Ecos de una ciudad sumergida.

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jueves, 4 de octubre de 2012

FALLING DOWN IIV (2012)



Que en el underground musical lo que prima son la ilusión, las ganas y la pasión por encima del sucio dinero es algo de sobra conocido, y no sólo por englobar géneros de muy difícil acogida masiva por parte del público. No, hay una filosofía de trasfondo que nos habla de la búsqueda de un sendero propio e independiente que no responda a ninguna presión más allá de la que ejerce la imaginación y el talento por salir a flote. Aún así de vez en cuando aparecen proyectos que nos sorprenden por su osadía, caso del recopilatorio que traigo hoy a mi humilde morada. Falling Down IIV es el tercero de una serie de recopilatorios creados por una pareja de franceses a los que como mínimo debo tildar de locos. Atreverse en los tiempos que corren a editar en un lujoso formato físico (y de manera completamente independiente) temas inéditos de bandas de primer nivel dentro del metal underground y pretender que la cosa llegue a buen puerto es cuanto menos descabellado. Ya sólo en el aspecto meramente técnico y de confección del mismo la tarea ha tenido que ser titánica: contactar y convencer a las bandas para ceder dichos temas, la edición del recopilatorio (acojonante), el artwork (aún más acojonante) e intentar no arruinarte por el camino son sólo algunos de los aspectos que los creadores de Falling Down llevan sorteando desde que en 2008 apareciera el primer volumen con temas inéditos de Kylesa, Ufomammut, The Ocean, Year Of No Light, Jucifer y Ommega Massif entre otros (hasta un total de 40 bandas!). En 2010 apareció el segundo volumen, y además de conseguir que repitieran muchas de esas bandas, añadieron material sin publicar de otras como Kongh, Farflung, Mumakil o Across Tundras. No contentos con ello regresaron a mediados de este año con Falling Down IIV, de nuevo con una oferta irresistible en la que participan grupazos (20 bandas de 11 países diferentes) del calibre de Hopewell, Year Of No Light, Mars Red Sky, Julie Christmas, Terra Tenebrosa, Rorcal, Mouth Of The Architect o Ayahuasca Dark Trip. Y si eres de los afortunados que pudiste hacerte con la Endless Edition (ya agotada), podrías haber disfrutado de un CD y un DVD extras a los que se sumaban Pelican, Stoned Jesus, The Great Old Ones o Zatokrev más directos exclusivos de Ufomammut, Ocoai o Amen Ra. Casi nada!



Entrando en materia y centrando la mirada en lo estrictamente musical, lo primero que sorprende es el gusto y conocimiento exquisitos con que se ha estructurado el recopilatorio. Y no es sólo que los temas sean espectaculares (¿por qué los escondían de nuestros oídos?!!), sino que el orden en que están colocados hace que las casi dos horas y media que contienen los dos discos fluyan con una naturalidad asombrosa, sin altibajos ni cambios bruscos entre propuestas. Sólo os diré que he sido capaz de disfrutar ambas partes de una tacada varias veces, sin perder la atención ni saltarme ningún corte. Aquí todos aportan, y de qué manera. La compilación comienza pillándote a contrapié con la ultravitaminada y muy funky This Is This de los psicodélicos Hopewell, un temón para morir en la pista de baile bajo los efectos de un coktail de peyote y anfetaminas. Tras la sorpresa inicial nos adentramos en las entrañas del primer CD, que se apoya en las propuestas más progresivas y sugerentes, comenzando por la maravillosa colaboración entre Year Of No Light y Mars Red Sky. Green Rune With Totem es un corte ciclópeo lleno de pasajes etéreos salpicados por explosiones de vulcanismo ruidista y guitarreos plúmbeos que incluso hacen guiños a una épica soterrada pero palpable en el latir de cada nota. Los estadounidenses Ocoai demuestran que lo conseguido con el tremendo Breatherman (2008, Missing Words Records) no fue la suerte del principiante, y Mère De La Lumière Du Matin les reafirma como todo un valor de futuro merced a una propuesta que conjuga la pesadez del sludge con desarrollos y sonoridades propias de los mejores Pink Floyd. En Apollo Creed los hippies de The Flying Eyes nos convencen entre psicodelia, sonoridades orientales y trascendentalismo que no han compartido escenario con Jeff Beck y Hawkwind por su cara bonita, reivindicándose también como otra banda muy a tener en cuenta en el futuro (el año pasado ya avisaron muy seriamente con el estupendo Done So Wrong). El dúo italiano Vanessa Van Basten (nada que ver con el genial delantero holandés) nos deleitan en Got To Stay con su sonido marca de la casa, pura ensoñación que se mueve entre el post-rock y el minimalismo más bello. Los también italianos Dyskinesia dejan de lado su rostro más ruidista y agresivo (aquel que nos golpeó en el genial Dalla Nascita del año pasado) en Tra I Ghiacci pero sin perder esa mordiente que hace de ellos una de las bandas más inquietas, sorprendentes y oscuras del planeta. Para todos los que no los conozcáis, podéis descargar su último disco a través de la página del estupendo sello digital Frohike Records. Con Planning For Burial despertamos de la ensoñación entre sábanas de lija, y es que Friendship nos manda de una patada en el culo a postrarnos ante el proyecto de este neoyorquino capaz de subyugar en una misma propuesta los universos del post-metal, el drone, el noise, el shoegaze e incluso el black metal. Aidan Baker de Nadja nos rescata del colapso nervioso con una instrumental para recuperar el resuello y encarar el final del disco. Falta hace cuando acto seguido llega esa diosa llamada Julie Christmas con su noise rock desquiciado muy deudor de su anterior banda, los nunca suficientemente reverenciados Made Out Of Babies (además de haber formado parte de la superbanda Battle Of Mice y actualmente estar inmersa en la no menos "super" Spylacopa junto a gente de The Dillinger Escape Plan, Candiria e Isis). Cierran el primer disco los post-rockers británicos The Winchester Club (con Harry Armstrong de los geniales End Of Level Boss en sus filas), un corte bellísimo y que hará las delicias de los fans de Godspeed You! Black Emperor.





En el segundo CD viajamos al lado más oscuro, plúmbeo y desgarrador del underground, ese que nos obliga a apretar los puños y enseñar los dientes aunque sin desdeñar los viajes astrales a los rincones más insondables del cosmos. Y es que cuando la cosa arranca con ese esputo cargado de odio hardcore que es Syntax Error de los escoceses Black Sun, uno sólo puede agarrarse los machos y esforzarse por no perder los dientes. Yo los tenía por una banda de sludge/doom, pero aquí se cascan un himno furibundo que me levantó de la silla de un guantazo. Sin tiempo para recuperarnos llegan los suizos Rorcal para recordarnos por qué son considerados uno de los grupos más oscuros e intensos del planeta. Si Heliogabalus (2010, Cal Of Ror Records) te pareció una obra maestra similar a un enorme taladro roñoso en el centro de tu alma, Világvége V hará que te corras del gusto entre espasmos de dolor y muerte. Si no los conoces (y deberías), puedes acceder a su discografía gratuitamente a través de su página web. De dolor, muerte y decadencia también saben un rato los suecos Terra Tenebrosa, con ex-miembros de los legendarios Breach en sus filas y que colaron su debut The Tunnels (2011, Trust No One Recordings) en muchas de las listas de lo mejor del año, incluida la mía. Escuchando Apokatastasis uno se sorprende de que no estuviera incluida en el LP, porque es todo un puto temón que me recordó por su poderío al Stones From The Sky de Neurosis, aunque imbuido de un amor especial por Godflesh. Desde Bayona nos llegan los todopoderosos Monarch! para alzar bien alta la bandera del doom, y os aseguro que Daggvrs se gasta unos riffs capaces de romperle la mandíbula al mismísimo Hulk. Con la guitarra tremebunda de Shiran Kaidine (Year Of No Light), el golpeo inmisericorde de Rob Shaffer (Dark Castle, ex-YOB) y los gritos maníacos Emilie Bresson (completa la alineación MicHell Bidegain al bajo), el cuarteto es una máquina salida del Infierno para pulverizarte todos los huesos del cuerpo. Tras la paliza llega Syndrome, el proyecto personal de Mathieu Vandekerckhove de los grandiosos Amenra. Now And Forever (la versión inédita y ceñida a un metraje "manejable", la original dura media hora) es capaz de ponerte los pelos de punta con su oscurísima mezcla de minimalismo, post-rock y drone, contando además con la participación de Colin H. van Eeckhout (voces) de Amenra y Josh Graham (piano y Moog) de Neurosis. Un pasote. La psicodelia cósmica de tintes orientales llega de la mano de los geniales Ayahuasca Dark Trip, que haciendo honor a su nombre nos regalan en Manantial todo un viaje hacia el lado oscuro del trascendentalismo hindú. Una vez vuelto del mismo uno entiende el considerable revuelo que han montado con tan sólo un LP y un EP entre la parroquia más fumeta. Siguiendo la senda de la tectónica entran en tromba los ucranianos Ethereal Riffian. Mars Of Spiritu (Rise Of Sheol) corrobora las grandes sensaciones de su EP debut Shaman´s Visions (2011, Autoeditado), una de las gratas sorpresas del año pasado merced a su brillante continuación del legado de los seminales Sleep. El corte es una marcha marcial de densidades cósmicas y efluvios cannábicos capaz de dejarte en un trance insalvable, pero que a la que te descuidas te suelta unos sopapos de órdago. Una banda muy a tener en cuenta, y en cuyo universo os animo a entrar a través de su Bandcamp. La psicodelia y el space-rock asoman la cabeza con los galeses Sendelica. Nunca he sido muy fan de su propuesta (me falta algo en sus discos, tal vez un poco más de energía), pero estoy seguro que los fans acérrimos del género sabrán valorar mejor que yo un corte como Ingrid Cold (el remix editado). Los rusos Vespero ya son otro cantar, pues no sólo se trata de la mejor banda de su país, sino uno de los grupos de space-rock más grandes de todo el puto planeta. Desquicie cósmico, energía desbordante y un dinamismo imparable que en Flight Of The Lieutenant nos retrotraen a hace dos añitos cuando nos dejaron el culo roto con el magistral By The Waters Of Tomorrow (2010, RAIG). Y para cerrar el disco qué mejor que hacerlo a lo grande con Mouth Of The Architect, que tras el viaje espacial nos lanzan contra el suelo con el post-metal de How This Will End. Colofón perfecto para una de las maratones sonoras más maravillosas a las que puedas acceder hoy día.




Falling Down IIV es un recopilatorio alucinante, una joya facturada con un gusto exquisito y que abraza con sus tentáculos buena parte de la grandeza musical de nuestros tiempos. La mayor bofetada y contestación a aquellos que dicen que ya no se hace música como antes. Ignorantes. 

Más información sobre Falling Down IIV:

Puedes comprar el recopilatorio aquí:



jueves, 6 de septiembre de 2012

ADMIRAL SIR CLOUDESLEY SHOVELL - Don't Hear It... Fear It! (2012)




Los sorpresones mayúsculos continúan, esta vez en el campo del rock añejo y sudoroso. A pocos días para que los esperadísimos trabajos de Graveyard y Witchcraft vean la luz, nos llega uno de los debuts del año con el primer largo de los británicos Admiral Sir Cloudesley Shovell a través del insigne sello Rise Above Records, todo un seguro de garantía que cuenta en sus filas a bandas tan molonas como Ghost, Astra, Uncle Acid & The Deadbits, Church Of Misery o los citados Witchcraft. Viendo el catálogo os podéis hacer una idea de por dónde van los tiros con este trío, pero no os puede preparar para la calidad con la que despliegan su hard rock proto metálico, os lo aseguro. Si el año pasado ya avisaron muy seriamente con el genial EP Return To Zero (2011, Rise Above) de que lo suyo apuntaba alto, el trío compuesto por Louis "Bronco" Wiggitt (bajo, voz), Bill "Shorty" Darlington (batería) y Johnny "Gorilla" Redfern (guitarra, voz) va a por todas con Don't Hear It... Fear It! (2012, Rise Above/Metal Blade), un trabajo que perfectamente podría haber sido compuesto a principios de la década de los 70 y salir victorioso.


Elevando un altar a toda esa generación de bandas legendarias que acompañaron el caminar victorioso de Black Sabbath como Sir Lord Baltimore (sus grandes referentes), Iron Claw o Captain Beyond, Admiral Sir le añaden a esa base todo el guitarreo incendiario de Hendrix más una energía desbordante que mira directamente al proto punk de MC5 y los Stooges. ¿Pinta bien, verdad? Pues no es nada comparado con la materialización que de todas estas pinceladas despliega Don't Hear It... Es difícil, muy difícil, encontrar una banda que como los británicos sepa bascular tan asombrosamente bien entre el dinamismo y pegada del mejor rock'n roll y la cadencia contundente y oscura de la parroquia sabbathica. El trío lo consigue a base de temazos incontestables que te harán mover las greñas como un poseso y te mandarán de una patada en el culo cuatro décadas atrás para que recuerdes el origen de todo. Y qué sonido señores, de los que ya casi no se degustan. Con una producción de las de antes, el conjunto suena jodidamente heavy, con una sección rítmica grandiosa y gorda como cabezas de enano y una guitarra que abrasa de sólo oírla. Sólo escuchando los demoledores huracanes guitarreros de Devil's Island o iDeath ya bastaría para que a más de uno le diera un ictus de puro placer, pero la cosa no queda ahí pues todavía le queda enfrentarse a unos Motorhead copulando con Blue Cheer en Mark Of The Beast o recordar por enésima vez lo enormes que eran Black Sabbath y Mountain en la orgiástica Scratchin And Sniffing, sin olvidar los guiños nada velados a Blue Oyster Cult en la psicodélica Bean Stew. En una función donde estos tres locos se salen por los cuatro costados hay que destacar especialmente la exhibición ultraterrena que se pega Johnny Redfern, un puñetero volcán a las seis cuerdas y que a un servidor le hizo llorar por una evolución en la que la técnica le ganó la partida a la pasión, negándole por el camino la posesión de su alma. Es impresionante como el "hacha" es capaz de desplegar un ritmo endiablado a la par que martillear con riffs de poderío tectónico mientras de propina regala solos volcánicos y jugueteos con la psicodelia. De otro planeta, os lo digo yo. Como también os aseguro que nada de lo que escriba hará justicia al que desde ya es uno de los discos del año y puerta de entrada para Admiral Sir en la élite de los grandes nombres del género.


Aunque Graveyard y Witchcraft parieran este año dos mierdas como un castillo de grandes no podrían quitarme la sonrisa de la cara ante el disfrute orgiástico que supone Don't Hear It... Fear It! Y es que podría tirarme todo el año escuchando el álbum sin parar y no necesitaría nada más. Una puta maravilla por la que estoy seguro que Admiral Sir Cloudesley Shovell han vendido sus almas a cierto caballero de piel roja y cuernos.




viernes, 17 de agosto de 2012

UFOMAMMUT - Oro: Opus Primum (2012)



Puedes escuchar el disco a través de la página web de Roadburn. PINCHA AQUÍ.

Los grandes acontecimientos, más allá de su impacto inmediato y la euforia del momento, necesitan de cierto tiempo de asimilación de todas sus repercusiones, matices y verdadero peso específico para poder considerarlos en su justa medida. Y si hoy día en el mundo de la música hay algo que se pueda considerar grande es la salida de un nuevo disco del trío italiano Ufomammut. Desconocidos para gran parte del público, en especial el anglosajón, Ufomammut es una de las grandes bandas de doom del panorama internacional y de las pocas capaces de haber desarrollado un sonido personal e intransferible más allá de la repetición de viejos esquemas. Sin necesidad de ser los enésimos emuladores de Black Sabbath o Electric Wizard los italianos han moldeado un vasto cosmos de densidades imposibles y evocacionas lisérgicas donde sólo funcionan las reglas por ellos inventadas, y en el que las deudas con el pasado quedan empequeñecidas por las toneladas de ideas propias que conforman el verdadero cuerpo de su propuesta. Desde que debutaran hace doce años con Godlike Snake (2000, Beard Of Stars Records), la banda compuesta por Urlo (bajo, teclado y voces), Poia (guitarra y teclados) y Vita (batería) ha desarrollado una paciente pero inexorable carrera hacia la total supremacía del género, hecho que quedó constatado con el monumental Idolum (2008, Supernatural Cat). Dos años después superaron la imposibilidad lógica y parieron el aún más grande Eve (2010, Supernatural Cat), un mastodonte compacto que en tres cuartos de hora unitarios voló cabezas por doquier y les confirmó como una de las formaciones esenciales del nuevo siglo. Decididos a llevar su música a todos los rincones del planeta en 2011 se alían con el insigne sello estadounidense Neurot Recordings (cuartel general de los imprescindibles Neurosis y hogar de luminarias como A Storm Of Light, U.S. Christmas, Amenra o Made Out Of Babies) con la ambiciosa idea de editar un doble álbum dividido en dos actos. El primero de ellos, Oro: Opus Primum (2012, Neurot Recordings), vio la luz a comienzos de año y será seguido en Septiembre por su gemelo, Oro: Opus Alter. La conquista del cosmos ha comenzado...


Por imposible que parezca Ufomammut lo han vuelto a hacer. Aunque los niveles de magnificencia en los que se mueven estos señores hacen difícil ya que podamos comparar sus álbumes en base a baremos cualitativos, lo que sorprende de Oro: Opus Primum es la nueva vuelta de tuerca que han dado a un sonido que parecía acabado. Nadie les reprocharía que se asentaran en una propuesta de la cual poseen patente y que tan grandes les ha hecho, pero inmunes a las inercias acomodaticias el trío ha decidido ir un paso más allá y parir su obra más ambiciosa hasta la fecha. Por encima del hecho de que estamos ante un doble álbum (algo que siempre tiene sus riesgos en cuanto a cohesión y mantenimiento del nivel durante un metraje tan dilatado) lo verdaderamente osado es la idea que late tras las ciclópeas notas que componen el disco. Con la clara intención de traspasar todas las fronteras conocidas, los Ufomammut más aventureros hasta la fecha han dado forma a un trabajo donde las atmósferas y la psicodelia de magnitud cósmica se anteponen al mero hipnotismo por repetición de riffs. Catártico, sobrenatural y de una profundidad por momentos aterradora, Oro: Opus Primum ataca directamente a nuestro subconsciente, ese que bulle y se esconde de nuestro raciocinio mientras mira a las estrellas presa de la fascinación... y el miedo. Guiñando un ojo con superioridad al universo post al mismo tiempo que abrazando los postulados de voceros de la libertad creativa como los seminales Guru Guru o Amon Düül, el trío empapa la amalgama con unos riffs de densidad ultramundana que harían estremecer a grupos como YOB, añadiendo de propina unas atmósferas que elevan el conjunto a un auténtico diálogo entre furibundas deidades galácticas. La descomunal "intro" Empireum, un angelito de casi 14 minutos de duración, la hubiera firmado el mismísimo John Carpenter para una de sus películas, y lejos de obrar como simple introducción al álbum consigue elevar el pulso cardíaco del oyente a un nivel de intensidad y frecuencia propicios para enfrentarse a lo que está por venir...Porque acto seguido llega la devastadora embestida que es Aureum con una combinación de riffs plúmbeos y tectónicos y voces de otras dimensiones capaz de hacerse mear en los pantalones al Increíble Hulk. Inmisericordes. Infearnatural nos muestra la cara del Maligno, la verdadera, una maraña de riffs, gravedad sonora, hipnotismo percutivo, sintetizadores enfermos y voces que susurran directamente desde planos de existencia lovecraftianos. Puro deleite malsano y uno de los puntos álgidos del disco. El siguiente acto del álbum, Magickon, nos devuelve el protagonismo de los sintetizadores en otro ejercicio de evocación que haría las delicias del maestro Carpenter. Se trata de uno de los temas más ambientales que jamás hayan compuesto Ufomammut, hasta que Poia rasga las cuerdas y nuestras cabezas explotan en dirección a la Zona Negativa. Calificar la canción de catártica sería quedarse corto. Enlazando con Magickon y en línea con su segunda parte nos llega la final Mindomine, compendio de todas las armas de los italianos y que terminará de arrodillarte con su mixtura de atmósferas, sintetizadores, riffs con mayúsculas y un Urlo que canta desde algún lugar más allá de la Vía Lactea. Si a todo ello le sumamos una de las producciones más gordas por las que jamás hayan optado Ufomammut, nos encontramos ante una aterradora maravilla como ver morir el planeta a manos de Galactus. Si por sí solo ya es candidato a mejor disco del año, como Opus: Alter esté a este nivel podemos hablar de una de las obras esenciales de esta década. Así de clarito.


Uro: Opus Primum nos habla de la creatividad insaciable de una banda, Ufomammut, que vive instalada en la élite del doom internacional, esa en la que una vez residieron combos como Sleep o Electric Wizard y que actualmente es hogar de imprescindibles como OM o YOB. Ultramundano y de unas dimensiones sonoras casi inabarcables, estamos ante la mitad de una obra que puede marcar época.




lunes, 23 de julio de 2012

SONS OF OTIS - Seismic (2012)



Puedes escuchar el disco completo a través del Bandcamp de Small Stone Recordings. PINCHA AQUÍ.

Si existe una banda en el planeta cuyo sonido se pueda calificar de inconfundible esa es Sons Of Otis. Con dos décadas de carrera a sus espaldas, el trío de Toronto formado actualmente por Ken Baluke (guitarra, voz), Frank Sargeant (bajo) y Ryan Aubin (batería) ha llevado al extremo unas enseñanzas que parten del stoner/doom de los seminales Sleep junto al cuelgue espacial de los primeros Monster Magnet para devenir en una propuesta que les ha situado en una posición donde no tienen cabida las medias tintas. O les amas o les odias. Como los mejores. Sobreponiéndose a continuos cambios de batería y quiebras de sellos, nos presentan Seismic (2012, Small Stone Recordings), su sexto álbum de estudio y el tercero desde que firmaran con la discográfica stoner por excelencia en el que demuestran que sus jams cósmicas no necesitan de cambios ni revoluciones para seguir aplastando huesos y expandiendo mentes.


Que a nadie le lleve a equivocaciones la portada del nuevo trabajo de los canadienses porque no estamos ante un trabajo de stoner-rock centrado en coches y mujeres. Sons Of Otis siguen habitando cómodamente en el interior de un agujero negro rodeados de pliegues espacio-temporales y colosales fuerzas gravitacionales desde las que nos envían periódicamente incontestables ejercicios de demolición lisérgica para mayor deleite de nuestros derretidos cerebros. Sin necesidad de moverse un ápice de una propuesta firmemente fusionada a su ADN el trío ha vuelto a facturar un trabajo soberbio que se sigue desplegando en esas coordenadas que tan sólo ellos conocen y el resto de mortales no están preparados para habitar so pena de morir aplastados.  No voy a comparar Seismic con sus anteriores trabajos porque me parece un trabajo inútil dada la calidad y compactación de su discografía. Desde los soberbios e iniciáticos Spacejumbofudge (1996, Hypnotic) y Temple Ball (1999, Man's Ruin Records) al titánico cuelgue de X (2005, Small Stone Recordings), la carrera de Sons Of Otis es la demostración de que, al igual que Lobezno, estos tíos son los mejores en lo que hacen. Otra cosa es que lo que hagan sea algo tan monstruoso quedar atrapado en una colisión entre planetas... Lo que sí se puede asegurar es que el nuevo trabajo de los voceros del Universo les muestra en un estado de forma acojonante, facturando 7 cortes de leyenda donde a nada que uno sobreviva a la experiencia y agudice los pabellones auditivos puede captar las diferentes armas con que nos han subyugado a lo largo de su travesía artística. El comienzo gargantuesco que supone Far From Fine es como recibir un puñetazo en la cara del mismísimo Galactus, con la voz de Ken Baluke (inconfundible con esos efectos de eco marca de la casa) gritándonos con regusto a porros cargados la primera y grandiosa revelación: Here I Go Again/Nothing's Gonna Change. Toda una declaración de intenciones que se verifica a lo largo del disco, y que nos muestra a una banda que es ama y señora de unos dominios que no tiene ninguna intención de abandonar. Lessons continúa la senda del corte inicial, composiciones contundentes que representan la densa, oscura y lisérgica visión que Sons Of Otis tienen del blues, y en la que Baluke demuestra que además de parir riffs gordos como cabezas de enano también puede arder con el fuego de un Hendrix enamorado de Carl Sagan y los porros. Pk y Alone nos retrotraen a los tiempos de X, cuando la banda nos hizo puré a base de tempos ultralentos, riffs aterradoramente gruesos y evocaciones surgidas de las indescifrables entrañas del cosmos. Guilt compacta de manera soberbia las virtudes del trío, lo lejos que han llegado en su amor por la tectónica y el pulido de un trono que actualmente se sitúa entre el que ostentan los italianos Ufomammut y los fumetas Bongzilla. La sonrisa y el gozo extasiado llegan con Never In My Life, la versión que se cascan del clásico de Mountain (ya les versionearon anteriormente en Temple Ball, concretamente la canción Mississippi Queen) y al que le insuflan toneladas de personalidad para dotar al tema de una densidad y alma space-rockera geniales. Termina Seismic con la ultramundana Space Jam, que haciendo honor a su nombre nos muestra la vertiente más rockera y libre de los de Toronto, y donde la sección rítmica se quita su traje de diplodocus para abrazar una interpretación llena de gusto refinado y versatilidad, de nuevo con Baluke haciendo un trabajo espectacular a las seis cuerdas.


Puede que nunca reciban el reconocimiento que merecen, pero Sons Of Otis vuelven a demostrar que pocas bandas pueden alardear de una discografía tan maravillosa como la suya y de una propuesta tan personal e intransferible. Seismic es otra victoria incontestable para el trío y la constatación de que tampoco en el vasto Universo hay ley más poderosa que la del riff.


martes, 3 de julio de 2012

ADRIFT FOR DAYS - Come Midnight... (2012)



Puedes escuchar Come Midnight... a través del Bandcamp de la banda. PINCHA AQUÍ.

Cuando pensamos en psicodelia generalmente nos vienen a la cabeza coloridas portadas, melenudos drogados y sonrientes y, en general, la idea de un revelador viaje interior más allá de las barreras convencionales del raciocinio, entendido todo ello como un proceso positivo de exploración del subconsciente. Pero incluso en conceptos tan humanos y subjetivos como estos, tan espirituales, actúa el ineludible principio de la acción y reacción, que nos habla de que "a toda fuerza de acción se opone una fuerza de reacción de igual magnitud pero en sentido contrario". Y es por esto que por cada Pink Floyd, por cada Hawkwind, nacen bandas como Neurosis o los protagonistas de hoy, Adrift For Days. Bandas que revelan las sombras nacidas de toda iluminación, que a su vez no tendría sentido si no es en comparación con la ausencia de luz. Un maridaje contradictorio que, como muchos en la Naturaleza, se mueve a través de colisiones, conflictos, evolución y movimiento, pero que en la esfera humana se ignora en beneficio de una vida más plácida y segura, ignorante. 


A contracorriente de este pensamiento miope, el jovencísimo quinteto australiano que visita hoy mi morada ahonda en los recovecos más perturbadores del alma, utilizando para ello una combinación de géneros evocadora y desasosegante. Nacidos en 2009 en Sidney, tan sólo un año después autoeditan su espectacular debut The Lunar Maria, un abrasivo viaje mezcla de sludge, doom y post-metal que les vale no pocos elogios entre la crítica especializada. Continúan su andadura con Come Midnight... (Art As Catharsis, 2012), su último trabajo hasta la fecha y otra mirada en profundidad a las penumbras que anidan en nuestro interior. 


Empezaré diciendo que Adrift For Days es una de las bandas más especiales y originales que haya dado el metal y el rock en muchísimo tiempo, hecho que queda corroborado en Come Midnight... aún más que en su prometedor debut. A través de una extraña alquimia los australianos han vertido en su crisol de mezclas géneros como el drone, el sludge, el post-metal, el doom y la psicodelia para obtener un elemento completamente nuevo y perturbador con la capacidad lisérgica de abrir tu mente a la oscuridad, a esa que nunca quisiste ver pero que sin embargo ansiabas. Como si Pink Floyd, The Doors, Neurosis y Cough le cantaran a tu alma desde el lado oscuro de la luna, el quinteto subyuga la forma a la idea, a la voluntad de moldear una propuesta que vaya más allá de ritmos y estructuras para instalarse en el reino donde la verdad surge de las catársis sensoriales. Un mundo de espiritualidad primigenia y pura donde Adrift For Days se mueven como pez en el agua, invocando en su travesía tectónicas murallas de sonido, riffs abrasadores o inquietantes y seductores pasajes de minimalismo acústico, todo ello acompañado de la versatilidad vocal de  Mick Kaslik. Capaz de bramar como una bestia ultramundana o abrazar la desesperación del blues más pantanoso, Kaslik es la guinda a un sonido inclasificable por no ir dirigido a la mirada escrutadora de la razón. A través de seis colosales cortes que se estiran hasta la hora y diez de duración, Come Midnight... te golpeará con toda la fuerza de una estrella colapsando (I. A Premonition II. Void III. The Aftermath), te mostrará la épica de la melancolía (House Of Cards), seducirá tus sentidos con mantras de otras dimensiones (Back Of The Beyond) y te hundirá en el éxtasis esquizoide de la desesperación (Eyes Look Down From Above). El trabajo a las seis cuerdas de Lachlan Doomdsdale y Ron Prince es realmente espectacular, exhibiendo con una suficiencia aplastante músculo a la par que gusto exquisito por las melodías, lija al mismo tiempo que caricias preñadas de peridición, moviéndose con fluidez donde otros sufrirían espasmódicos por tamaña soldadura creativa. Y al apagarse los rescoldos de este fuego insondable ardiendo entre notas musicales te quedará la sensación de que en el caos primordial que gobierna el Universo existe un patrón, pero cuyo conocimiento trae irremisiblemente la locura. Sin embargo dudo mucho que seas capaz de resistir la seducción de Come Midnight..., un viaje a esa demencia cósmica a través de la autopista de nuestra propia alma.


Come Midnight... es la demostración de que no todo está inventado pero a su vez la evidencia de algo que siempre ha estado ahí. Simplemente no queríamos verlo. Lo que si está claro es que Adrift For Days han creado un trabajo que podría ser sin dificultad el mejor disco de todo 2012. Así de sencillo. Así de aterrador. Así de bello...



miércoles, 27 de junio de 2012

ROYAL THUNDER - CVI (2012)




Las modas y las resurrecciones sonoras siempre provocan cierta suspicacia en un servidor, que piensa que nada ha sido ni ha muerto, siempre está ahí para quien tenga el interés por buscar e informarse. Y aunque de primeras toda esta explosión de bandas asociadas al rock ocultista y el proto-metal setentero con cantante femenina al frente podría hacer saltar todas mis alarmas, he de reconocer que el innegable talento de formaciones como Blood Ceremony, The Devil's Blood o Christian Mistress hace que no pueda sino alabar las maravillosas joyas sonoras que nos están regalando en los últimos años. A este selecto grupo (en el que también metería a Witch Mountain) tendremos que sumar a partir de hoy a Royal Thunder, reciente fichaje de Relapse Records (que siempre se suma al carro de las nuevas tendencias con unas bandas de órdago) y que con CVI nos presentan su debut en formato LP. Formados en 2006 por el guitarrista Josh Weaver, un año después suma a la alineación a la cantante y bajista Miny Parsonz, al batería Jesse Stuber (sustituido posteriormente por Lee Smith) y al guitarra rítmica Josh Coleman. En 2009 graban su EP de presentación de manera autoeditada, con el que rápidamente se ganan un nombre en la escena underground estadounidense y les vale firmar por Relapse, que reedita dicho EP en 2010. Por el camino han quedado conciertos al lado de gente como Scott Kelly de Neurosis, Kylesa o Wovenhand.


De todas esas bandas que he comentado probablemente sean Royal Thunder los más capacitados para dar el salto hacia una mayor audiencia, pues estamos ante la formación con más gancho de toda esa generación, gracias a una amalgama de sonoridades irresistible para todo aquel que alguna vez haya amado el rock. En CVI no vas a encontrar guiños al doom ni al proto-heavy plúmbeo de Black Sabbath y si toneladas de hard rock añejo con denominación de origen sureña, todo ello regado por unas melodías ante las que sólo te podrás quitar el sombrero. Lo que sin lugar a duda les emparenta con las bandas citadas es la presencia de una voz femenina predominante, capaz por sí sola de acaparar toda la atención del oyente. Dominadora de una gama extraordinariamente amplia de registros y con una interpretación vocal llena de pasión, la señorita Parsonz es sin lugar a dudas uno de los elementos esenciales para comprender la magia que desprende la propuesta de Royal Thunder. Por otro lado que los principales referentes no sean Black Sabbath (aunque están presentes como no podía ser de otra manera) sino combos como Allman Brothers y Led Zeppelin hacen que CVI suene como un disco diferenciado de sus compañeros de viaje, mucho más dinámico y ágil, aunque sin renegar a ese aura de oscuridad del que parten todos. El cuarteto tampoco esconde su lugar de origen, y como el resto de insignes formaciones de Georgia (Mastodon, Baroness, Kylesa...) despliegan esa inequívoca mixtura de metal contundente y rock añejo que tan famosos les ha hecho, añadiéndole además a su propuesta no pocas dosis de melodías pop (algo que también hacen los Kylesa más recientes). Los 10 temas que componen CVI se podrían dividir en dos grupos bastante diferenciados pero que trabajan estupendamente juntos. En un primer saco tendríamos las composiciones más urgentes y de metraje más comedido, caso del single Whispering World, todo un hit descomunal que suena a un cruce imposible entre Hole y Led Zeppelin. En este grupo también tendríamos la irresistible e infecciosa No Good o la muy popera Minus. Estos temas sirven (además de por sus méritos propios) como contrapeso del grueso principal del álbum, formado por composiciones de mayor duración donde se dan de la mano blues, rock progresivo y hard rock en una alquimia sonora tremendamente seductora y plena de evocación. Con las guitarras en un primer plano de protagonismo y moviéndose con soltura por cuantos estilos clásicos se les pongan por delante, nos llegan joyas sorpresivas como Blue, casi 10 minutos de cruce entre hard rock primigenio, blues y languidez crooner que te dejará de una pieza. Sleeping Witch (recuperada del EP debut) se mueve por los mismos pasajes oscuros y lisérgicos que los Earth de los últimos años, mientras que Shake And Shift muestra un dominio de las transiciones y la dinámica simplemente acojonante. Variadito para un disco de rock, verdad? Pues eso es lo que es CVI, un soberbio álbum de rock, evocador, eléctrico y tremendamente poderoso, uno de los mejores trabajos en lo que llevamos de año.


CVI es el sueño húmedo de todo buen amante del hard rock clásico, con todos los ingredientes para convertirse en un pequeño clásico moderno del género. Pero al mismo tiempo tiene la oscuridad y el poderío suficientes para enganchar al fan metálico, y las melodías capaces de arrodillar a medio mundo. Lo tiene todo, y con él Royal Thunder se convierten en una de las formaciones más prometedoras del panorama rockero internacional.


viernes, 8 de junio de 2012

USE THE FUZZ (Split) - 2012




Regreso tras un periodo de reflexión derivado de las cada vez mayores dificultades que están surgiendo para poder compartir la música en la red. Y lo hago inmensamente agradecido por vuestras palabras de apoyo, con la firme intención de seguir dando guerra hasta el final. Para celebrarlo qué mejor que con unas buenas dosis de rock, riffs contundentes, evocaciones desérticas y psicodelia. Use The Fuzz es el disco con el que se dan a conocer dos jóvenes formaciones austriacas, Parasol Caravan y Cachimbo De Paz, y que en Febrero de este año les ha valido para girar por Austria, Alemania, Bélgica y la República Checa. Junto a Torso, de los que ya hablé aquí hace bien poco, parece que algo poderoso se mueve en la hasta ahora desconocida (al menos por mí) escena rockera austriaca, algo de lo que un servidor no puede menos que saludar con entusiasmo. La estupenda portada del Split ha corrido a cargo del francés Johan Jaccob, vocalista y guitarra de Glowsun.





Use The Fuzz se abre con la propuesta del cuarteto Parasol Caravan, toda una gozada para aquellos que abrazan el stoner rock como una religión. Con la omnipresente referencia de Kyuss como punto de partida, los austriacos añaden toneladas de melodía y de aire sureño a su sonido, acercándoles muy mucho al hard rock con denominación de origen estadounidense que practican Black Stone Cherry. Más pesados que los de Kentucky (que este disco se llama Use The Fuzz por algo) pero haciendo gala de su misma energía, Parasol Caravan se mueven con una soltura sorprendente tanto en cortes electrizantes como The Barbers Snake o Big Kahuna como en composiciones llenas de medios tiempos blueseros, caso de Chinese Eyes y Psychotic Fever, donde brilla con luz propia la poderosa voz de Alexander Kriechbaum. No esperéis originalidad en los cuatro temas de estos tíos, pero como muchas veces repito a quién cojones le importa cuando a cambio obtienes una ración maravillosa de rock gordo, sudoroso, de ese al que le da igual las décadas que pasen. Si lo flipas por igual con el stoner noventero como con propuestas más hard rockeras al estilo de los mencionados Black Stone Cherry o The Answer, en Parasol Caravan vas a encontrar toda una apuesta de futuro.




Cachimbo de Paz se mueven por otros derroteros bien diferentes, algo que dejan claro en su primer corte Stare Into The Sun. Con un sonido mucho más grueso, pantanoso y lisérgico que sus compatriotas Parasol Caravan, el trío hacen de la densidad una bandera que ondean bien alto en los cuatro temas que despliegan en Use The Fuzz. Lo primero que destaca es la personalísima voz de Markus "Chu" Kapeller, de una profundidad cazallera que asusta, como regada de bourbon y porros cargadísimos en fiestas que uno se imaginaría en Lousiana pero nunca en la civilizada Austria. Aquí los referentes directos se hacen más complicados de dilucidar, y aunque es evidente que maman de Kyuss y su omnipresente legado, la manera en la que despliegan su densa psicodelia hablan de una formación de personalidad por encima de la media. En algún incierto lugar entre las huestes de Homme, los holandeses Pendejo y el stoner blues musculoso de Wo Fat, Cachimbo de Paz se mueven como pez en el agua en los tempos calmados y sofocantes como la brea, de lo que dan buena fe en cortes como el mencionado Stare Into The Sun o Lady. También hay pequeñas sorpresas, caso de Coyotes On Peyote, con una entrada de bajo espectacular y casi funky que deviene en un tema delirante que, haciendo honor al título, derrocha emanaciones lisérgicas por los cuatro costados. No puedo sino aplaudir a una banda que en su presentación demuestra tantas aptitudes compositivas y originalidad (para moverse por estos terrenos) como el trío austríaco, y que de seguir por este camino pueden convertirse en una banda muy a tener en cuenta dentro del panorama rockero europeo. Tiempo al tiempo...

PARASOL CARAVAN:

CACHIMBO DE PAZ:


lunes, 14 de mayo de 2012

ARC OF ASCENT - The Higher Key (2012)


Puedes escuchar el disco a través del Bandcamp de Arc Of Ascent. PINCHA AQUÍ.

Ganas tremendas le tenía a uno de los discos más esperados por un servidor este año. No es para menos, puesto que el debut de los neozelandeses, Circle Of The Sun (2010, Astral Projection), fue todo un sorpresón que se coló en la mayoría de listas de lo mejor de aquel año para los fans del stoner y el rock pesado en general. Capitaneados por el gran Craig Williamson (Datura, Lamp Of The Universe), Arc Of Ascent despliegan una propuesta que amalgama la contundencia del stoner con sonoridades orientales y desarrollos propios de la psicodelia, dando como resultado una música hipnótica y muy personal. Acompañado esta vez por el guitarrista Sandy Schaare y el batería John Strange, Williamson (voz, bajo, teclados y sitar) demuestra con The Higher Key que el revuelo formado hace dos años fue mucho más que un golpe de suerte.


Porque lo han vuelto a conseguir, y de qué manera! Sorprendentemente han sido capaces de potenciar la musculatura de su propuesta bicefálica para conseguir un trabajo que es a la vez más pesado e hipnótico que su predecesor. Cada vez más cerca de la cadencia mántrica de Lamp Of The Universe pero sin renunciar a unos riffs que son pura tectónica contundente, Arc Of Ascent moldean seis cortes realmente mágicos, volcánicos y llenos de espiritualidad que te mantendrán pegado a los cascos en estado de éxtasis, pensando que al final eso del nirvana va a ser algo más que una gilipollez budista. Erguidos sobre un riff ganador tras otro cada canción va fijando su estructura firmemente al suelo, fundiéndose con la roca, para una vez asentada elevar sus tentáculos al cielo, deviniendo en ciclópeos monumentos de trascendentalismo sonoro, algo a lo que ayudan mucho las profundas letras de Williamson. A pesar de su cuerpo compacto y homogéneo The Higher Key resulta una obra llena de matices y diversidad a nada que se afine un poco el oído y se traspasen las primeras capas de denso oleaje guitarrero, encontrando elementos más allá de los estándar en el género, como el orientalismo sonoro o la lisergia propia del rock psicodélico. Con la poderosa y sabbathica Celestial Altar retiramos el Velo de Maya a guantazos, para descubrir que efectivamente los hindúes tenían razón y tras él se esconde la verdadera realidad, bella, fascinante y más allá del escrutinio de la razón y la materia. Redemption nos muestra ese otro mundo a través de una cadencia propia del doom, empapada de ácido y cuya estructura es la más cercana a experimentar un mantra entre riffs de otras dimensiones. Y una vez que nuestra percepción se ha acostumbrado a nadar a través del oleaje de la infinitud llega la auténtica revelación de la mano de las dos grandes joyas del álbum, Elemental Kingdom y la final Through The Rays Of Infinity. La primera es un titán de leyenda que despierta con el chocar de placas tectónicas y que según avanza el metraje despliega sus alas para encontrarse con el cosmos, de la mano de unos coros de reminiscencias orientales y unos exquisitos solos de guitarra a cargo de Sandy Schaare (que hace un trabajo espectacular a lo largo de todo el álbum). Through The Rays Of Infinity, mi preferida, recorre el camino inverso y como si de un meteorito apocalíptico se tratase atraviesa la vastedad del Universo para acabar impactando con la fuerza de mil bombas atómicas sobre la Tierra, resquebrajando su corteza a golpe de riffs ultramundanos y un final acojonante capaz de pulverizar las vigas maestras de tu edificio. Con el cuerpo molido pero el alma plena de júbilo, al acabar tendrás la sensación de haber vivido 45 minutos únicos, junto a la convicción de que el señor Williamson es lo más cercano a un gurú que nos pueda ofrecer el rock hoy día.


Confirmando la grandeza de su debut, Arc Of Ascent han vuelto a parir una obra maestra que dinamita las posibilidades de cualquier otro intento ganador que salga de las filas del stoner internacional. Porque The Higher Key es imbatible, un ente aliado con las fuerzas del cosmos para sacudir nuestras cerradas mentes racionales. Cuando el heavy y la gracia divina se dan de la mano...