Ecos de una ciudad sumergida.

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viernes, 4 de mayo de 2012

AUTHOR & PUNISHER - Ursus Americanus (2012)


Puedes escuchar el álbum completo a través del Bandcamp de Author & Punisher. PINCHA AQUÍ.

Vaya ojo que tienen los señores de Seventh Rule Records... No contentos con fichar a Wizard Rifle, autores de uno de los debuts del año, ahora van y suman a sus filas a ese geniecillo llamado Tristan Shone para engrosar un catálogo cada vez más impresionante. Para los que no lo conozcan, Tristan Shone es un productor, multi-instrumentista e ingeniero de sonido cuyos conocimientos de mecánica (trabaja como ingeniero en el National Center Of Microscopy And Imaging Research y en el Center For Research And Computing In The Arts de California) le han servido para fabricarse la mayoría de instrumentos que utiliza en su peculiar propuesta sonora, Author & Punisher. Con tres discos en la calle entre los que destaca el demoledor Drone Machines (2010), Ursus Americanus es su nuevo ejercicio de trepanación cerebral a ritmo de doom metal industrial.


Drone Machines me provocó no pocas erecciones, pero Ursus Americanus es una bestia aún mayor que su predecesor, mejorados todos sus golpes y afiladas las fauces para lanzarse a uno de los ataques de primarismo industrial más contundentes en mucho tiempo. Partiendo de esa cadencia hipnótica tan característica del doom, Tristan Shore despliega una propuesta que podría definirse como la banda sonora preferida de Skynet para sodomizar humanos bajo un troquel. Las atmósferas opresivas que envuelven Ursus Americanus son de una masividad casi física, creando la ambientación perfecta para el golpear de un asalto sónico inmisericorde a la par que enfermizamente seductor. Moviéndose con un gusto exquisito a través de insignes referentes, la vertiente más abrasiva de Author & Punisher recuerda a los todopoderosos Godflesh yéndose de parranda con los Ministry del enorme Filth Pig, lo que queda refrendado en joyas de sodomía espiritual como Terrorbird o Lonely. A mitad de camino, como si de un enorme sol oscuro sobre el que orbitara el resto del disco se tratase, encontramos la ciclópea Set Flames y los referentes mutan, así como las sensaciones del oyente. Cambiando los puñetazos por las atmósferas abrasivas como lija del 10, estamos ante un tema cuyo percusionismo frenético nos recordará a unos Swans empapados de drone desquiciante dispuestos a poner la banda sonora al Apocalipsis, con unas voces distorsionadas realmente sobrecogedoras. La cosa no acaba aquí, porque según nos acercamos al final del disco y como si el bueno de Tristan Shone se percatara de lo maltrecha de nuestra cordura y huesos a esas alturas de la función, torna su Juggernaut sonoro en una mortaja ambiental con la que cubrir nuestros cadáveres, acercándose por momentos a las coordenadas de unos Aphex Twin convertidos al reverso oscuro de la fuerza. Ejemplos de ello son las hipnóticas Below And Above You e ILL Consuming, que son el equivalente de regodearte en el sabor de tu propia sangre tras ser apalizado por un escuadrón de robots homicidas. Y cuando las últimas notas de Ursus Americanus se disipan, al dolor físico y espiritual se suma la sensación de haber asistido a una experiencia única de la que puede que no escapes vivo la próxima vez.


Hombre y máquina fusionados en maestro de ceremonias para el fin de los días, Author & Punisher es el arte convertido en celebración del holocausto, y Ursus Americanus un retazo de futuro cada vez más cercano, el del hombre aplastado por el peso de sus soberbias creaciones.





jueves, 26 de enero de 2012

PLUTONIUM - Devilmentertainment Non-Stop (2011)


Quien diga que corren malos tiempos para la música o es ciego o confunde el cadáver putrefacto de la industria con el estado de salud de un arte que, al menos en lo que toca al metal underground, no podría gozar de unas constantes vitales más plenas y vigorosas. Un claro ejemplo de ello es el reciente disco de Nahrayan o esta maravilla que me llegó hace unos días a mi cubil de ignominiosa perdición. Plutonium es una banda sueca nacida en 2003 para dar forma a las inquietudes creativas de J.Carlsson. En 2004 editan la demo Wind Of Change, que les abre las puertas para fichar por la ahora extinta Khaoz Star Records y sacar su LP de debut One Size Fits All. Diferencias entre los miembros de Plutonium hacen que J. Carlsson continúe la travesía en solitario, y sin que ello suponga ningún freno a los planes de futuro de la banda, comienza a componer nuevo material para su siguiente LP. Devilentertainment Non-Stop queda grabado en 2009, pero diferentes problemas con varios sellos hacen que su edición se demore, hasta que en 2011 J.Carlsson decide sacarlo de manera autoeditada. Toda una bendición, porque de lo contrario se nos habría privado de un álbum realmente sorprendente.



Y es que aunque su Black Metal Industrial a priori no inventa la rueda, al mismo tiempo juega sus cartas de tal forma que acaba conformando una mano ganadora y muy especial. Uno de los grandes triunfos del álbum es la grandiosa utilización de la electrónica, omnipresente durante los 9 temas que lo conforman y que operan tanto de catalizadores de la rítmica industrial como de genial apoyo a unos pasajes atmosféricos realmente evocadores. Si a ello le sumamos unas guitarras repletas de efectos y cuyas frecuencias van desde el sonido más crujiente a la distorsión pasando por los característicos calambrazos blackers, pues nos encontramos con que Devilmentertainment Non-Stop es una de las obras más versátiles que un servidor haya escuchado en todo 2011 en lo que a metal extremo se refiere. Y es que muy pocas bandas hoy día pueden comprimir en una misma propuesta misiles de black metal tradicional como la inicial A Tribute To The Tools Of The Cosmic Abortionist, cortes de oscuras ambientaciones como Peace Keeper y Dedt Döda Exemplets Makt o recordar a los mejores Satyricon en la muy black'n roll The Misery King. Todo ello sin mencionar todavía los verdaderos puntos álgidos del disco a opinión de un humilde servidor, como el corte que da título al álbum. Una puñetera maravilla que obra una alquimia fascinante entre la frialdad eléctrica del black metal, la electrónica más machacona y unas voces que llegan a transitar la guturalidad del death para devenir en una puñetera incitación a dejarte las cervicales en su escucha. Zero Swarm es otro tema que alcanza la excelencia, merced a un comienzo que coquetea con sonoridades sinfónicas como preámbulo a una patada en la boca en forma de auténtico hit malsano. Y para cerrar, los casi 8 minutos de la tremenda Hell Is All Around, toda una síntesis de las virtudes de J.Carlsson en forma de desquiciada mixtura de brutalidad, épica y enfermizas ambientaciones. Bajada de telón perfecta para un disco espectacular, original y arriesgado.




Enorme sorpresa, diría que de las mayores que han explotado en 2011. Y no tanto por el desconocimiento de la banda sino por una propuesta que combina una variedad de ideas abrumadora con la redondez nacida del talento compositivo. Muy grande!

NOTA: 8,75/10

INFORMACIÓN/CONTACTO/COMPRA DEL CD:

sábado, 24 de diciembre de 2011

BLUT AUS NORD - 777 Sect(s) / 777 The Desanctification (2011)



Pocas bandas en el planeta me insuflan tanta tranquilidad por el porvenir como Blut Aus Nord. Independientemente de los desastres naturales, crisis económicas o programas del corazón que nos depare el futuro, se que a pesar de ello ahí estará la formación gala editando obras maestras en las que poder refugiarme de cualquier chaparrón. Y es que desde su debut Ultima Thulée (1995) hasta la fecha todo lo que Blut Aus Nord han vomitado al mundo ha llevado impreso un sello de calidad y vanguardismo sonoro simplemente inalcanzable para el resto de mortales. Siempre inquietos y alejados de cualquier postura acomodaticia, las huestes del misterioso Vindsval nos han llevado disco tras disco a través de una travesía exploratoria por parajes caleidoscópicos de ruidismo, oscuridad ambiental y furia blacker inéditos hasta su llegada. Por eso cuando se anunció que se traían entre manos sacar una trilogía conceptual completa en poco más de un año, algo demencial y abocado al fracaso para cualquier otra banda, un servidor tan sólo se frotó las manos con deleite esperando tres discos nuevos de Blut Aus Nord en tan poco tiempo. Lo único que me intrigaba era saber qué dirección iban a tomar esta vez: ¿Profundizarían la senda atmosférica del monumental Memoria Vetusta II: Dialogue With The Stars (2009), retornarían al retorcido sonido industrial de Mort (2006) o abrirían un camino completamente nuevo (otra vez)?




Escuchados ambos discos con deleite malsano durante los últimos meses (y a la espera del disco que cierre la trilogía en 2012, 777 Cosmosophy) puedo decir que de todo hay un poco, aunque es muy clara la inclinación a recuperar lo expuesto en Mort y Odinist (2007). Todos los fans de Godflesh pueden tener erecciones descontroladas, porque el retorcido y enfermizo industrial de las huestes de Justin Broadrick se encuentra aquí manifestado con hiriente gloria. Guitarras que chillan como cerdos en una matanza, ritmos mecánicos desmenuzando tu córtex cerebral y unas ambientaciones de oscuridad apocalíptica como no recordarás desde los gloriosos tiempos de los de Birmingham. Pero pobre infeliz el que piense que esto es poco más que un ejercicio de homenaje o plagio a Godflesh, porque eso significa que no conoce a Blut Aus Nord. Siempre dando un paso más los franceses no se han contentado con los medios tiempos pausados y aplastantes de Godflesh, sino que han imprimido a sus composiciones unos acelerones furibundos y cambios de ritmo capaces de cortar el aliento, sin olvidar unas guitarras cuyo despliegue es tan intrincado que servidor todavía se haya enredado en la pútrida maraña en la que devienen. Como si de unos hijos bastardos de Godflesh y Deathspell Omega se tratasen, los Blut Aus Nord del 2011 son una insaciable máquina de edificar desasosiego, inquietud y una incomodidad que por momentos puede ser asfixiante. Sin que esto les pareciera suficiente, toda una serie de melodías magníficamente creadas se cuelan por las escasas grietas de la enorme edificación catredalicia, que lejos de endulzar el resultado lo convierten en algo aún más monstruoso e irreal, violando impúdicamente toda la inocencia a la belleza. A pesar de lo cohesionado de la propuesta hay diferencias evidentes entre ambos discos, centrándose 777 Sect(s) en el maligno dinamismo salvaje mientras 777 The Desanctification se inclina más por unas densas y opresivas atmósferas. Caras diferentes de una misma moneda en todo caso, que se complementan a la perfección a la espera del disco que concluya esta inmensa historia de terror post-apocalíptico. Ponerme a detallar la saga 777 en base a temas o analizando el vasto entramado de guitarras y soberbios samplers no sólo supera mi capacidad intelectual (cada vez más mermada por el Maligno), sino que me parece un acto inútil frente a una propuesta, que como ésta, supera y va más allá del mero raciocinio.



Como 777 Cosmosophy esté a este nivel me parece que más de una banda puede ir quitándose el maquillaje de oso panda (o sus camisas de cuadros si son yankees) porque estaremos ante un hito insuperable dentro del black metal de vanguardia. Siempre un paso por delante, Blut Aus Nord han vuelto a demostrar que su creatividad (cualitativa y cuantitativa) juega en otra liga disputada tan sólo por ellos mismos.


NOTA: FUCKING CLASSIC (+10/10)




lunes, 22 de agosto de 2011

FLOURISHING - The Sum Of All Fossils (2011)



Qué grandes son Wetnurse. Y no lo digo sólo por su propuesta musical, una de las más excitantes que nos ha brindado el metal de los últimos años, sino porque de manera indirecta están generando todo un torrente de talento e ideas tanto en terceras bandas como en proyectos paralelos de sus miembros. Si hace nada alababa la labor de la sección rítmica de la banda neoyorquina en el nuevo y fantástico álbum de Today Is The Day, hoy toca hablar del proyecto paralelo del guitarra de Wetnurse, Garett Bussanick, toda una institución en la escena undergound de la ciudad que nunca duerme. Flourishing es un trío de grindcore experimental cuya carta de presentación, el EP A Momentary Sense Of The Inmediate World (2010), fue uno de los grandes acontecimientos del año pasado dentro de la escena extrema norteamericana merced a una propuesta que aunaba multitud de sonoridades e influencias con un resultado tremendamente personal y novedoso, que hizo depositar en ellos enormes expectativas. Pues bien, un año después Flourishing (cuya formación se completa con el bajista Eric Rizk y el batería Brian Corcoran) regresan por todo lo alto con su debut en formato larga duración, dispuestos a refrendar los argumentos de quienes ven en ellos el futuro del metal extremo.




Y es que vaya bestialidad de disco, señores. Si el EP del año pasado era un imparable juggernaut de death/grind que se cagaba en cualquier tipo de ortodoxia formal, The Sum Of All Fossils revienta cualquier tipo de etiquetado posible. Porque sin ningún pudor el trío hace suyas las enseñanzas de multitud de estilos, moldeando una criatura completamente nueva, y que olería a profética si no fuera por que hay que estar muy jodido de la cabeza y tocar como el mismísimo demonio para parir un artefacto como éste. Grindcore, death metal, noise, metal experimental o industrial son algunas de las fuentes de las que beben estos "angelitos", y cuyas referencias directas serían una suerte de mezcolanza entre Godflesh, los Napalm Death de los 90, Unsane, Ulcerate y los primeros Fear Factory. Ellos mismos citan también entre sus influencias a bandas tan diferentes entre sí como Immolation, Swans o Killing Joke. Y aunque parezca imposible, todo este sinsentido de nombres convive en el álbum bajo un equilibrio que desafía la cordura, una policromía alienígena capaz de abrasar retinas, o en este caso, oídos y cerebros. Bussanick se casca toda una exhibición de técnica sobrehumana, riffs de insano y cortante instinto homicida, y unos cambios de ritmo capaces de dejarte sin respiración. El bajo de Eric Ricz es de una contundencia y densidad tales que lo sentirás físicamente golpeándote la cara, ayudado por la precisión metronómica del batería Brian Corcoran, otra bestia parda metida a músico. Lo esquizoide de su sonido hace que nos encontremos ante un disco áspero, feo, desagradable, pero al mismo  tiempo una de las experiencias más intensas y enfermizamente disfrutables de los últimos años en el panorama metálico. Instalados en esa banda de terroristas de la transgresión sonora a la que pertenecen formaciones como Mithocondrion, Portal, Krallice o Ulcerate, Flourishing se distancian del sonido de éstos por una omnipresente base industrial muy reminiscente de los primeros Godflesh, así como por la utilización de toda una gama de melodías de las que carecen sus compañeros de faena. Éste último factor es quizá el más importante y sorprendente del repertorio de los neoyorquinos, dado lo poco frecuente de su uso en el género y los desastrosos resultados que generalmente ha dado cuando se ha intentado fusionar con el extremismo metálico. Huelga decir que me estoy refiriendo a melodías en lo instrumental, puesto que en el apartado vocal, el señor Bussanick se mueve entre la guturalidad y la rabia punk, sin dejar ningún resquicio a la belleza. Pues bien, estas melodías están perfectamente integradas en The Sum Of All Fossils, si bien su verdadera función es remarcar la contraposición con la brutalidad que predomina en el álbum, aumentando la sensación de maligna bestialidad de las explosiones de furia. En todo caso, obra el milagro de hacer que un disco como éste se sienta más cercano, aunque de ese modo la herida que abre en nuestra cabeza es aún mayor por pillarnos con la guardia baja. Resumiendo, nos encontramos ante otra obra magna de eso que ha venido a llamarse el metal de vanguardia, pero que por imaginación y méritos propios se ha instalado en un reino donde sólo actúan sus propias reglas. Puede que no lo vayas a escuchar todos los días, pero cada vez que lo hagas descubrirás nuevos detalles antes esquivos, así como la sensación de acabar de recibir una paliza por un enemigo demasiado rápido como para haber reconocido su cara. Sorpresón, y la banda sonora perfecta con la que amenizar la espera para lo nuevo de Wetnurse, confirmado para finales de este mismo año. Joder, si!!


El futuro no existe, porque vive en el presente, y responde al nombre de Flourishing. Puede que sea feo, brutal y carente de cualquier rastro de cordura, pero es el que nos hemos ganado. Y que me folle una horda de comadrejas empapadas en cocaína si no lo he disfrutado como un enano. Muy, pero que muy serio aspirante a discazo del año.

NOTA: CLASSIC (10/10)


viernes, 14 de mayo de 2010

THE SEQUENCE OF PRIME - Virion (2010)



Por mi parte, ya tenemos candidato a revelación del 2010. Por mucho que berreen, pataleen y se enfurezcan las discográficas, por muchos blogs que cierre Blogger o por muchas denuncias que interponga la SGAE, es indudable el enorme beneficio que la red le está haciendo a la música entendida como arte. No es así si uno la entiende como negocio, está claro. Pero es que si uno la ve de esa manera, como vehículo de lucro personal a costa del talento ajeno (o incluso propio), la verdad que no me puede importar menos su destino. O tal vez si, porque ver a mega-multinacionales y estrellitas del rock nadando en la mierda me haría una persona un poco más feliz. Para muchas bandas Internet ha supuesto el mayor escaparate donde poder mostrar al mundo entero sus diferentes propuestas, y no es raro oir que bandas petan salas allá por donde van sin haber editado un sólo disco, tan sólo a base de colgar sus temas via MySpace u otras plataformas. Y es que en el fondo es sobre las tablas donde un grupo muestra su valía, y no tanto en CD's recargados de caras producciones y sonido estéril. En este nuevo panorama es en el que se mueve como pez en el agua The Sequence Of Prime, el proyecto del artista multidisciplinar Brandon Duncan. Muy conocida es su labor como diseñador gráfico especializado principalmente en páginas web, trabajando para multitud de ellas como Last.Fm, StereoKiller, The Teeth Of The Divine o Bandcamp. En su faceta como músico estamos ante un acérrimo defensor del Do It Yourself, y Virion puede descargarse gratuitamente desde su página web. También hay una fabulosa edición física del álbum, con multiutud de añadidos y una fantástica labor artística, por el módico precio de 15$. Se nota que este tío disfruta controlando todos los aspectos referentes a su trabajo como artista, y es algo evidente si uno observa el mimo y la calidad con la que el álbum está producido, la bella edición física del mismo, etc.
Centrándonos en lo musical, sorprende mucho la propuesta de este oriundo de Kansas, pues tras esas pintas de empollon friki - modernete, Brandon Duncan despliega en Virion todo un ejercicio de metal industrial fusionado con thrash de la vieja escuela. La influencia más evidente en su música es la de los geniales Ministry, pero también encontraremos ecos de los primerizos Nine Inch Nails e incluso de Agoraphobic Nosebleed en los pasajes más acelerados y caóticos. Los diez temas que componen el álbum hablan de los imparables efectos de un hipotético virus que asola no solo el planeta Tierra, sino que amenaza con hacer lo mismo con el Universo entero. Para ello Duncan se vale de una atmósfera sofocante, caótica, que una vez te atrape te mantendrá con la cabeza dando vueltas los 30 minutos escasos que dura el álbum. El norteamericano maneja con una maestría digna de elogio cada aspecto musical de Virion, y desde la producción a las voces pasando por las guitarras y las sonoridades electrónicas, todo lleva su sello personal. En el aspecto vocal se destapa como un intérprete jodidamente esquizoide, basando su registro en una distorsionada y desgarrada voz. Respecto a los temas, destacan sobre todo por su conjunción como álbum, conformando todo un martillo pilón indivisible. Sin embargo, uno no puede sino quitarse el sombrero ante los furiosos riffs de Cenozoic Anoxia, la estupenda programación percusiva de Icosahedron o las reminiscencias a Aphex Twin en Come To Daddy. Estamos ante un álbum que no agradará a todo el mundo, puesto que los géneros que abraza tampoco lo hacen, pero para todos aquellos que gozamos con la mala baba y la anarquía sonora de las referencias anteriormente citadas, Virion es un álbum perfecto, y la primera piedra de toque de un músico que estoy convencido dará mucho que hablar en un futuro no muy lejano.

Lo dicho, serio aspirante a revelación del año, y la constatación de que en la actualidad todo lo que necesita un músico en su maleta son dos cosas simples pero cada vez más escasas, y que no son otras que talento y actitud. Todo lo demás queda para las portadas de la NME y la Rolling Stone. Añadir que incluso la descarga gratuita del álbum ha sido trabajada con esmero, y aparte del álbum, el archivo incluye imágenes, links a webs de interés, las letras de las canciones, etc. Pero como os comentaba, merece realmente la pena la adquisición del álbum, porque es una auténtica joya.

lunes, 18 de enero de 2010

FEAR FACTORY - Mechanize (2010)

  1. Mechanize
  2. Industrial Discipline
  3. Fear Campaign
  4. Powershifter
  5. Christploitation
  6. Oxidizer
  7. Controlled Demolition
  8. Designing The Enemy
  9. Metallic Division
  10. Final Exit
Así sí, cabrones. Más de diez años han pasado ya desde que estos tíos se comieran el mundo. Diez años en el que los que apreciábamos su música observamos con estupefacción e incluso vergüenza ajena como la bandera antaño gloriosa de Fear Factory era arrastrada por el fango. Una década de discos mediocres y desavenencias aireadas a los cuatro vientos, de proyectos paralelos que no aportaban nada relevante al panorama musical. Era triste, sobre todo porque no hablábamos de cualquier banda. Que eran Fear Factory, por Dios, los reyes del metal de los 90. Una banda que, junto a Sepultura y Pantera, llevaron sus propuestas hasta lo más alto de las listas de ventas. Tres bandas que, fieles a sus postulados y sin hacer ninguna concesión, se irguieron orgullosos entre las hordas grunges y el nu-metal más lamentable, reivindicando a grito pelado la vigencia del metal. Además, de esas tres bandas, Fear Factory tenía un mérito añadido, que no era otro que la originalidad de su propuesta. Vale que bandas como Ministry llevaran años escupiendo su metal industrial, pero el sonido del cuarteto californiano era especial. Mucho más duro, agresivo, con una guitarra y una sección rítmicas que los hacían reconocibles desde el primer segundo. Y qué decir de sus álbumes. Demanufacture es toda una obra maestra, y fue toda una bocanada de aire fresco a mediados de la década. Con su segundo lanzamiento, el acojonante Obsolete, tocaron el cielo, y tanto crítica como público se rindió a sus pies. Pues bien, este Mechanize es lo más cercano en grandeza a ambos discos que han grabado nunca, e incluso puede mirarlos a los ojos en muchos momentos. Para ello FF cuenta con el regreso de su motor creativo, que siempre fueron Dino Cazares y el frontman Burton C.Bell. Si además cuentan con la participación de la sección rítmica de Strapping Young Lad, apaga y vámonos. Y es que uno de los integrantes de la pareja no es otro que el batería Gene Hoglan. Para quien acabe aterrizar en el planeta Tierra, además de darle la bienvenida a nuestro mundo, le comentaré que este hombre es una pieza clave para comprender el metal extremo de los 90. Reputado músico de sesión, ha militado en bandas tan insignes como Dark Angel, Testament, Death, Old Man's Child, amén de los ya mencionados SYL, dejando su bestial impronta en todas ellas.

Y ciñéndonos al disco...es un tiro, una puta maravilla. Todo suena cómo debería, como si Mechanize hubiera sido compuesto poco después de Obsolete. Dino Cazares recupera el pulso en este álbum, y su guitarra suena más dura y seca que nunca. Por su parte, Burton C. Bell deja a un lado sus dudas acerca de su forma de cantar, y vuelve a desgañitarse como antaño, contando las miserias de la humanidad en ese futuro cercano que pertenece a las máquinas. Además, no abandona esos momentos melódicos que de tan increíble épica dotaba a los temas de la banda. Con dudas o sin ellas, Burton C. Bell demuestra que sigue siendo uno de los frontman más grandes del metal. No hace falta que Mechanize, el tema inicial, sobrepase los 20 primeros segundos, uno ya está sonriendo como un enano. El sonido es el que debería. No hay nada nuevo, pero importa una mierda, éstos son FF, y pueden hacer con su criatura lo que quieran, incluso parir un gemelo. Industrial Discipline es otra cuchillada a la yugular, aderezada además con la épica melódica de Burton C. Bell. Simplemente acojonante. La batería de Hoglan se sale, señores, y con todos mis respetos, deja a la altura del betún a Raymond Herrera. Y que conste que Herrera me parece un gran batería. Los galones de Hoglan se hacen notar, y a la brutalidad de metrónomo enloquecido que es marca de la casa añade una versatilidad nunca antes vista en el grupo. Podemos seguir con los temazos, y hablaríamos de Powershifter (sin palabras, clásico instantáneo de la banda), o de la genial Controlled Demolition, o que la calmada Final Exit es la nueva Descent o Resurrection. Sería injusto no nombrar el regreso del quinto miembro no oficial de la banda, Rhys Fulber, que con sus teclados y samples le da ese toque futurista y evocador que tan especial ha hecho el sonido de FF. Podría seguir, pero no lo voy a hacer. Tan sólo hacerme a un lado y dejar que los oyentes y el tiempo juzguen esta obra, que en mi opinión compartirá trono sin probelmas con sus dos obras maestras.

Simplemente acojonantes. Así sí, señores.

Nota: 9,25/10