumento que se escucha, prescindiendo en su mayoría de las voces. Ojo, hay que señalar que la exquisitez y maestría con la que Nechochwen toca el instrumento es para quedarse sin aliento, y pocas veces en mi vida la acústica ha sido capaz de emocionarme tanto como lo ha hecho en Azimuths To The Otherworld. También la percusión tribal está muy presente, reforzando esa sensación de primitivismo y espiritualidad que el músico norteamericano pretende conseguir. Las voces generalmente siguen el esquema de cánticos, manteniéndose en segundo plano, y dedicándose a fluir con la música. También tenemos algún que otro fogonazo propio del black metal, más en la línea de la otra banda de Nechochwen, Angelrust, pero están muy limitados a unos pocos temas (Allumhammochwen - The Crossing o Red Ocher,por ejemplo) y no en la totalidad de los mismos. No estamos ante un álbum con el que poder hacer otra cosa mientras lo escuchamos que no sea perderse ante un libro de mitos y leyendas o en las propias ensoñaciones de uno frente a un buen paisaje. Y si ya somos muy afortunados, ambas cosas. Difícil tarea es recomendar temas o analizarlos, puesto que los catorce que componen Azimuths To The Otherworld son un todo único e indivisible, la memoria de un pueblo milenario, de su pasado, cantada a través del talento de un descendiente 2000 años después. Pero si debo recomendar un tema, ese sería Four Effigies, que internamente está dividido en The Turtle Effigy, The Adena Pipe, Amanita Mushroom Wand y Weeping Eye. Casi 9 minutos en los que Nechochwen comprime todo lo que es su propuesta, pero elevándola a la categoría de excelencia. 9 minutos de viaje espiritual, de ensoñación, de auténtica experiencia catártica en la que volveremos a aquel tiempo y lugar en el que un pequeño pueblo dejó un fabuloso legado de dignidad que aún a día de hoy sigue conmoviéndonos. Y más con embajadores como Nechochwen.

Una de las sorpresas del año. Un álbum personalísimo y único en su especie, que demuestra que el folk metal no tiene nada que ver con las pinturas ni las poses de vikingo, y si con el respeto a las raíces. Seas cuales sean.

Nota: 8,75/10



lunes, 5 de abril de 2010

BRANT BJORK - God & Goddesses (2010)



Buf, tras una semanita de intensas emociones y juergas descontroladas, vuelvo por estos lares con muchas ganas y unos añitos menos de vida. Y lo hago con el noveno álbum de estudio de Brant Bjork. Toda la semana he estado escuchando este God & Goddesses sin parar, y reconozco que me ha tenido enganchado como un tonto. O no tan tonto, porque es todo un ejemplo de lo que un disco de rock debe ser. Enumerar la lista de méritos de este hombre es complicado por su extensión: batería y compositor de los padres del stoner rock, Kyuss; compositor del álbum de debut (No One Rides For Free) de otros clásicos de la escena, Fu Manchu (uniéndose a ellos en 2002 como miembro oficial y grabando cinco discos más), además de colaborador en los Mondo Generator de Nick Oliveri y las Desert Sessions de Josh Homme. También ha prestado sus servicios a Melissa Auf der Maur y los Smashing Pumpkins. Con menos "glamour" y portadas dedicadas que Josh Homme, yo siempre he creido que el talento compositivo de Brant Bjork es muy superior al del pelirrojo más famoso del rock actual, y que álbumes como Jalamanta son capaces de patearle el culo a cualquier lanzamiento de los Queens Of The Stone Age. En cualquier caso, nuestro californiano de inmortal cinta al pelo siempre ha sido fiel a su amor por el rock más añejo y psicodélico, y para regocijo de sus fans siempre ha hecho alarde de una prolífica capacidad creativa.

God & Goddesses es probablemente el disco más inmediato y simple que jamás haya grabado Brant Bjork. 8 temas ventilados en poco más de media hora, y que se cimentan principalmente sobre un rock desprovisto de artificios y con el groove característico de Brant Bjork, que tan grandes han hecho a Fu Manchu o incluso a Kyuss. La psicodelia de albumes anteriores se encuentra aquí mucho más mitigada, y como mucho aparece en segundo plano, matizando el sonido general, caso de cortes como Little World, donde el sonido expansivo y unos solos maravillosos de guitarra son los auténticos dueños de la situación, pariendo uno de los temas más evocadores de su carrera. Para apoyar este nuevo rumbo, Brant Bjork se ha rodeado en una nueva banda de acompañamiento (en sustitución de la habitual hasta ahora, The Bros.) , compuesta por el guitarrista Brandon Henderson, el batería Giampaolo Farnedi y el bajista Billy Cordell, miembro de los indispensables Yawning Man. Todo el álbum nos traslada reminiscencias a los clásicos, principalmente Led Zeppelin y Black Sabbath, pero con el fantasma de Hendrix siempre presente, como lo constatan esos maravillosos solos en Porto o Blowing Up Shop. También hay lugar para el recuerdo del sonido Detroit de los años 70, el de bandas como The Stooges o MC5 en las iniciales Dirty Bird y The Future Rock (We Got It), esta última un auténtico temazo para mover todo el cuerpo con una enorme sonrisa en la cara. Vocalmente Brant Bjork nos recuerda más que nunca al gran Phil Lynett de Thin Lizzy, algo que es más que evidente tras escuchar Radio Mecca o Good Time Bonnie, aunque con ese toque de actitud punk que Bjork transmite en todas sus composiciones. Pero probablemente lo mejor del disco llega con su última canción, ese blues psicodélico llamado Somewhere Some Woman, donde el trabajo de la sección rítmica roza la excelencia, creando una cadencia sonora realmente hipnótica a través de la cual los lamentos de la guitarra y de la propia voz de Brant Bjork nos transportan a un mundo de melancolía realmente bello. Por último hay que comentar que otra de las novedades con este God & Goddesses es la participación por primera vez de un productor ajeno al propio Brant Bjork, Ethan Allen. El resultado es un sonido mucho más limpio, profesional, y que dota a los temas de una claridad y contundencia que vienen como anillo al dedo a la inmediatez que el norteamericano exhibe en esta su última creación.

Un disco de rock excelente, entre los mejores de su carrera. Una constatación de que el buen rock no entiende de edad mientras se encuentre en manos de talentos como el de Brant Bjork.

Nota: 8,75/10