Ecos de una ciudad sumergida.

Translator / traducteur / übersetzer / traduttore...

jueves, 20 de mayo de 2010

MY SLEEPING KARMA - Tri (2010)


Si un estilo musical puede decirse que esté en boga desde finales de la década pasada, ese es sin duda, junto al metal-sludge-progresivo made in Mastodon, el post-rock. La explosión de grandes bandas como Russian Circles o Red Sparowes ha puesto en el mapa un género que hasta hace poco se encontraba ignorado y denostado a partes iguales. Grupos como los citados, a base de grandes discos, han conseguido demostrar que a través de los pasajes, las texturas e incluso la intensidad se puede transmitir lo mismo o incluso más que a través de los esquemas rockeros clásicos con cantante al frente. Sin embargo, como en todo, pero especialmente en los estilos de corte más introspectivo, se corre el peligro de caer en un pecado imperdonable en esto de la música y conocido como aburrimiento. Muchas bandas se han sumado a la fiesta atraídas por el canto de sirena de la fama pasajera, y la gran mayoría de ellas con propuestas de ambientalismo superfluo y que como mucho son capaces de inducir al oyente a estados de tedio y sopor insoportables. No me gusta señalar con el dedo, no es mi estilo, pero seguro que muchos de vosotros ya tendréis algún nombre en la cabeza. A pesar de todo, siempre hay lugar para la esperanza, y ahí están My Sleeping Karma para demostrarlo. Tri es el tercer disco de estudio de este cuarteto alemán, y os aseguro que es de lo mejorcito que uno puede escuchar hoy día si es amante de la psicodelia y el post-rock.
Todo el álbum se encuentra imbuido de una luminosidad cegadora y una gran profundidad filosófica, a pesar de tratarse de un disco completamente instrumental. Partiendo de planteamientos teológico-filosóficos unidos al budismo y el hinduismo, My Sleeping Karma han facturado un trabajo enorme, cuyo adjetivo más fidedigno sólo puede ser uno: bello. Sin tratarse ni de lejos de un álbum de meditación para cuarentonas de clase media, si es cierto que consiguen transportar al que escucha Tri a un estado de profunda relajación y buen rollo, e incluso te sacarán una plácida sonrisa. Es difícil de explicar, pero todo está milimetricamente clavado en la música de estos tíos, y aunque estoy seguro que gran parte de la misma ha nacido fruto de la improvisación más libre, de algún modo estos alemanes se las han apañado para rozar la perfección más absoluta. Eso sí, que nadie se asuste, porque a pesar de todo lo expuesto, el eje central sobre el que se erige el sonido de My Sleeping Karma son las seis cuerdas. Una guitarra que es capaz de crear texturas infinitas, melodías luminosas y radiantes, y que es seducida por unos teclados preciosos y una sección rítmica, en especial el bajo, de un talento exhuberante. De tan espiritual unión nace un sonido único en la escena, y que sin revolucionar nada si que consigue desmarcarse con asombrosa facilidad de todos sus coetáneos. No todo va a ser música que se mueve en espirales en un crescendo previsible, y durante gran parte del metraje del álbum, My Sleeping Karma se salen de esa ley no escrita dentro del post-rock para cubrirse con el multicolor manto de la psicodelia, del space-rock, y transportarte directamente a mundos extraños pero sin duda mucho más bellos que el nuestro. Si te molan Astra, prueba con ellos. Si te flipan Russian Circles, prueba con ellos. Si concibes la música como mucho más que sonido, si crees que un álbum debe vivirse además de escucharse, prueba con ellos. No te defraudarán.

Enorme. En estos momentos ando con toda su discografía y es alucinante. Una de las sorpresas más gratas que he tenido en muchísimo tiempo. Grupazo y discazo.

Nota: 9/10


viernes, 14 de mayo de 2010

THE SEQUENCE OF PRIME - Virion (2010)



Por mi parte, ya tenemos candidato a revelación del 2010. Por mucho que berreen, pataleen y se enfurezcan las discográficas, por muchos blogs que cierre Blogger o por muchas denuncias que interponga la SGAE, es indudable el enorme beneficio que la red le está haciendo a la música entendida como arte. No es así si uno la entiende como negocio, está claro. Pero es que si uno la ve de esa manera, como vehículo de lucro personal a costa del talento ajeno (o incluso propio), la verdad que no me puede importar menos su destino. O tal vez si, porque ver a mega-multinacionales y estrellitas del rock nadando en la mierda me haría una persona un poco más feliz. Para muchas bandas Internet ha supuesto el mayor escaparate donde poder mostrar al mundo entero sus diferentes propuestas, y no es raro oir que bandas petan salas allá por donde van sin haber editado un sólo disco, tan sólo a base de colgar sus temas via MySpace u otras plataformas. Y es que en el fondo es sobre las tablas donde un grupo muestra su valía, y no tanto en CD's recargados de caras producciones y sonido estéril. En este nuevo panorama es en el que se mueve como pez en el agua The Sequence Of Prime, el proyecto del artista multidisciplinar Brandon Duncan. Muy conocida es su labor como diseñador gráfico especializado principalmente en páginas web, trabajando para multitud de ellas como Last.Fm, StereoKiller, The Teeth Of The Divine o Bandcamp. En su faceta como músico estamos ante un acérrimo defensor del Do It Yourself, y Virion puede descargarse gratuitamente desde su página web. También hay una fabulosa edición física del álbum, con multiutud de añadidos y una fantástica labor artística, por el módico precio de 15$. Se nota que este tío disfruta controlando todos los aspectos referentes a su trabajo como artista, y es algo evidente si uno observa el mimo y la calidad con la que el álbum está producido, la bella edición física del mismo, etc.
Centrándonos en lo musical, sorprende mucho la propuesta de este oriundo de Kansas, pues tras esas pintas de empollon friki - modernete, Brandon Duncan despliega en Virion todo un ejercicio de metal industrial fusionado con thrash de la vieja escuela. La influencia más evidente en su música es la de los geniales Ministry, pero también encontraremos ecos de los primerizos Nine Inch Nails e incluso de Agoraphobic Nosebleed en los pasajes más acelerados y caóticos. Los diez temas que componen el álbum hablan de los imparables efectos de un hipotético virus que asola no solo el planeta Tierra, sino que amenaza con hacer lo mismo con el Universo entero. Para ello Duncan se vale de una atmósfera sofocante, caótica, que una vez te atrape te mantendrá con la cabeza dando vueltas los 30 minutos escasos que dura el álbum. El norteamericano maneja con una maestría digna de elogio cada aspecto musical de Virion, y desde la producción a las voces pasando por las guitarras y las sonoridades electrónicas, todo lleva su sello personal. En el aspecto vocal se destapa como un intérprete jodidamente esquizoide, basando su registro en una distorsionada y desgarrada voz. Respecto a los temas, destacan sobre todo por su conjunción como álbum, conformando todo un martillo pilón indivisible. Sin embargo, uno no puede sino quitarse el sombrero ante los furiosos riffs de Cenozoic Anoxia, la estupenda programación percusiva de Icosahedron o las reminiscencias a Aphex Twin en Come To Daddy. Estamos ante un álbum que no agradará a todo el mundo, puesto que los géneros que abraza tampoco lo hacen, pero para todos aquellos que gozamos con la mala baba y la anarquía sonora de las referencias anteriormente citadas, Virion es un álbum perfecto, y la primera piedra de toque de un músico que estoy convencido dará mucho que hablar en un futuro no muy lejano.

Lo dicho, serio aspirante a revelación del año, y la constatación de que en la actualidad todo lo que necesita un músico en su maleta son dos cosas simples pero cada vez más escasas, y que no son otras que talento y actitud. Todo lo demás queda para las portadas de la NME y la Rolling Stone. Añadir que incluso la descarga gratuita del álbum ha sido trabajada con esmero, y aparte del álbum, el archivo incluye imágenes, links a webs de interés, las letras de las canciones, etc. Pero como os comentaba, merece realmente la pena la adquisición del álbum, porque es una auténtica joya.

jueves, 6 de mayo de 2010

UFOMAMMUT - Eve (2010)


Buf, me cuesta escribir debido al nerviosismo. Mil vueltas le he dado a la cabeza acerca de cómo escribir en relación a este disco. Los que leéis el blog con cierta asiduidad recordaréis mi comentario a finales de Marzo cuando subí el anterior disco de Ufomammut, Idolum. Un rotundo 10 le puse, además de mi firme convencimiento, que se mantiene, de que es de lejos uno de los mejores álbumes de la década pasada. La maestría con la que dominaban diferentes elementos como el drone, el post-metal, el doom, el sludge e incluso el stoner y los llevaban a su propio terreno los encumbró como una de las bandas más gigantescas de la escena. Pues bien, con las secuelas aún en mi cuerpo por aquella maravilla, me veo enfrentado a Eve, lo nuevo de este genial trío italiano.


Desde ya aviso que no me extenderé mucho, porque no es Ufomammut de esos grupos a los que las palabras hagan justicia. El cerrar los ojos inmediatamente, que la respiración se agite al ritmo del fluir de la música, la sensación de ingravidez al adentrarse en sus espirales sonoras, el vacío en el pecho cuando la travesía se detiene... Son experiencias las que esta banda nos brinda, y como tales hay que afrontarlas, en vez de perder el tiempo debatiendo inútilmente sobre tal o cual matiz. Eve es un disco conceptual que gira en torno a la famosa primera mujer bíblica y la "rebelión contra su creador por haber brindado el conocimiento a la humanidad". Nos encontramos frente a una única canción dividida en cinco actos, con una duración de 45 minutos. Aunque esos cinco actos aparezcan como diferentes temas, enseguida os daréis cuenta de que es el mismo corte que encierra un sólo riff que guía todo el álbum, y la espiral en la que se desenvuelve la música encerrada en Eve atraviesa cada acto en lo que es una jodida catársis en toda regla. Los cambios son más que evidentes, y los italianos han aparcado su lado más abrasivo para abrazar la vertiente atmosférica y llena de sintetizadores al más puro estilo del drone que ya estaba patente en Idolum. Sin embargo no asustarse, porque los amantes de la intensidad tienen su ración asegurada en los actos III y IV, donde Neurosis se dan la mano con los Electric Wizard más rabiosos. Son los dos cortes donde más presentes se encuentran unas voces que por lo demás brillan por su ausencia o se limitan a susurrar de fondo como un elemento atmosférico más. En comparación con Idolum, nos enfrentamos ante un disco tremendamente minimalista, pero que encierra una complejidad compositiva abrumadora. Me explico. Si bien es cierto que durante todo el álbum el trío le da vueltas y vueltas al mismo concepto, a la que uno se sumerge en unas cuantas escuchas, no para de descubrir pequeños matices, sonoridades que antes parecía no se encontraban ahí, y una sensación de que en conjunto nos encontramos ante una obra monumental. Como si de un mantra divino se tratase, Ufomammut nos invitan (más bien obligan, porque es muy difícil resistirse) a adentrarnos en un auténtico trance de goce sensorial, donde creeremos poder tocar cada riff de guitarra gracias a un nivel de masividad que haría la envidia de cualquier gigantesca veta de granito encerrada en las entrañas del planeta. Y si las seis cuerdas no bastan, ahí llega al rescate un bajo tan sobredimensionado a veces que parece querer reventarnos el cerebro como una sandía. La labor de los sintetizadores alcanza en Eve todo su protagonismo, haciendo que todo el álbum, pero especialmente el corte V, se convierta en una mezcla de viaje psicodélico con invasión marciana de los años 50. I y II elevarán tu alma y la llevarán a otra galaxia, III y IV la zarandearán y despedazarán como si se encontrara entre las fauces de un dios primigenio, y V la arrojará con desprecio de vuelta a la realidad, pero con la sensación de haber cambiado para siempre. En definitiva, con Eve Ufomammut han dado una nueva vuelta de tuerca a su sonido, llevando su propuesta a un nuevo nivel. Sólo el tiempo dirá dónde se encuentra éste, y más respecto a su ultraterreno lanzamiento anterior. Ni siquiera yo me atrevo a aventurarme. Aunque la verdad es que en el fondo me importa una mierda. Sólo se que Eve me parece una obra maestra, y que lo estoy disfrutando tanto como lo hago con Idolum. No necesito saber más.

Hasta disco del año se le puede quedar corto.

Nota: Aún no estoy seguro. Algún lugar entre el 9,5 y el 20.


lunes, 3 de mayo de 2010

RAMESSES - Take The Curse (2010) / Discografía escogida

Con esta entrada sigo tachando mi lista de deberes con respecto a los grupos fundamentales en mi discografía. Y que mejor oportunidad que aprovechar el reciente lanzamiento de lo nuevo de esta banda británica. Pongámonos en contexto: año 2003. Inglaterra. En una rueda de prensa multitudinaria Tim Bagshaw y Mark Greening, la sección rítmica de Electric Wizard, confirman el secreto a voces y anuncian oficialmente su salida de la formación así como la intención de crear la suya propia bajo el nombre de Ramesses. La magnitud de la cobertura mediática habla de la importancia del legado que ambos dejaban atrás con el Mago Eléctrico, probablemente la última gran banda de metal de las islas, y que tanto con Come My Fanatics... y Dopethrone reinventaron el doom metal acercándolo al sludge y a los sonidos más sucios y enfermizos. La expectación y las dudas se repartían el espacio a partes iguales entre el gran público, que no dudaba de la calidad de la pareja de músicos pero se preguntaba si alejados del talento de Jus Oborn serían capaces de alumbrar obras de la magnitud de las que dejaban atrás. Tras una demo y un split junto a Negative Reaction, llega su verdadera prueba de fuego. En 2005 aparece el EP We Will Lead You To Glorious Times, y aprueban de sobra, vaya si lo hacen. La gente se encuentra con un auténtico pepinazo donde el doom es retorcido y se pudre entre espumarajos provenientes del sludge, del black y del punk más sucio. La masividad de los riffs está al nivel de lo que habían grabado con Electric Wizard, y por momentos la supera. La adhesión al grupo del bajista (Tim Bagshaw pasa a ocuparse de las seis cuerdas) y vocalista Adam Richardson proveniente de Lords Of Putrefaction y Hexed añade muchos enteros a esa visión enfermiza merced a unos gruñidos infrahumanos. Puesta la primera piedra de su proyecto, en 2007 aparece el primer álbum de la banda, Misanthropic Alchemy. Los elogios no tardan en llegar, y entra de lleno en la mayoría de listas de lo mejor del año en multitud de medios especializados. Endureciendo aún más su sonido, pero sin renunciar al groove e incluso a ciertos pasajes atmosféricos, consiguen parir una obra extraordinaria y que rebosa personalidad. Ayudados por la producción del dios caminando entre mortales Billy Anderson, la banda consiguen con creces su objetivo. Ramesses está en el mapa, y se destaca entre el resto de formaciones a golpe de riffs enfermizos al alcance de muy pocos. Ya no son las 2/3 partes de Electric Wizard. Un nuevo monstruo había nacido.

Pues con Take The Curse, aunque parezca imposible, Ramesses han dado una nueva vuelta de tuerca a su sonido, ahondando todavía más en esa psicodelia brutal y oscura que es ya marca de la casa. Parecía complicado superar Misanthropic Alchemy, pero parece que el talento de este trío no conoce límites. Acojonante es descubrir que una banda tan bestia como ésta sea capaz de al mismo tiempo de desplegar una infinita variedad de recursos sin que resulten tapados por la muralla de sonido de la que parten de inicio. Psicodelia, proto-metal, stoner, black metal, sludge, progresivo, todo cabe en Take The Curse, pero conjuntado con una brillantez superlativa, que hace que todo el álbum goce de una coherencia sin fisuras. La labor en las baquetas de Mark Greening es titánica, de otro planeta, que no por nada le ha llevado a ser comparado con el difunto genio John Bonham, pero en el caso de que éste hubiera sido poseido por media docena de demonios espacio-temporales hinchados a hormonas. Por otro lado, la guitarra de Mark Greening sorprende por la inexplicable capacidad de explorar multitud de registros y sonoridades pero sin salirse en ningún momento del primarismo bruto y salvaje del doom. Con la masividad como religión, consigue al mismo tiempo que nos lleguen desde ecos de Kyuss a momentos en los que nos parecerá estar escuchando a Bathory o Darkthrone. Y por último destacar la genial voz de Adam Richardson, probablemente el elemento que más ha evolucionado desde Misanthropic Alchemy. La variedad de registros que su voz alcanza en Take The Curse es para quitarse el sombrero, y dota al conjunto de una flexibilidad que enriquece enormemente la escucha del álbum e impide que suene monótono o agotador. Es capaz de rugirte como un ogro encabronado, pero también de utilizar su voz rasposa y enfermiza o de acercarse cuando es necesario a registros melódicos (según los cánones melódicos de Ramesses, claro) en el caso de los temas más psicodelicos (Take The Curse). Destacar un tema es complicado, porque el álbum es un auténtico panzer en movimiento sin ningún tipo de grieta. Ahí está la inicial Iron Crow con un riff made in Black Sabbath pero cargado con una mala hostia acojonante, y un ritmo galopante para dejarte el cuello durante los siete minutos que dura su ataque sonoro. Terrasaw te dejará sin aliento a base de cambios de ritmo y con un ejercicio de destreza en la batería que debería hacer que Mark Greening fuera objeto de estudio en todos los conservatorios y escuelas de música del planeta. Black Hass Mass sorprenderá por su velocidad, muy cercana a los esquemas de black primario de Darkthrone. En Vinho Dos Mortos nos vendrá a la cabeza la oscuridad del Seasons In The Abyss de Slayer, pero añadiéndole taza y media más de purulencia y mala baba. Y podría seguir con el resto de temas, porque os aseguro que no hay ni un solo momento en el que baje el nivel, ni lugar para el descanso. Tan sólo 53 minutos del mejor doom que se puede escuchar hoy día.

Discazo. Puede que muchos sueñen con una vuelta de la formación original de Electric Wizard, pero otros preferimos despertar para darnos cuenta que estamos en una pesadilla viviente, cuyo nombre es Ramesses. A este paso el Top del 2010 va a estar petado... Bendito problema!

jueves, 22 de abril de 2010

DROIDS ATTACK - Must Destroy (2010)

Tiempo llevaba degustando este discazo, pero por mil razones no había tenido la ocasión de subirlo y comentarlo en el blog. Desde luego no era por falta de ganas, porque la verdad que me parece un grandísimo álbum, con unos riffs capaz de derrumbar las paredes de tu casa mientras te hacen mover las greñas como un poseso. Droids Attack es un trío de Madison y este Must Destroy es ya su tercer larga duración, que se suma a dos demos y un split junto a Imperial Battlesnake. Son los norteamericanos un grupo muy especial, que desde el primer momento se ganaron mi cariño en base a una propuesta y actitud muy peculiares, en la que el stoner, el punk y unas altas dosis de sentido del humor se fusionan de tal manera que hacen de Droids Attack un grupo con personalidad propia. Uno de los elementos que más les caracteriza es Robo, su mascota-robot que aparece en todos sus álbumes y que incluso hace apariciones en directo para causar el terror y el descojone entre el personal. Sin embargo, no por ello hay que minusvalorar su música, porque la banda es capaz de denucarte a base de riffs tremendos y una actitud a prueba de bombas. Su primer álbum, All Your Chicks Are Belong To Us (2004, Crustacean Records) fue elegido mejor disco de punk del año por la Madison Area Music Award. Su continuación, Fatal/Error (2006, Crustacean Records) recogió numerosos halagos por parte de la crítica rockera internacional (Stonerrock.com, Hellridemusic.com, Mindovermetal.com...). Así que los cuatro años de espera que hemos tenido que aguantar para que viera la luz Must Destroy no habían hecho más que incrementar las expectativas.

Pues bien, el álbum está aquí, y todos podemos alegrarnos, porque estos tres locos han facturado su mejor trabajo hasta la época. Y es que los cabrones han pulido defectos y ensalzado virtudes de manera magistral, dando como resultado una de las mejores colecciones de riffs del año, y un disco tremendo y compacto como el granito. Efectivamente, Must Destroy es una andanada guitarrera que puede desnucarte si te descuidas, y que hará las delicias de todo amante de Black Sabbath y el stoner en general que se precie. Además, en el aspecto vocal han llevado a cabo una evolución muy lógica, y Brad Van (guitarra, voz) ha dejado atrás su registro más cercano al sludge de discos anteriores para aclarar sus cuerdas vocales y adquirir una tonalidad más rockera, aunque siga pareciendo que se ha fumado diez porracos a palo seco regados con media botella de bourbon. Aquí no se toman prisioneros, y armados con lo mejor del metal, el sludge, el punk, el blues y el stoner, Droids Attack se lanzan desde sus trincheras con un machete roñoso en una mano, un canuto en la otra y riendo como maníacos ante la inminente carnicería. Porque como ya he dicho, el humor pinta mucho aquí, y sólo hay que leer los títulos de algunos temas para darse cuenta. Ahí esta la inicial Unforgiven IV (titulaco,jajaja), toda una rocosa intro con una masividad canábica que recuerda mucho a los enormes Bongzilla (con los cuales ha tocado el bajista Nate Bush) para cerciorarlo. No menos risivo es el título del segundo corte, The Great Wall Of 'Gina' (jajajaj, que decir...), aunque musicalmente estemos ante uno de los pepinazos rockeros más grandes que servidor ha tenido el placer de paladear en mucho tiempo. No llega a tres minutos, pero la fusión perfecta que Droids Attack hacen de lo mejor de High On Fire junto a unos riffs blueseros perfectos hacen del tema un auténtico hit. Blueshammer muestra a la perfección la evolución de la banda: un Brad Van con una voz enorme, riffs matadores y un órgano que sumado a un más que visible jugueteo con la psicodelia completan otro auténtico torpedo directo a tu línea de flotación. En la misma línea se mueve The Arcade Bully, uniendo la inmediatez del rock más primario a unos matices psicodélicos geniales. A continuación nos enfrentamos a los casi 7 minutos de la canción que da título al disco, y ahí ya es para ir de rodillas hasta Madison a pedir que el trío me adopte intentando mientras tanto que Robo no me descuartice. Un auténtico temón, lento como el cerebro de un porreta pero firme como el pene de un adolescente en una orgía lésbica. Las similitudes con Clutch aquí son más que evidentes, pero no caigo en la herejía (Clutch molan un huevo, y son casi sagrados...) si aseguro que las huestes de Neil Fallon tendrían que sudar mucho para parir algo al nivel de Must Destroy. Las raíces punks del grupo comienzan a ser visibles con The Crisis In The City, una canción a todo trapo que sacrifica los riffs gordos por la velocidad, pero que aún así no desentona para nada en el conjunto, y que sería ideal para conducir a todo trapo huyendo de los maderos a tiro limpio. El mismo tono, aunque con mucho mas feeling rockero, es el que tiene Koko Beware (jajaja, si, premio, el Koko Beware de Pressing Catch...). Otro punto álgido nos llega con Canadian Death Bus. Blues desorbitante, guitarras de otro planeta, psicodelia setentera, la voz de nuevo perfecta, poco más que añadir aparte de una reverencia. Cierra el álbum Astro Gilder, de nuevo un temón himno para que al terminar el metraje del mismo, uno se encuentre desmelenado y haciendo air guitar como un verdadero poseso. Si te molan a partes iguales Black Sabbath, Bongzilla, Clutch y los Melvins, Droids Attack te van a hacer correr del gusto.

Discazo de rock. Muy difícil lo veo para que no se convierta en el álbum de stoner del año. Porque lo tiene todo para serlo. Riffs enormes, temas imbatibles y una actitud a prueba de bombas. Y además te ríes un rato. No se puede pedir nada más.

Nota: 9/10

DROIDS ATTACK - Must Destroy


Y de regalo, porque me siento hoy así de gentil, el anterior álbum de los norteamericanos. Se trata de Fatal/Error, y os aseguro que os vendrá muy bien cuando al acabar de escuchar Must Destroy os queden unas ganacas enormes de seguir escuchando a estos tíos. No es tan redondo como éste, pero aún así se pule al 90% de bandas rockeras a base de unos riffs bestiales. Y además le dedican una canción a nuestro héroe de acción acartonado favorito (con el perdón del gran Chuck...), Steven Seagal!!.

sábado, 17 de abril de 2010

CANDLEMASS - Discografía Esencial



Bueno, pues tras hacer un brevísimo repaso al doom de la década pasada a través de tres discos que considero de importancia vital para comprenderlo en su mayor esplendor, seguía teniendo una duda en mi cabeza. Esta era si incluir o no el disco de reunión de Candlemass con Messiah Marcolin en 2005. Es un discazo tremendo, en el que la banda volvía a demostrar que inspirados y en forma, eran simplemente imbatibles. Pero a su vez me hubiera quedado insatisfecho comentando un álbum que es sólo la punta del iceberg de una de las discografías más intachables de la historia del metal. Así que al final, harto de tanta duda estéril, he decidido hacer un pequeño esfuerzo colgando la que considero es la discografía esencial de la banda. Quede claro que esta es una elección subjetiva, pero creo que nadie rebatirá mi decisión de incluir en ella sus cuatro primeros álbumes, porque en ese caso merecería que su alma fuera desgarrada por demonios espacio-dimensionales mientras su cuerpo es sodomizado por convictos sudorosos de dos metros con nombres como Bubba. Así de grande merecería ser castigado por dudar que esos álbumes son simplemente perfectos, intachables. Junto a ellos, incluyo la ya citada reunión con Marcolin en 2005. Y lo hago porque creo que con ese álbum se cierra el ciclo con él (aunque en este mundillo de la música nunca se sabe), y lo hace de manera magistral. Que conste que los dos últimos lanzamientos de la banda junto a Robert Lowe (ex-Solitude Aeturnus) me encantan, y su Death Magic Doom del año pasado roza la excelencia en mi humilde opinión. Pero haciendo un símil con el baloncesto, Candlemass serían como unos Celtics, en los que por mucho que uno disfrute con su actual alineación en la que brillan Pierce, Allen y Garnett, nada puede igualar a aquel plantel dirigido por el todopoderoso Larry Bird y que marcó un hito en el baloncesto mundial.

Tras esa comparación que a muchos les parecerá una marcianada, continúo una aseveración aún mayor, más centrada musicalmente, pero que a muchos más les parecerá una herejía (a otros estoy seguro que no) y que sin embargo considero esencial para que los que lean esto entiendan mi amor por la banda sueca y por dónde van mis coordenadas musicales. Hablo de mi firme creencia en que Candlemass es una banda muy superior a Black Sabbath. Ya está dicho, y estoy preparado para los golpes que puedan caerme con el cuchillo entre los dientes y agazapado en mi trinchera cargada de argumentos. Nunca negaré, ni siquiera me atrevería a ello, el papel fundamental que los ingleses han tenido en el nacimiento y devenir del metal como generador de un patrón de desarrollar unos riffs que se han convertido en santo y seña del estilo musical más grandioso que ha dado la humanidad. Su papel fue tan importante que no me sonrojo si digo que no creo que haya habido otra banda con mayor influencia que Black Sabbath en la música moderna. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero si olvidamos todo eso (sé que a veces es difícil), y nos centramos en lo estrictamente musical, creo que Candlemass es todo lo que Black Sabbath no pudo llegar a ser, con todas sus cualidades pulidas y mejoradas y sin ninguno de sus defectos. La contundencia de los riffs, su trotar lento y machacón y una épica capaz de derribar montañas les emparentaban con los Sabbath inequivocamente, pero en ese último aspecto es donde Candlemass ganaba por goleada. La manera en que los suecos se lanzan al galope y la inclusión de esos solos melódicos sencillos pero pletóricos eran cosas de las que adolecían los heraldos de Iommi. Y no hablemos del aspecto vocal. Ozzy, pese a todo el cariño que le tengo, no sirve ni para limpiarle los zapatos a Marcolin en cuestión de potencia vocal, interpretación ni en la belleza de sus letras. La teatralidad de la que siempre ha gustado Ozzy está aumentada por mil en Messiah Marcolin, que además podía (y puede) alardear de uno de los chorros de voz más grandiosos que se han puesto al servicio del metal. Pese a ello, el primer y profético álbum de Candlemass (que dio nombre al género), Epicus Doomicus Metallicus (1986), no contaba con la presencia del orondo cantante, ocupándose Johan Lanquist del aspecto vocal, y aunque no alcanzaba la grandiosidad de aquel, hay que decir que cumplió con creces la tarea, y puede sentirse orgulloso de haber formado parte de un disco vital en la historia del doom y el metal en general. Pocos comienzos he escuchado en mi vida tan arrebatadores como el de ese álbum con la acojonante Solitude. En un disco tremendamente oscuro y pesimista, brillan con luz propia esas terribles estrofas: "Hate is my only friend, Pain is my father" y que continuan con "Please, let me die in solitude". Demon's Gate o A Sorcerer's Pledge eran temazos también inmensos que constataban desde un primer momento que aquel disco había nacido para crear historia. A él le siguió Nightsfall, el primer álbum con Marcolin entre sus filas, y para muchos el mejor álbum de la banda. El comienzo, como es habitual en la banda, es para caerse de espaldas, porque esa andanada compuesta por Gothic Stone y Well Of Souls es simplemente apoteósica. Si a la grandeza de esos poderosos riffs ya conocidos se le suma la voz inabarcable de Marcolin, el resultado es incontestable. Decir que pese a la fama que siempre ha rodeado a Messiah, y que ha tendido a eclipsar siempre al resto de la banda, el verdadero motor de Candlemass ha sido, es y será el bajista Leif Edling, que además de su pericia como instrumentista, fundamental para comprender la profundidad del sonido de los suecos, su principal mérito es el de ser el principal compositor de todos los temas que la banda ha parido. Desde aquí el reconocimiento infinito a uno de los músicos más infravalorados de la historia. Siguiendo con el álbum, nos encontramos ante un disco sencillamente perfecto, genial, como pocos existen. Enumerar sus pepinazos es como hacerlo con la alineación de campanillas de los Bulls de Jordan. At The Gallows End, Codex Gigas, Bewitched... Y otra paso más en la senda gloriosa de la banda. Ancient Dreams fue el tercer asalto con el que Candlemass conmocionaron el mundo metálico. Leif Edling sigue sin estar contento con ese álbum a dia de hoy, que se vio envuelto en numerosos problemas, pero para los oyentes, mucho más imparciales que el padre de la criatura, se trata de otro de los discos indispensables de Candlemass, e incluso muchos de nosotros creemos que se trata del mejor de su discografía. Es sin lugar a dudas el más heavy y duro de sus cuatro primeros álbumes, y probablemente el más variado (dentro de lo que es el mundo de Candlemass). Los solos están increíblemente trabajados, influenciado en parte por el reinado que el heavy metal ostentaba en aquellos tiempos, ya que no olvidemos que Ancient Dreams data de 1988. Como si de su Painkiller particular se tratase, no había aquí los temas tan demoledores del Epicus ni de Nightfall, pero sí joyas inmortales del calibre de Mirror, Mirror, Bearer Of Pain o esa acojonante Bells Of Acheron. Los elementos intrínsecos a la banda se habían pulido prácticamente, y tanto sus riffs como sus ambientes oscuros y teatrales y sus temáticas cuasi powermetaleras gozaban de un brillo único y personal en toda la escena. Un año después apareció su última gran obra, Tales Of Creation. Excelente continuación de Ancient Dreams, aquí nos encontramos con un álbum más veloz de lo habitual en los suecos, pero igualmente heavy y épico, y con un Messiah Marcolin en la plenitud de sus cualidades vocales, como constata ese comienzo al galope con la genial Dark Reflections. Leif Edling se muestra en estado de gracia, y aquí factura algunas de sus mejores canciones, como The Edge Of Heaven o A Tale Of Creation. Tras éste álbum, y de lleno en la gira mundial que la banda ofrecía en 1991, Marcolin decide abandonar la banda. Candlemass entró en una fase difícil, y aunque el talento de Edling seguía allí, parecía que sin Marcolin como referente vocal el rumbo andaba algo perdido, pese al buen trabajo que Thomas Vikstrom realizó en el notable Chapter VI de 1992. Luego llegaron discos mediocres como Dactylis Glomerata(1998) o From The 13th Sun (1999), tras el que servidor les dio por perdidos (ay, hombre de poca fe que soy...). Sin embargo, cual fue mi sorpresa, ya mediada la primera década de siglo, cuando leí que Marcolin regresaba y con él un nuevo lanzamiento de la banda. A pesar de mis reticencias y dudas, tuve que rendirme ante la primera escucha de Candlemass (2005). Cabrones, lo habían vuelto a hacer. Sonaban muchísimo más duros que antaño, algo normal teniendo en cuenta la época, pero la esencia del grupo estaba ahí. De nuevo un comienzo bestial con Black Dwarf, probablemente el tema más duro y heavy que hayan grabado nunca, y Seven Silver Keys y Assasin Of The Light ahondaban en esta línea. Para los nostálgicos, nos regalaban una Copernicus que tenía un sabor deliciosamente añejo. Al poco Marcolin volvió a dejar la banda, pero dejando tras él uno de los mejores discos del año y otra muesca más en una discografía insuperable.



viernes, 16 de abril de 2010

TWILIGHT - Monument To Time End (2010)

Jo,jo,jo, que ganazas de tener por fin este discazo entre mis garras. Mucho se venía hablando de él, y enorme era la expectación generada por los miembros que componen esta superbanda. Porque señores, hablamos de los músicos que han conseguido convertir el underground metálico en un movimiento de semi-masas gracias obras maestras de calibre incuestionable, y de erigir sus respectivas bandas en grupos de culto y esenciales para entender la música de nuestro tiempo. Hablamos de (todos en pie):

N. Imperial (Krieg, N.I.L.) - Voz.
Aaron Turner (Isis, Old Mans Gloom) - Guitarra, Efectos, Voz.
Blake Judd (Nachtmystium) - Guitarra, Voz.
Wrest (Leviathan) - Batería, Bajo, Guitarra.
Sandford Parker (Minsk) - Sintetizadores.
Stavros Giannopoulos (The Atlas Moth) - Guitarra.

Pues si, todo un all-star que se ha reunido con la única intención de hacer black-metal con denominación de origen norteamericana. Ese que ha encumbrado a formaciones como Wolves In The Throne Room o Kult Ov Azazel. De todos modos, y como suele ser habitual en estos casos, la pregunta es ¿está el álbum al nivel de sus insignes integrantes?.

A diferencia del debut de la banda, más enfocada a un black metal primario y en el que se notaba la participación de Malefic (Xasthur) y Hildolf (Draugar), la salida de éstos y la incorporación de Giannopoulos, Aaron Turner y Sandford Parker ha provocado un comprensible cambio de rumbo en el sonido del combo, más enfocado ahora hacia el cuidado de las atmósferas y con una más que evidente propensión a las progresiones. Aún así no preocuparse, porque esto suena 100% black metal, o al menos puro black metal norteamericano, de ese que hace tiempo decidió abrirse su propio camino sin atender a estúpidos corsés, prejuicios o estereotipos. Ya la inicial The Cryptic Ascension nos asalta con una genial mezcla de black rabioso con las atmósferas oscuras de Isis, y sus reverberaciones sludge, lejos de provocar una espantada general, suenan increíblemente conjuntadas y naturales. Imperial y Turner hacen gala de sus voces más brutales para cargar de rabia cada corte de una manera bestial, mientras que la aparición estelar en algunos de ellos de la voz limpia de Robert Lowe (Om) ayuda a matizar y versatilizar el conjunto. Las sorpresas no tardan en llegar tan pronto comienza 8,000 Years, con una base industrial impresionante a cargo de unos sintetizadores que por momentos transforman la canción en una suerte de black metal bailable. ¿Suena terrible?. Pues nada más lejos de la realidad, porque es un temazo acojonante, os lo aseguro, y que viene a remarcar una vez más la libertad creativa que ha hecho tan grandes a estos tíos. Convulsions In Wells Of Fear es un pepinazo de black norteamericano, y que nos recordará en muchos momentos a los grandes Kult Ov Azazel. Pero sin lugar a dudas lo que todos esperábamos llega con la final Negative Signal Omega, cinco minutos de oscuridad muy doom, llena de experimentación, con una brillante aportación de Robert Lowe y que nos hará pensar incluso en los mismísimos Radiohead en su tramo último. Es pronto para valorar un disco que, como éste, acaba de salir, pero apostaría que en un futuro será visto como la constatación en firme del rumbo que el black metal del nuevo siglo decidió emprender de manera brillante. Puede que a los más ortodoxos no les haga ni pizca de gracia. Bueno, pueden seguir alímentándose a base de discos de Mayhem y Darkthrone toda la vida, no hay problema. Para todos los demás que aplaudimos a aquellos músicos que se arriesgan a adentrarse en sendas inexploradas, éste es nuestro disco.

Una gozada de álbum en la que poder disfrutar como enanos del talento de algunos de los artistas más talentosos de nuestra época. Un atisbo del futuro que ya está aquí. Un más que firme candidato a disco del año.

Nota: 9,5/10