Ecos de una ciudad sumergida.

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martes, 29 de marzo de 2011

GRAVEYARD - Hisingen Blues (2011)

 


Madre mía que añito... Y pensar que nació perezoso, desprendiendo a cuentagotas sus esencias y haciendo temer a muchos que 2011 iba a ser de lo más aburrido en el plano musical. Pues de eso nada señores, porque los tsunamis y convulsiones han trascendido Oriente Medio y el Imperio del Sol Naciente para instalarse de lleno en nuestros oidos y volarnos la cabeza discazo tras discazo. De nuevo me encuentro con un archivo lleno de grandes álbumes para subir y comentar y muy poco tiempo para hacerlo, aunque espero poder cumplir con los más destacados. Entre ellos se encuentra otro trabajo de los que copaba casi todas las listas de "lo más esperado de 2011".  Hablo del segundo larga duración de los suecos Graveyard, tras su autotitulado debut de 2007, un disco que a mi parecer no tuvo toda la repercusión que merecía habida cuenta de la calidad que atesoraba. Ese año la gloria se la llevaron sus compatriotas Witchcraft con la publicación del fantástico The Alchemist, que en cierta medida eclipsó un álbum que no tenía nada que envidiar a aquel. Bebiendo de las raíces de eso que llamamos rock, y paseándose con descaro por los jardines propiedad de Led Zeppelin, Blue Cheer o Grand Funk Railroad, el cuarteto sueco nos regaló un trabajo lleno de magia añeja y temazos memorables como Evil Ways o Thin Line. Mudados sorpresivamente al sello metalero Nuclear Blast (hogar de combos como Children Of Bodom, Melechesh o Samael), esta era su oportunidad para demostrarle al mundo que ellos jugaban en Primera División aunque pocos se hubieran enterado. Y vaya si lo han hecho...


Porque si su debut era ya de escándalo, Hisingen Blues es simplemente apoteósico. Es difícil pensar en este trabajo como en un hijo de 2011 y no de la lisérgica década de los 70, siendo uno de los mejores piropos que se le puede lanzar a un combo como el sueco. El sonido es tan orgánico y fluido que rompe con la etiqueta de retro o revival para instalarse directamente en la liga de los grandes clásicos. Despojados de artificios y sonoridades modernas, Graveyard nos retrotraen a una época en la que para comerse el mundo tan sólo hacía falta talento (mucho talento) y pasión desbordada por la música, factores gracias a los cuales la década brilló con una luz que aún a día de hoy nos sigue cegando. Y si no que se lo digan a Kyuss, Monster Magnet, Pearl Jam, Clutch o casi cualquier gran banda de rock de la que podamos disfrutar hoy día. Aupándose sobre todos los aciertos de su predecesor, Hisingen Blues se impulsa muy por encima de aquel no por ningún viraje estilistico concreto, sino simplemente porque el cuarteto se ha cascado un álbum monstruoso, que perfectamente podría alcanzar la categoría de referencial si no fuera porque cuatro décadas después y con los clásicos enfrente eso está muy difícil. Pero a quién cojones le importa cuando desde el comienzo los suecos te electrifican de arriba a abajo con la energía pura y sin adulterar de Ain't Fit To Live Here, con un Joakim Nillson saliéndose por los cuatro costados merced a una interpretación vocal tan clásica como memorable, un nivel de excelencia del que no se apea en ningún momento. Axel Sjöberg está inmenso aporreando los parches, y como si de un John Bonham moderno se tratase alcanza momentos de auténtico vulcanismo percutivo. Tanto Nillson como Jonatan Larocca Ramm realizan un trabajo espectacular a las guitarras, especialmente el segundo merced a unos solos de guitarra herederos del mejor visceralismo incendiario del gran Jimmy Hendrix. No podemos olvidarnos de Rikard Edlund, que con su talento nos recuerda que antes de los sonidos engordados hasta la saturación, había gente como John Paul Jones o Andy Fraser comiéndose el mundo a las cuatro cuerdas. Sin embargo todo esto quedaría reducido a fogonazos dispersos si no fuera porque en el caso que nos ocupa prenden sobre 9 temas espectaculares, dando forma a un álbum que es un verdadero incendio rockero. Cortes como el single Hisingen Blues y su lírica luciferina o Ungrateful Are The Dead y ese genial teclado que lo introduce están entre lo mejor que servidor haya escuchado en mucho tiempo dentro del género, recordándonos que el legado de Cream, Deep Purple o Steppenwolf sigue muy vivo. Pero la joya del álbum es sin lugar a dudas Uncomfortably Numb. Perfecta, preciosa, digna de ser colocada junto a cualquiera de los temas legendarios de la edad de oro del rock, todos sus elementos se conjuran para ponerte los pelos de punta. Los ecos de Black Sabbath se encuentran en Hisingen Blues más atenuados que en el debut de la banda, eligiendo fuego en vez de piedra, blues en vez de proto-heavy, dando como resultado un trabajo de alma abrasadora. En fin, no me explayo más porque me quedo sin palabras para seguir alabando un álbum hecho para ser sentido más que explicado, y que confirma (por si no estaba claro ya) que Graveyard es un gigante de la escena.


Soberbio. Valiosa enseñanza de que los 70 no se encuentran mirando por el retrovisor sino en el motor del vehículo.

NOTA: 9,75/10








8 comentarios:

Soulkiller dijo...

No se puede estar más de acuerdo con usted, todo un referente del Rock clásico llevado a nuestros tiempos, una recuperación y rescate del legado que nos ha dejado los grandes del Rock, orgullosos estarían de estos muchachos.

¡Un saludo! Espero que tu bajada en actualizaciones sea temporal y dentro de poco nos bombardees con tu omnipotencia tentacular.

abbath dijo...

que buena pinta, mañana lo escucharé en carretera

Cthulhu dijo...

Soulkiller: si que ha bajado la frecuencia, si... Me fastidia, pero es que últimamente me cuesta sacar tiempo entre el curro y mis otras actividades (escribir, fotografía...). De todos modos, prometo hacerme un planing de esos y volver a la senda primigenia!! jajaja

Un saludo crack!

abbath: te aseguro que no se me ocurriría mejor escenario para escuchar Hisingen Blues! Ya me contarás!

abbath dijo...

sí tío, aparte de liderar immortal soy camionero y la parte buena es que mientras trabajo puedo escuchar la música que me gusta. Después de godflesh y social distortion lo he escuchado y me ha encantado. No había oído su primer disco y ha sido una grata sorpresa. El tal Joakim Nillson podría ser la reencarnación de Robert Plant si no fuera por que el cabrón ni siquiera está muerto. Junto con el disco de blood ceremony dos maravillas setenteras de lo mejor de 2011

KARLAM dijo...

El de Graveyard está muy chulo Cthulhu, no sorprende tanto como el primero, pero con el tiempo seguro que llegaré a disfrutarlo igual.

Saludos!

stone the crow dijo...

Ayer me lo puse en el Ipod, ACOJONANTE!

Saludos

Cthulhu dijo...

abbath: cierto, el de blood ceremony es otro gran disco. Por tu culpa no me puedo quitar la imagen de la cabeza de un blacker a los mandos de un camion envuelto en llamas por la M-40,jajajaja

KARLAM: sorprender tanto no, pero creo que es un disco más redondo y con muchos más matices... De todos modos, ambos dos discazos!

stone the crow: jejeje, coincido!

Saludaco para todos!!

Anónimo dijo...

Tocan muy bien excelente grupo.
saludos