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lunes, 24 de enero de 2011

ULCERATE - The Destroyers Of All (2011)



Por fin. Ya está aquí uno de los lanzamientos más esperados por servidor desde que se anunció que Ulcerate iban a sacar nuevo disco en 2011. No es para menos teniendo en cuenta que su anterior referencia, Everything Is Fire, echó abajo mi lista de lo Mejor del Año en 2009. Áquel era un trabajo soberbio, referencial (a pesar de su cortísima vida), que recogía el testigo de intocables como Gorguts o Necrophagist añadiéndoles el rodillo sónico devastador de Immolation, para dar como resultado una criatura diferente, nueva, y en muchos aspectos, superior. Además de eso, el trio neozelandés imprimía a su death metal ultratécnico unas oscuras atmósferas que emanaban de unas estructuras compositivas muy complejas,  y que hablaban ya de una formación con unas inquietudes que trascendían la ortodoxia del death metal. Con todo ese poso detrás, y unas sensaciones que pivotaban entre la emoción y el miedo, me dispuse la semana pasada a enfrentarme a la escucha de su tercer álbum de estudio, el que hoy traigo a Ecos de R'Lyeh, gracias a que la gente de MetalSucks.com lo colgó en streaming para que el público lo pudiera escuchar.


Y he de decir que me vuelvo a postrar ante estos cabrones. Porque han vuelto a parir un álbum de un nivel insuperable para el resto de bandas, demostrando que la vida extraterrestre existe, está cabreada y es mucho más inteligente que la raza humana. No me atrevo a afirmar si The Destroyers Of All supera a su antecesor, aún es pronto para eso, pero lo que sí puedo decir es que abre vías de desarrollo más amplias que áquel, e introduce toda una serie de elementos que guían a ese Juggernaut que responde al nombre de Ulcerate por unos senderos nuevos y tremendamente interesantes. No son esos elementos novedosos respecto a lo presentado en sus títulos anteriores, pero su jerarquía dentro de la música del trío ha cambiado, alterando la balanza de poder que operaba internamente en el sonido de los neozelandeses. En The Destroyers Of All la furia y el despliegue pirotécnico de una técnica sin limitaciones han dejado paso a una propuesta que quiere hacer más hincapié en la densidad y las atmósferas, así como profundizar en esas complejas estructuras que ya despuntaban en Everything Is Fire, y que aquí por momentos se acercan al post-metal, si éste género hubiera sido transitado por Immolation, todo hay que decirlo. Las comparaciones más claras vienen con los también colosos Portal, otro grupo referencial dentro del death moderno, pero donde éstos hacen hincapié en en la abrasividad y el ocultismo bizarro más malsano que quema todo a su paso, Ulcerate se transfiguran en una enorme bestia sin rostro ni formas definidas, imparable, que hace temblar el mismo corazón del planeta con su plúmbeo caminar. Que no se asuste nadie, porque la técnica ultraterrena sigue ahí, junto a sus riffs imposibles y un Saint Merat aporreando la batería como nadie puede hacerlo, amén de una furia arrebatadora, sólo que ese núcleo incandescente se ha rodeado de un envoltorio de gruesa ceniza negra, compactando el conjunto para formar un planeta tenebroso, lovecraftiano, gracias a unas atmósferas que como mínimo pueden ser tildadas de apocalípticas. The Destroyers Of All confirma la madurez de una banda que en mi opinión había dado ya carpetazo a todo un género en 2009, y que ahora se emancipa de sí misma y comienza su nuevo periplo vital con una decisión y claridad de ideas acojonantes. A pesar de eso, y como ya comentaba antes, han despejado varios caminos a machetazos, muchos de los cuales están todavía por explorar en profundidad, pero que viendo la soltura del trío en todos los terrenos que mancillan, no dudo que reclamaran como suyos en un futuro cercano. Hablo de los dos temazos que cierran el álbum, Omens y The Destroyers Of All, los más complejos compositivamente hablando de todo el álbum y que indican por dónde pueden ir los tiros en el futuro, por si no había quedado claro. Pero sobre todo, y lo más importante, The Destroyers Of All nos habla de una banda que ha creado su propio sonido, su marca de fábrica grabada a fuego, intransferible. Un logro del que pueden alardear pocas, muy pocas bandas dentro del death metal.


 The Destroyers Of All confirma el origen extraterrestre de Ulcerate. Un grupo al que no se le puede examinar junto al resto, porque los demás van a otra clase, en el piso inferior. Junto a Portal, el presente y futuro del death metal. 

Nota: 9,75 / 10 (por decidir esas últimas décimas)


lunes, 28 de diciembre de 2009

ULCERATE - Everything Is Fire (2009)


Tracklist:
  1. Drown Within
  2. We Are Nil
  3. Withered And Obsolete
  4. Caecus
  5. Tyranny
  6. The Earth At Its Knees
  7. Soullessness Embraced
  8. Everything Is Fire
Uno se sienta frente a la pantalla de ordenador, con expresión seria y la mayor de las concentraciones, dispuesto a realizar su lista de lo mejor de 2009. Se estruja la cabeza, intentando dilucidar quién aparecerá, en qué posición, por qué debería hacerlo, etc. Tras varias horas de dilucidar, colgar comentarios y enlaces, sonríe satisfecho por un trabajo bien hecho. Sí señor, ha quedado una lista acojonante, me digo con una mueca mezcla de cansancio y delirio. Me acuesto. Al levantarme, un mail de un colega recomendándome un disco de este año. Me dispongo a escucharlo tranquilo, confiado, pues nada puede trastocar una lista que contiene más arte que el Louvre y la Biblioteca de Alejandría juntos. Ulcerate, se llaman, y hacen Technical-Death Metal. Bah, ni de coña, no hay de que preocuparse, suficiente si me gusta. Me tumbo en la cama, me pongo los cascos y cojo papel y lápiz para garabatear (mi liturgia a la hora de escuchar un disco). Le doy al play...mi mundo explota. Me ahorro las descripciones acerca de la incredulidad, asombro, babeo, extásis y cabreo que siguieron. Tan sólo decir una cosa: este álbum puede ser perfectamente el mejor disco del año sin despeinarse, y entre los diez mejores que he escuchado en toda la década. Porque o mucho me equivoco, o estamos ante uno de esos raros lanzamientos que van a pasar a la historia.

Y es que este segundo trabajo de los neozelandeses Ulcerate es de otro planeta. Suena como nada que uno haya poido oir, y con todas las piezas en su sitio: rabia y mala hostia a raudales, técnica abrasadora, una batería que no se puede describir con palabras, y unas composiciones que trascienden el género porque se le queda pequeño. Es difícil de explicar, porque Ulcerate te embiste como un mamut, como sólo una banda de death-metal puede hacer, pero a la vez te enganchan y no te sueltan, y uno descubre infinidad de matices que no deberían estar ahí pero encajan a la perfección. Imaginaros un cruce entre Deathspell Omega, Gorguts y la brutalidad de Immolation, y os podréis hacer una idea. O no, porque esas referencias están muy de fondo, ya que lo que Ulcerate presentan en estos ocho temas dudo que nadie más que ellos lo puedan repetir. Es complicado definir con palabras este monstruo, pero si una puede encajar esa es dinamismo. Si, aqui no hay patrones predefinidos, ni estructuras a seguir, tan sólo un rabioso fluir de ideas a todo trapo, soltadas como una ametralladora. Eso sí, todo con una coherencia monolítica. ¿La banda sonora del Apocalipsis? Muchas veces lo he oido, pero con estos tíos me lo creo. Blastbeats salvajes e incesantes, acordes atonales, cambios de ritmo, riffs de una discordancia repleta de ira...y los momentos más calmados (Withered and Obsolete, The Earth At Its Knees), de corte jazzístico, no hacen más que apoyar esta idea, pues más que respiros, están pensados para romperte el ritmo y dejarte sin aliento en los arranques de furia. Paso de resaltar temas o intentar analizar en exceso el álbum, adoro lo poco de cordura que me queda. Además, es un trabajo que con cada escucha desvela nuevos colores y matices, y que deja con ganas de más, eso os lo aseguro. ¿Al nivel de Effigy The Forgotten o Altar Of Madness? En mi humilde opinión por calidad les puede mirar a los ojos, y creo sinceramente que habrá un antes y un después a este disco.

Lo siento por Vreid, Mastodon y Converge, y más por mí que me había quedado una lista de lo más bonita. Y lo siento porque este Everything Is Fire es probablemente el mejor disco del año.

Nota: 10/10

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Jamie Saint Merat grabando el tema Everything Is Fire. Sin palabras: