Ecos de una ciudad sumergida.

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jueves, 4 de octubre de 2012

FALLING DOWN IIV (2012)



Que en el underground musical lo que prima son la ilusión, las ganas y la pasión por encima del sucio dinero es algo de sobra conocido, y no sólo por englobar géneros de muy difícil acogida masiva por parte del público. No, hay una filosofía de trasfondo que nos habla de la búsqueda de un sendero propio e independiente que no responda a ninguna presión más allá de la que ejerce la imaginación y el talento por salir a flote. Aún así de vez en cuando aparecen proyectos que nos sorprenden por su osadía, caso del recopilatorio que traigo hoy a mi humilde morada. Falling Down IIV es el tercero de una serie de recopilatorios creados por una pareja de franceses a los que como mínimo debo tildar de locos. Atreverse en los tiempos que corren a editar en un lujoso formato físico (y de manera completamente independiente) temas inéditos de bandas de primer nivel dentro del metal underground y pretender que la cosa llegue a buen puerto es cuanto menos descabellado. Ya sólo en el aspecto meramente técnico y de confección del mismo la tarea ha tenido que ser titánica: contactar y convencer a las bandas para ceder dichos temas, la edición del recopilatorio (acojonante), el artwork (aún más acojonante) e intentar no arruinarte por el camino son sólo algunos de los aspectos que los creadores de Falling Down llevan sorteando desde que en 2008 apareciera el primer volumen con temas inéditos de Kylesa, Ufomammut, The Ocean, Year Of No Light, Jucifer y Ommega Massif entre otros (hasta un total de 40 bandas!). En 2010 apareció el segundo volumen, y además de conseguir que repitieran muchas de esas bandas, añadieron material sin publicar de otras como Kongh, Farflung, Mumakil o Across Tundras. No contentos con ello regresaron a mediados de este año con Falling Down IIV, de nuevo con una oferta irresistible en la que participan grupazos (20 bandas de 11 países diferentes) del calibre de Hopewell, Year Of No Light, Mars Red Sky, Julie Christmas, Terra Tenebrosa, Rorcal, Mouth Of The Architect o Ayahuasca Dark Trip. Y si eres de los afortunados que pudiste hacerte con la Endless Edition (ya agotada), podrías haber disfrutado de un CD y un DVD extras a los que se sumaban Pelican, Stoned Jesus, The Great Old Ones o Zatokrev más directos exclusivos de Ufomammut, Ocoai o Amen Ra. Casi nada!



Entrando en materia y centrando la mirada en lo estrictamente musical, lo primero que sorprende es el gusto y conocimiento exquisitos con que se ha estructurado el recopilatorio. Y no es sólo que los temas sean espectaculares (¿por qué los escondían de nuestros oídos?!!), sino que el orden en que están colocados hace que las casi dos horas y media que contienen los dos discos fluyan con una naturalidad asombrosa, sin altibajos ni cambios bruscos entre propuestas. Sólo os diré que he sido capaz de disfrutar ambas partes de una tacada varias veces, sin perder la atención ni saltarme ningún corte. Aquí todos aportan, y de qué manera. La compilación comienza pillándote a contrapié con la ultravitaminada y muy funky This Is This de los psicodélicos Hopewell, un temón para morir en la pista de baile bajo los efectos de un coktail de peyote y anfetaminas. Tras la sorpresa inicial nos adentramos en las entrañas del primer CD, que se apoya en las propuestas más progresivas y sugerentes, comenzando por la maravillosa colaboración entre Year Of No Light y Mars Red Sky. Green Rune With Totem es un corte ciclópeo lleno de pasajes etéreos salpicados por explosiones de vulcanismo ruidista y guitarreos plúmbeos que incluso hacen guiños a una épica soterrada pero palpable en el latir de cada nota. Los estadounidenses Ocoai demuestran que lo conseguido con el tremendo Breatherman (2008, Missing Words Records) no fue la suerte del principiante, y Mère De La Lumière Du Matin les reafirma como todo un valor de futuro merced a una propuesta que conjuga la pesadez del sludge con desarrollos y sonoridades propias de los mejores Pink Floyd. En Apollo Creed los hippies de The Flying Eyes nos convencen entre psicodelia, sonoridades orientales y trascendentalismo que no han compartido escenario con Jeff Beck y Hawkwind por su cara bonita, reivindicándose también como otra banda muy a tener en cuenta en el futuro (el año pasado ya avisaron muy seriamente con el estupendo Done So Wrong). El dúo italiano Vanessa Van Basten (nada que ver con el genial delantero holandés) nos deleitan en Got To Stay con su sonido marca de la casa, pura ensoñación que se mueve entre el post-rock y el minimalismo más bello. Los también italianos Dyskinesia dejan de lado su rostro más ruidista y agresivo (aquel que nos golpeó en el genial Dalla Nascita del año pasado) en Tra I Ghiacci pero sin perder esa mordiente que hace de ellos una de las bandas más inquietas, sorprendentes y oscuras del planeta. Para todos los que no los conozcáis, podéis descargar su último disco a través de la página del estupendo sello digital Frohike Records. Con Planning For Burial despertamos de la ensoñación entre sábanas de lija, y es que Friendship nos manda de una patada en el culo a postrarnos ante el proyecto de este neoyorquino capaz de subyugar en una misma propuesta los universos del post-metal, el drone, el noise, el shoegaze e incluso el black metal. Aidan Baker de Nadja nos rescata del colapso nervioso con una instrumental para recuperar el resuello y encarar el final del disco. Falta hace cuando acto seguido llega esa diosa llamada Julie Christmas con su noise rock desquiciado muy deudor de su anterior banda, los nunca suficientemente reverenciados Made Out Of Babies (además de haber formado parte de la superbanda Battle Of Mice y actualmente estar inmersa en la no menos "super" Spylacopa junto a gente de The Dillinger Escape Plan, Candiria e Isis). Cierran el primer disco los post-rockers británicos The Winchester Club (con Harry Armstrong de los geniales End Of Level Boss en sus filas), un corte bellísimo y que hará las delicias de los fans de Godspeed You! Black Emperor.





En el segundo CD viajamos al lado más oscuro, plúmbeo y desgarrador del underground, ese que nos obliga a apretar los puños y enseñar los dientes aunque sin desdeñar los viajes astrales a los rincones más insondables del cosmos. Y es que cuando la cosa arranca con ese esputo cargado de odio hardcore que es Syntax Error de los escoceses Black Sun, uno sólo puede agarrarse los machos y esforzarse por no perder los dientes. Yo los tenía por una banda de sludge/doom, pero aquí se cascan un himno furibundo que me levantó de la silla de un guantazo. Sin tiempo para recuperarnos llegan los suizos Rorcal para recordarnos por qué son considerados uno de los grupos más oscuros e intensos del planeta. Si Heliogabalus (2010, Cal Of Ror Records) te pareció una obra maestra similar a un enorme taladro roñoso en el centro de tu alma, Világvége V hará que te corras del gusto entre espasmos de dolor y muerte. Si no los conoces (y deberías), puedes acceder a su discografía gratuitamente a través de su página web. De dolor, muerte y decadencia también saben un rato los suecos Terra Tenebrosa, con ex-miembros de los legendarios Breach en sus filas y que colaron su debut The Tunnels (2011, Trust No One Recordings) en muchas de las listas de lo mejor del año, incluida la mía. Escuchando Apokatastasis uno se sorprende de que no estuviera incluida en el LP, porque es todo un puto temón que me recordó por su poderío al Stones From The Sky de Neurosis, aunque imbuido de un amor especial por Godflesh. Desde Bayona nos llegan los todopoderosos Monarch! para alzar bien alta la bandera del doom, y os aseguro que Daggvrs se gasta unos riffs capaces de romperle la mandíbula al mismísimo Hulk. Con la guitarra tremebunda de Shiran Kaidine (Year Of No Light), el golpeo inmisericorde de Rob Shaffer (Dark Castle, ex-YOB) y los gritos maníacos Emilie Bresson (completa la alineación MicHell Bidegain al bajo), el cuarteto es una máquina salida del Infierno para pulverizarte todos los huesos del cuerpo. Tras la paliza llega Syndrome, el proyecto personal de Mathieu Vandekerckhove de los grandiosos Amenra. Now And Forever (la versión inédita y ceñida a un metraje "manejable", la original dura media hora) es capaz de ponerte los pelos de punta con su oscurísima mezcla de minimalismo, post-rock y drone, contando además con la participación de Colin H. van Eeckhout (voces) de Amenra y Josh Graham (piano y Moog) de Neurosis. Un pasote. La psicodelia cósmica de tintes orientales llega de la mano de los geniales Ayahuasca Dark Trip, que haciendo honor a su nombre nos regalan en Manantial todo un viaje hacia el lado oscuro del trascendentalismo hindú. Una vez vuelto del mismo uno entiende el considerable revuelo que han montado con tan sólo un LP y un EP entre la parroquia más fumeta. Siguiendo la senda de la tectónica entran en tromba los ucranianos Ethereal Riffian. Mars Of Spiritu (Rise Of Sheol) corrobora las grandes sensaciones de su EP debut Shaman´s Visions (2011, Autoeditado), una de las gratas sorpresas del año pasado merced a su brillante continuación del legado de los seminales Sleep. El corte es una marcha marcial de densidades cósmicas y efluvios cannábicos capaz de dejarte en un trance insalvable, pero que a la que te descuidas te suelta unos sopapos de órdago. Una banda muy a tener en cuenta, y en cuyo universo os animo a entrar a través de su Bandcamp. La psicodelia y el space-rock asoman la cabeza con los galeses Sendelica. Nunca he sido muy fan de su propuesta (me falta algo en sus discos, tal vez un poco más de energía), pero estoy seguro que los fans acérrimos del género sabrán valorar mejor que yo un corte como Ingrid Cold (el remix editado). Los rusos Vespero ya son otro cantar, pues no sólo se trata de la mejor banda de su país, sino uno de los grupos de space-rock más grandes de todo el puto planeta. Desquicie cósmico, energía desbordante y un dinamismo imparable que en Flight Of The Lieutenant nos retrotraen a hace dos añitos cuando nos dejaron el culo roto con el magistral By The Waters Of Tomorrow (2010, RAIG). Y para cerrar el disco qué mejor que hacerlo a lo grande con Mouth Of The Architect, que tras el viaje espacial nos lanzan contra el suelo con el post-metal de How This Will End. Colofón perfecto para una de las maratones sonoras más maravillosas a las que puedas acceder hoy día.




Falling Down IIV es un recopilatorio alucinante, una joya facturada con un gusto exquisito y que abraza con sus tentáculos buena parte de la grandeza musical de nuestros tiempos. La mayor bofetada y contestación a aquellos que dicen que ya no se hace música como antes. Ignorantes. 

Más información sobre Falling Down IIV:

Puedes comprar el recopilatorio aquí:



martes, 3 de julio de 2012

ADRIFT FOR DAYS - Come Midnight... (2012)



Puedes escuchar Come Midnight... a través del Bandcamp de la banda. PINCHA AQUÍ.

Cuando pensamos en psicodelia generalmente nos vienen a la cabeza coloridas portadas, melenudos drogados y sonrientes y, en general, la idea de un revelador viaje interior más allá de las barreras convencionales del raciocinio, entendido todo ello como un proceso positivo de exploración del subconsciente. Pero incluso en conceptos tan humanos y subjetivos como estos, tan espirituales, actúa el ineludible principio de la acción y reacción, que nos habla de que "a toda fuerza de acción se opone una fuerza de reacción de igual magnitud pero en sentido contrario". Y es por esto que por cada Pink Floyd, por cada Hawkwind, nacen bandas como Neurosis o los protagonistas de hoy, Adrift For Days. Bandas que revelan las sombras nacidas de toda iluminación, que a su vez no tendría sentido si no es en comparación con la ausencia de luz. Un maridaje contradictorio que, como muchos en la Naturaleza, se mueve a través de colisiones, conflictos, evolución y movimiento, pero que en la esfera humana se ignora en beneficio de una vida más plácida y segura, ignorante. 


A contracorriente de este pensamiento miope, el jovencísimo quinteto australiano que visita hoy mi morada ahonda en los recovecos más perturbadores del alma, utilizando para ello una combinación de géneros evocadora y desasosegante. Nacidos en 2009 en Sidney, tan sólo un año después autoeditan su espectacular debut The Lunar Maria, un abrasivo viaje mezcla de sludge, doom y post-metal que les vale no pocos elogios entre la crítica especializada. Continúan su andadura con Come Midnight... (Art As Catharsis, 2012), su último trabajo hasta la fecha y otra mirada en profundidad a las penumbras que anidan en nuestro interior. 


Empezaré diciendo que Adrift For Days es una de las bandas más especiales y originales que haya dado el metal y el rock en muchísimo tiempo, hecho que queda corroborado en Come Midnight... aún más que en su prometedor debut. A través de una extraña alquimia los australianos han vertido en su crisol de mezclas géneros como el drone, el sludge, el post-metal, el doom y la psicodelia para obtener un elemento completamente nuevo y perturbador con la capacidad lisérgica de abrir tu mente a la oscuridad, a esa que nunca quisiste ver pero que sin embargo ansiabas. Como si Pink Floyd, The Doors, Neurosis y Cough le cantaran a tu alma desde el lado oscuro de la luna, el quinteto subyuga la forma a la idea, a la voluntad de moldear una propuesta que vaya más allá de ritmos y estructuras para instalarse en el reino donde la verdad surge de las catársis sensoriales. Un mundo de espiritualidad primigenia y pura donde Adrift For Days se mueven como pez en el agua, invocando en su travesía tectónicas murallas de sonido, riffs abrasadores o inquietantes y seductores pasajes de minimalismo acústico, todo ello acompañado de la versatilidad vocal de  Mick Kaslik. Capaz de bramar como una bestia ultramundana o abrazar la desesperación del blues más pantanoso, Kaslik es la guinda a un sonido inclasificable por no ir dirigido a la mirada escrutadora de la razón. A través de seis colosales cortes que se estiran hasta la hora y diez de duración, Come Midnight... te golpeará con toda la fuerza de una estrella colapsando (I. A Premonition II. Void III. The Aftermath), te mostrará la épica de la melancolía (House Of Cards), seducirá tus sentidos con mantras de otras dimensiones (Back Of The Beyond) y te hundirá en el éxtasis esquizoide de la desesperación (Eyes Look Down From Above). El trabajo a las seis cuerdas de Lachlan Doomdsdale y Ron Prince es realmente espectacular, exhibiendo con una suficiencia aplastante músculo a la par que gusto exquisito por las melodías, lija al mismo tiempo que caricias preñadas de peridición, moviéndose con fluidez donde otros sufrirían espasmódicos por tamaña soldadura creativa. Y al apagarse los rescoldos de este fuego insondable ardiendo entre notas musicales te quedará la sensación de que en el caos primordial que gobierna el Universo existe un patrón, pero cuyo conocimiento trae irremisiblemente la locura. Sin embargo dudo mucho que seas capaz de resistir la seducción de Come Midnight..., un viaje a esa demencia cósmica a través de la autopista de nuestra propia alma.


Come Midnight... es la demostración de que no todo está inventado pero a su vez la evidencia de algo que siempre ha estado ahí. Simplemente no queríamos verlo. Lo que si está claro es que Adrift For Days han creado un trabajo que podría ser sin dificultad el mejor disco de todo 2012. Así de sencillo. Así de aterrador. Así de bello...



viernes, 4 de mayo de 2012

AUTHOR & PUNISHER - Ursus Americanus (2012)


Puedes escuchar el álbum completo a través del Bandcamp de Author & Punisher. PINCHA AQUÍ.

Vaya ojo que tienen los señores de Seventh Rule Records... No contentos con fichar a Wizard Rifle, autores de uno de los debuts del año, ahora van y suman a sus filas a ese geniecillo llamado Tristan Shone para engrosar un catálogo cada vez más impresionante. Para los que no lo conozcan, Tristan Shone es un productor, multi-instrumentista e ingeniero de sonido cuyos conocimientos de mecánica (trabaja como ingeniero en el National Center Of Microscopy And Imaging Research y en el Center For Research And Computing In The Arts de California) le han servido para fabricarse la mayoría de instrumentos que utiliza en su peculiar propuesta sonora, Author & Punisher. Con tres discos en la calle entre los que destaca el demoledor Drone Machines (2010), Ursus Americanus es su nuevo ejercicio de trepanación cerebral a ritmo de doom metal industrial.


Drone Machines me provocó no pocas erecciones, pero Ursus Americanus es una bestia aún mayor que su predecesor, mejorados todos sus golpes y afiladas las fauces para lanzarse a uno de los ataques de primarismo industrial más contundentes en mucho tiempo. Partiendo de esa cadencia hipnótica tan característica del doom, Tristan Shore despliega una propuesta que podría definirse como la banda sonora preferida de Skynet para sodomizar humanos bajo un troquel. Las atmósferas opresivas que envuelven Ursus Americanus son de una masividad casi física, creando la ambientación perfecta para el golpear de un asalto sónico inmisericorde a la par que enfermizamente seductor. Moviéndose con un gusto exquisito a través de insignes referentes, la vertiente más abrasiva de Author & Punisher recuerda a los todopoderosos Godflesh yéndose de parranda con los Ministry del enorme Filth Pig, lo que queda refrendado en joyas de sodomía espiritual como Terrorbird o Lonely. A mitad de camino, como si de un enorme sol oscuro sobre el que orbitara el resto del disco se tratase, encontramos la ciclópea Set Flames y los referentes mutan, así como las sensaciones del oyente. Cambiando los puñetazos por las atmósferas abrasivas como lija del 10, estamos ante un tema cuyo percusionismo frenético nos recordará a unos Swans empapados de drone desquiciante dispuestos a poner la banda sonora al Apocalipsis, con unas voces distorsionadas realmente sobrecogedoras. La cosa no acaba aquí, porque según nos acercamos al final del disco y como si el bueno de Tristan Shone se percatara de lo maltrecha de nuestra cordura y huesos a esas alturas de la función, torna su Juggernaut sonoro en una mortaja ambiental con la que cubrir nuestros cadáveres, acercándose por momentos a las coordenadas de unos Aphex Twin convertidos al reverso oscuro de la fuerza. Ejemplos de ello son las hipnóticas Below And Above You e ILL Consuming, que son el equivalente de regodearte en el sabor de tu propia sangre tras ser apalizado por un escuadrón de robots homicidas. Y cuando las últimas notas de Ursus Americanus se disipan, al dolor físico y espiritual se suma la sensación de haber asistido a una experiencia única de la que puede que no escapes vivo la próxima vez.


Hombre y máquina fusionados en maestro de ceremonias para el fin de los días, Author & Punisher es el arte convertido en celebración del holocausto, y Ursus Americanus un retazo de futuro cada vez más cercano, el del hombre aplastado por el peso de sus soberbias creaciones.





miércoles, 17 de agosto de 2011

BONG - Beyond Ancient Space (2011)



Hoy nos toca viajar al lado más denso e introspectivo del panorama musical, de la mano de una banda tremendamente especial, tanto por la propuesta musical que abanderan como por su inmensa productividad en el poco tiempo que lleva la formación en activo (empezaron en 2005 pero sus primeros trabajos vieron la luz a partir de 2007). Porque en los últimos cuatro años este cuarteto de Newcastle ha editado la friolera de 24 títulos, entre LP's, EP's, Splits y discos en directo, en gran parte determinados por la pertenencia de los miembros de Bong a muchas otras bandas de la efervescente escena local de su ciudad. Como es natural, tanta inquietud hace que esas referencias tengan sus altos y bajos, pero se puede decir que en todas ellas Bong se han desmarcado como una banda única, y su heavy/doom de fuertes influencias drone y psicodélicas como una de las propuestas más ilusionantes y frescas de la escena metálica internacional, aunque sólo un puñado de personas les conozcan o (lo más habitual) sean capaces de operar esa transformación mental necesaria para encarar los trabajos de estos visionarios del doom. Beyond Ancient Space es el tercer LP del cuarteto, y a tenor de las críticas recibidas, un aspirante claro a colarse en muchas listas de lo mejor de 2011, aunque operando desde un underground del que dudo que vayan a salir nunca. La alineación de este equipo de cosmonautas es Dave Terry al bajo y voces, el batería Mike Smith, Mike Vest como encargado de las seis cuerdas y efectos, y Ben Freeth poniendo el toque exótico con su sitar y shahi baaja (versión electrificada y ligeramente modificada del bulbul taranj indio, y que con sus doce cuerdas y teclado suele ser utilizado tanto en composiciones techno del país como en bandas de drone y psicodelia). 


Ya comentaba que para escuchar la música de Bong hacía falta cierto ejercicio de adecuación mental, de liberarnos de cualquier otro concepto ajeno a la receptividad sensorial plena, paso previo y necesario para empaparse de lleno en ese Universo infinito y extraño que está contenido en Beyond Ancient Space. En este mundo de prisas, ajetreos y estrictos horarios, de modas y estilos artísticos muertos a los segundos de nacer, no es de extrañar que una propuesta como la de los británicos no sea la más popular del vecindario. Y es así porque su música es una invitación a detenerse, a vaciar la mente de todo concepto superficial y adentrarse en ese vasto cosmos aterrador y maravilloso que no es otro que el que existe dentro de cada uno. Para ello no han dudado en viajar a la fuente y hacer suyas las enseñanzas tanto de los primeros músicos de nuestra civilización como de lo más granado del rock en todas sus vertientes, en un viaje sonoro que recorre desde el Sama Veda o Veda de los cánticos a la heterodoxia doom de Hey Colossus, pasando por ecos del space rock de Hawkwind e incluso del shoegaze de My Bloody Valentine. Pero, y esto es lo más importante, todas estas influencias no son más que herramientas para obrar un fin mayor, diferente, la experiencia como cristalizadora de las conclusiones presentes y los actos del mañana. Las murallas de sonido, los efectos drone, el sitar y shahi baaja siempre en primer plano, los cánticos, los 75 minutos divididos en 3 cortes mastodónticos, todo está conjurado en Beyond Ancient Space para obrar en el oyente una transformación trascendental, un efecto narcótico que prepara sus constantes vitales y espirituales para adentrarse en ese infinito desgraciadamente tan desconocido como es el que vive en nuestro fuero interno. Por todo lo dicho sería, no obstante, todo un error catalogar la música de Beyond Ancient Space como simplemente psicodelia, ya que aunque la miríada de matices que convierten el álbum en un fresco intrincado puedan desviar la mirada de la raíz, ese punto de partida es inequívocamente doom, y de una potencia, fuerza y densidad que nada tienen que envidiar a las bandas más plúmbeas del panorama actual. Como si de unos Om sumergidos en mercurio líquido se tratase, pero sin ninguna de sus pajas mentales pseudo-religiosas, Bong actúan a un nivel mucho más primario, moviéndose en una espiral expansiva contradictoria, ya que en realidad su trazado se va enroscando cada vez más dentro, más profundo, en nuestras entrañas, reflexión que habla de que para alcanzarnos tenemos antes que abrirnos al infinito. Por todo esto dudo mucho que una banda como Bong sea jamás un nombre de primera fila dentro del doom, y del metal en general. Es imposible que ocurra en un mundo donde la gente ha renunciado a vivir su propia vida, delegando ese don preciado (el más preciado) en arquetipos de plástico y banales historias de bazofia catódica. Puede que en un futuro más radiante, con menos toneladas de mierda encima, una propuesta como la de los británicos sea por fin reconocida, y sus álbumes estudiados en conservatorios. Hasta que ese día llegue, un servidor se seguirá conformando con pinchar Beyond Ancient Space, cerrar los ojos y perderse en las constelaciones de su mente. 


Si YOB es la mejor banda doom de la actualidad, Bong se han confirmado como el mejor grupo  fuera de la corriente temporal. Porque eso nos propone Beyond Ancient Space, romper las barreras de lo físico, de lo posible, para adentrarnos en un plano de ritmos primarios y ensoñaciones lisérgicas, donde la música es mucho más que discos, formatos, giras o estribillos. La música como espíritu destilado, insustancial, poderoso y creador.

NOTA: FUCKING CLASSIC (+10/10)


miércoles, 26 de enero de 2011

THE BODY - All The Waters Of The Earth Turn To Blood (2010)



Hace tres semanas, olfateando por la web de Relapse, descubrí una oferta del 20% en todos los discos que la revista norteamericana Decibel había incluido como los 40 mejores álbumes de 2010. Revisando dicha lista (que está bastante bien, todo hay que decirlo), me fijé en un par de nombres a los que no tenía controlados para nada, y uno de ellos llamó bastante mi atención, tanto por su inquietante portada como por lo que leí acerca del grupo en la red. The Body se llamaban, y tenían dividida a la crítica entre los que les encumbraban como genios y los que directamente les tildaban de estafadores. Ni que decir tiene que me lo pillé instantáneamente (me encantan este tipo de grupos que polarizan opiniones, y por 9$ el riesgo tampoco era excesivo) y fue el primer disco que escuché de todos los que me llegaron de aquel pedido. Antes de desarrollar mi impresión acerca de su trabajo, y para contextualizar un poco el asunto, decir que The Body es un dúo proveniente de Rhode Island, compuesto por dos pedazos de rednecks barbudos que responden a los nombres de Lee Buford (batería) y Chip King (guitarra) y que a tenor por lo visto en sus fotos de myspace, son grandes amantes de los fusiles de asalto. Formados en 2005, All The Waters Of The Earth Turn To Blood es su segundo álbum, y el que les ha colocado en el punto de mira del panorama metálico, para bien (muy bien) y para mal (hay criticas despedazadoras). En mi opinión no es muy conveniente meterse mucho con ellos, pues tienen pinta de ser capaces de cruzar el Atlántico en una destartalada chalupa, presentarse en tu casa, violar a tu animal de compañía y descuartizarte con un machete roñoso, para acto seguido volverse al agujero del que provienen a disparar a cualquier dominguero que ose acercarse a su propiedad. Pero bueno, allá cada cual...


Ahora viene cuando la matan, porque definir la música de The Body se antoja realmente complicado. Por  todo lo que rodea a estos dos tíos, uno podría esperar un ataque furibundo de sludge rabioso, y no voy a negar que algo de eso hay, pero es sólo una fracción de lo expuesto en All The Waters... En muchos sentidos, y aunque parezca sorprendente, el álbum es uno de los ejercicios de experimentación sonora más arriesgados y extremos con el que jamás me haya enfrentado. Porque la mezcla de drone, sludge, noise, ambient e incluso gospel que compone este trabajo os aseguro que no la podréis asociar a ninguna otra propuesta. Sorpresa tras sorpresa, Buford y King dejan bien claro que la etiqueta de doom metal se les queda pequeña para la colosal tarea que se habían impuesto en la composición del álbum. Hasta 32 músicos intervienen en el mismo, incluyendo los 13 miembros al completo de un coro gospel, teclistas, saxofonistas, programadores y violinistas. No esperéis por estos datos un preciosista viaje sensorial de belleza ambient, porque os llevaréis un disgusto, ya que todos estos recursos son pervertidos y distorsionados por una muralla de ruidismo enfermizo dirigida a roer tu alma con lija, hasta dejarla literalmente exhausta. Empiezan pillándote a contrapié con esa obertura llamada A Body, en la que durante 7 minutos un angelical coro femenino adormecerá todos tus sentidos, una especie de anestesia espiritual que no logra paliar los severos daños que tu sistema nervioso sufrirá cuando esa placidez se vea rota repentinamente por un tramo final que arde como napalm puro en tu cerebro. De ahí en adelante, todo lo que te espera es un ataque frontal a todos los esquemas preestablecidos que pudieras tener no sólo sobre el álbum, sino sobre la música en general. Violines que danzan entre aullidos de demencia extrema, preciosas voces corales que mueren en mares de ruidismo criminal, y una sensación general de que estás viviendo algo muy doloroso, pero único. Caminando  por esa fina línea que separa la genialidad del despropósito, es imposible negar la valentía y voluntad transgresora del dúo norteamericano, a la vez que uno entiende la disparidad de opiniones respecto a su propuesta. Me atrevo a afirmar que al amante del doom y el sludge más aventureros (entre los que me cuento) esto es poco menos que miel para sus oidos, no tanto para los que se adscriban a los conceptos musicales más ortodoxos, que pueden salir doloridos, desorientados o cabreados (o todo a la vez). Yo sólo puedo decir que doy gracias a Satán porque existan bandas como The Body, con la valentía y el talento suficientes de romper con todos los esquemas y encarar el horizonte con la certeza firme de que no todo está inventado.


El legado de Eyehategod y Sunn O))) llevado a un nuevo nivel. Un trabajo único, impregnado a partes iguales de genialidad y locura. Como todas las grandes obras en la historia.

PD: el ripeo es de alta calidad y transformado directamente del LP especial en formato doble vinilo, así que a disfrutar de ese mítico crepitar en la comodidad del reproductor digital!

Nota: 9,75/10


miércoles, 17 de noviembre de 2010

POMBAGIRA - Baron Citadel (2010)



Decidiendo todavía si el reciente Black Masses de Electric Wizard es un gran disco o una decepción (en esas ando...), he decidido decantarme por un álbum con el que no tengo ninguna duda respecto a su grandiosidad. Publicado en Agosto a través del sello underground Withered Hands, Baron Citadel es el tercer trabajo de esta banda británica de doom, que con su tremendo debut de 2008, Crooked Path (disco doble, con dos cojones), ya pusieron a todo el personal sobre aviso. La confirmación vino con su también notable continuación,  Black Axis Abraxas (2009). Inicialmente un trío, Pombagira se presentan actualmente como un dúo formado por Pete Hamilton-Giles (voz, guitarra) y su esposa Carolyn (batería). El nombre del grupo proviene de la deidad afro-brasileña Pomba Gira, protectora de los caídos en desgracia, las prostitutas y, en general, los más débiles y desprotegidos de la sociedad. Una diosa capaz de la mayor de las benevolencias junto con los más aterradores arranques de furia para con todos los cabronazos e impuros de corazón. Además, despliega todo su poder a través del sonido. Por lo tanto, no podría ser más acertado el nombre de una banda que basa su propuesta en una imbatible mixtura de doom, sludge, drone y oscura psicodelia, amén de múltiples referencias a las religiones mal llamadas "oscuras" (¿cuáles no lo son?), especialmente el Vudú.

Llevando a cabo la complicada tarea de superar sus anteriores trabajos , el dúo británico vuelve a sorprender por su capacidad asombrosa para arrancarle a un género tan caústico como el doom la más variada  de las paletas cromáticas, y que uno pueda escuchar un tema que sobrepasa los 20 minutos de duración sin despegar el oído de los auriculares. Y es que Baron Citadel, a través de sus gigantescos cuatro cortes, nos sumergen en más de una hora de doom herético y denso cual fosa séptica rebosante de sacrificios humanos. Echen cuentas. Cuatro monolitos cuya coraza pétrea no es más que una de las diferentes armas con las que esta furiosa deidad se lanza a la batalla. Un punto de partida, si se quiere, a través del cual desplegar su visión personal del género. La principal baza de este trabajo es su intrínseca cualidad hipnótica, una especie de pulso homogéneo que, operando a un nivel subconsciente, nos mantendrá abandonados en un estado de concentrada audición durante todo su metraje. Desechando artificios banales y matices Pombagira consiguen, sin embargo, crear un universo tremendamente rico y evocador, tarea harto difícil cuando uno está adscrito al doom, un género cuyas cualidades suelen recorrer otro tipo de senderos. Como difíciles son también los niveles de densidad que se alcanzan en Baron Citadel sin la utilización de bajo ninguno, lo que habla de la pericia e inventiva del matrimonio en la utilización de toda una suerte de herramientas como pedales, amplis y la manipulación de frecuencias. Algo que me agrada enormemente de esta banda es la manera en que dotan a su monolítica propuesta de un aire dramático, incluso épico, principalmente a través de la voz de Hamilton-Giles, que hace gala de una interpretación en la que además de una fuerza y profundidad sobrehumana, coexiste una pasión muy infrecuente en este tipo de trabajos, y que le puede emparentar con algunos cantantes de post-metal actuales. Esto se hace evidente en los dos primeros temas del álbum, Causeway Charred y Baron Citadel, sendos juggernauts que cabalgan supeditados a la poderosa voz del guitarra. Con tan "sólo" 8 minutos de duración cada uno, suponen el maravilloso calentamiento para lo que ha de venir. Pero no nos equivoquemos, porque la valía de ambos es tremenda, y bien seguro que para muchos, los menos adscritos a los viajes transcorporales, supondrán los puntos álgidos del álbum. Porque la épica condensada, monótona y oscura que supuran no está al alcance de cualquier banda. Mirando de reojo a Electric Wizard, Sleep, Reverend Bizarre e incluso Sunn O))), pero con otro ojo puesto en el dramatismo de Suma, el duo se introduce en su verdadera pasión, la psicodelia de los 60 y 70. Si batimos todos esos ingredientes, y les añadimos un par de hechizos de oscura magia caribeña sazonados con muy mala hostia, estaremos preparados para esa sobredosis de peyote que son Seals Of Grace y Corporeal Altar. Contando entre ambos casi una hora de duración, se trata más bien de una unidad lisérgica pergreñada para arrancar tu alma del cuerpo y transportarla a parajes que tu atrofiada imaginación jamás pensó que existieran, porque hubiera enloquecido de hacerlo. Riffs densos y monolíticos que encierran melodías tras capas de lija hiriente, mantras incomprensibles e hipnóticos moviéndose en oscuros planos oníricos, monotonía rota por estallidos de desaforada pasión dramática, y una sensación de inmersión en arenas movedizas, sin asideros ni apoyos, con tan sólo una maleable presión que aumenta a nuestro alrededor. Todo eso y mucho más que las palabras no pueden explicar son Pombagira, y Baron Citadel es el mejor de sus exponentes.


Otro discazo para un año pletórico. Una extraña gema de maléfico poder e inigualable magnetismo.
PD: si os gusta el álbum, no dudéis en pegarle unas escuchas a los Splits que la banda ha grabado junto a titanes como Jucifer, Eagle Twin, Coffins y The Wounded Kings, porque no tienen desperdicio.

Nota: 9,75/10


jueves, 8 de julio de 2010

LENGUA MORTUORIA - Viaje Negro EP (2010)

Esta es mi segunda subida para la sección de NUEVAS BANDAS, tras inaugurarla con el estupendo EP de los finlandeses-canarios Gozerk. Hoy cambiamos de coordenadas, tanto geográficas como musicales, merced a la propuesta de Lengua Mortuoria. Gracias a Hristo por mandarme todo el material e interesarse por verlo colgado en el blog.

Info de la banda:
Lengua Mortuoria (Argentina) es el proyecto unipersonal de Hristo, formado en el año 2008. Lengua Mortuoria transita los caminos del Doom extremo y los sonidos de raíz más experimental, como lo son el dark ambient, noise y similares, aparte de múltiples influencias externas, el cine de terror clásico, sustancias experimentales, Lovecraft, problemas psicológicos, entorno, montañas, noche, oscuridad y demás. Viaje Negro es el primer EP (precedido por la Demo titulada I) que continúa en la vena del Doom aplastante, experimental y psicodélico de I, aunque con una tendencia hacia lo ambiental y atmosférico. Ambos trabajos se amparan bajo el sello BPM Front Netlabel, y se pueden descargar gratuitamente de su web.


Comentario
:
Uauh! De piedra me he quedado con el trabajo de este hombre. Como me ha pasado con la anterior entrada de los experimentales letones Mona de Bo, no se muy bien como expresar con palabras el sonido de Lengua Mortuoria, especialmente porque no soy un experto, ni mucho menos, en las vanguardias musicales. Partiendo de la definición que el propio músico hace de su proyecto, yo destacaría dos elementos que a mi parecer son los que más claramente sobresalen al escuchar Viaje Negro. Por un lado estaría una tendencia más que evidente a transitar por los terrenos del ambient. Imposible escuchar el EP sin notar cómo disminuye la luminosidad de tu habitación, el modo notable en que desciende la temperatura, y esa incomoda sensación de sentirte observado que se expresa a través de una nuca que se convierte en cosquilleos incómodos. Cuando la éstatica dispara los decibelios sentirás una sensación molesta, angustiosa, de calma tensa, y te entrarán ganas de gritar a quien sea que se esconda tras de ti que salga a la luz, aunque sea para descuartizarte, con tal de terminar con la horrible espera. Y eso entronca con el segundo elemento que destaca en la música de Hristo. Que Viaje Negro sería la banda sonora perfecta para una película de terror, pero de las buenas,
las de toda la vida. Lo más acojonante es cómo partiendo del ascetismo más absoluto (pasajes minimalistas, descargas de estática y un par de melodías) Lengua Mortuoria es capaz de construir un andamiaje sonoro que adquiere la extensión de un Universo en miniatura. También es posible que su música te empequeñezca y te trague en su seno, en el que no distinguirás fronteras ni formas definidas. Tan sólo una negrura voraz que te desnuda y te abandona con tus pensamientos cómo únicos compañeros. Y eso si es terrorífico. Como una especie de introspección forzosa, en la que acabarás despedazando tu propio interior, bramando por escapar de tu propia compañía. Media hora de un viaje que trasciende lo meramente musical, os lo puedo asegurar. Media hora de un agujero negro dividido en tres brazos como zarcillos, inteligentes, que a través de la más absoluta oscuridad tantean hambrientos en busca de tu esencia descarnada. Viaje Negro, Por qué todo lo que me rodea es tan extraño? y Millones de pequeños horrores son sus nombres, y a partir de hoy serán el centro de todas tus pesadillas.

Igual que con Mona de Bo, no se exactamente qué cojones hace este tío, pero me asusta. Tanto que desde ya aseguro que en Diciembre estará en mi lista de las grandes sorpresas del año.

miércoles, 7 de julio de 2010

MONA DE BO - Nekavekies, Sis Ir Speles Ar Tevi (2010)

Unas semanas llevo reprimiendo el impulso de colgar este álbum en el blog desesperadamente. Días y días en los que tenía que repetirme a mí mismo que ECOS DE R'LYEH no está dedicado a subir discos aleatoriamente, sino más bien en comentar esos álbumes que por una razón u otra me hacen gozar especialmente de su música. Ese cosquilleo especial en la base de la nuca, esa sonrisa plena, o simplemente el bailar descontrolado que provocan ciertas sonoridades. Que de un modo u otro, lo que sale de los altavoces conecte de la manera que todos sabéis en lo más profundo del subconsciente y durante unos minutos te haga sentir que sólo tu existes, rodeado de todo ese fluir de música que durante un infinito exiguo es tuyo. Y he tenido que dejar pasar los días porque quería asegurarme que Nekavekies, Sis Ir Speles Ar Tevi (traducido del letón sería algo así como No dudes, tu ya eres parte de esto) era tan bueno cómo me estaba pareciendo. Y también porque me daba cuenta de que me iba a costar la mismísima vida explicar el contenido del disco. De lo primero puedo dar fe de que es así. Lo segundo dudo mucho que pueda llevarlo a cabo, aunque lo voy a intentar de la mejor manera posible.


Mona De Bo es un grupo de Riga, Letonia, formado por Edgars Rubenis (guitarra) y Edgars Eihmanis (batería) en el año 2005. En 2008 lanzan su primer disco, homónimo, y pocos meses después viajan a Austin (Texas) a participar en el famoso festival SXSW, donde su impacto es tal que cautivan la atención del cazatalentos de la BBC Tom Robinson. Tras esto deciden aparcar temporalmente Mona De Bo para centrarse en la creación de la banda sonora de una obra de teatro experimental, en la que llegan a actuar en directo durante dos performances. Finalizada la experiencia, se dedican a girar por festivales de Europa del Este mientras preparan su segundo largo. NSISAT (me niego a volver a escribirlo!) aparece en Marzo de 2010, con una increíble acogida por parte de la crítica especializada, que no tarda en etiquetarlos como los nuevos Earth. Especial fama les han dado sus innovadores directos, donde se mezcla música, imagen y performances interactivas.

Ahora viene cuando la matan... La verdad que la etiqueta que les ha puesto la prensa me vendría teóricamente de perlas. Porque suenan mucho a Earth, pero muchísimo. Pero a la vez no. Y es difícil de explicar. Las influencias de los padres del drone están ahí, y al mismo tiempo Mona De Bo tienen un sonido completamente diferenciado, único. Las murallas sónicas pululan insistentemente durante todo el álbum, pero comparten protagonismo con varios elementos más que hacen de NSISAT algo tan mágico y único. Empezando por una sección de viento que es una puñetera locura, y por momentos lo es literalmente. Porque el disco es capaz de pasar de languidecer como una vela que se consume lentamente en temas como la romántica Vini Aiziet Saule a explotar en un ejercicio de surrealismo abstracto en la desquiciante Lielo Koku Ena. Esta última pondrá a prueba la cordura de más de un oyente a base de un ritmo parsimonioso acompañado de unas guitarras ultradistorsionadas y la mencionada sección de viento capaz de desquiciar al mismísimo Joker. Mona De Bo es lo más cercano a la banda sonora de una vida que jamás podrás escuchar. Por sus 7 cortes desfilarán alegrías, pasiones, amores, depresiones, arrebatos de locura e incluso la muerte. Y todo ello a través de la cópula violenta, pero cópula al fin y al cabo, que ocurre cuando al esquema clásico del drone (sintetizadores, batera y guitarra) le unes dos damiselas tibias de absenta encarnadas en un trombón y una trompa francesa. Para que os podáis hacer una idea, el planteamiento de estos dos letones a veces se asemeja a los Orthodox de Sentencia, especialmente cuando los sevillanos empiezan a pegarle al anarquismo sonoro. Pero lo que les hace grandes es que referencias varias encontrarás en ellos, pero engullidas y regurgitadas en una pasta alimenticia nueva, incluso más nutritiva por momentos. Si quieren te enamorarán como si fueras un quinceañero, pero cuando les plazca montarán en cólera y a base de saturación decibélica demostrarán que Sunn O))) no son los únicos con el poder de derribar paredes. Y ay de ti como se coman un tripi, porque el trombón y la tromba sodomizarán tus tiernas cavidades auditivas sin piedad, hasta que notes cada arteria de tu cuerpo palpitar a punto del colapso sanguíneo y tus terminaciones nerviosas aullen a causa de tanta estridencia aleatoria. No sabría calificar en conjunto lo que te vas a encontrar en NSISAT, porque al igual que en la vida misma, la existencia no se puede reducir a una única emoción. Drone, ambient, psicodelía, experimental, free-jazz... Yo que cojones sé. Lo único que acierto a asegurar es que se llaman Mona De Bo, y que me han enamorado.


De cabeza a mi lista de lo mejor del año. Aunque siga sin saber qué cojones hacen exactamente.

Nota: 9,75/10

MONA DE BO - Nekavekies, Sis Ir Speles Ar Tevi (2010)

La descarga es gratuita desde su página web; escribes tu dirección de correo y te mandan un mail con el enlace. Puedes descargarte su anterior álbum también.

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jueves, 6 de mayo de 2010

UFOMAMMUT - Eve (2010)


Buf, me cuesta escribir debido al nerviosismo. Mil vueltas le he dado a la cabeza acerca de cómo escribir en relación a este disco. Los que leéis el blog con cierta asiduidad recordaréis mi comentario a finales de Marzo cuando subí el anterior disco de Ufomammut, Idolum. Un rotundo 10 le puse, además de mi firme convencimiento, que se mantiene, de que es de lejos uno de los mejores álbumes de la década pasada. La maestría con la que dominaban diferentes elementos como el drone, el post-metal, el doom, el sludge e incluso el stoner y los llevaban a su propio terreno los encumbró como una de las bandas más gigantescas de la escena. Pues bien, con las secuelas aún en mi cuerpo por aquella maravilla, me veo enfrentado a Eve, lo nuevo de este genial trío italiano.


Desde ya aviso que no me extenderé mucho, porque no es Ufomammut de esos grupos a los que las palabras hagan justicia. El cerrar los ojos inmediatamente, que la respiración se agite al ritmo del fluir de la música, la sensación de ingravidez al adentrarse en sus espirales sonoras, el vacío en el pecho cuando la travesía se detiene... Son experiencias las que esta banda nos brinda, y como tales hay que afrontarlas, en vez de perder el tiempo debatiendo inútilmente sobre tal o cual matiz. Eve es un disco conceptual que gira en torno a la famosa primera mujer bíblica y la "rebelión contra su creador por haber brindado el conocimiento a la humanidad". Nos encontramos frente a una única canción dividida en cinco actos, con una duración de 45 minutos. Aunque esos cinco actos aparezcan como diferentes temas, enseguida os daréis cuenta de que es el mismo corte que encierra un sólo riff que guía todo el álbum, y la espiral en la que se desenvuelve la música encerrada en Eve atraviesa cada acto en lo que es una jodida catársis en toda regla. Los cambios son más que evidentes, y los italianos han aparcado su lado más abrasivo para abrazar la vertiente atmosférica y llena de sintetizadores al más puro estilo del drone que ya estaba patente en Idolum. Sin embargo no asustarse, porque los amantes de la intensidad tienen su ración asegurada en los actos III y IV, donde Neurosis se dan la mano con los Electric Wizard más rabiosos. Son los dos cortes donde más presentes se encuentran unas voces que por lo demás brillan por su ausencia o se limitan a susurrar de fondo como un elemento atmosférico más. En comparación con Idolum, nos enfrentamos ante un disco tremendamente minimalista, pero que encierra una complejidad compositiva abrumadora. Me explico. Si bien es cierto que durante todo el álbum el trío le da vueltas y vueltas al mismo concepto, a la que uno se sumerge en unas cuantas escuchas, no para de descubrir pequeños matices, sonoridades que antes parecía no se encontraban ahí, y una sensación de que en conjunto nos encontramos ante una obra monumental. Como si de un mantra divino se tratase, Ufomammut nos invitan (más bien obligan, porque es muy difícil resistirse) a adentrarnos en un auténtico trance de goce sensorial, donde creeremos poder tocar cada riff de guitarra gracias a un nivel de masividad que haría la envidia de cualquier gigantesca veta de granito encerrada en las entrañas del planeta. Y si las seis cuerdas no bastan, ahí llega al rescate un bajo tan sobredimensionado a veces que parece querer reventarnos el cerebro como una sandía. La labor de los sintetizadores alcanza en Eve todo su protagonismo, haciendo que todo el álbum, pero especialmente el corte V, se convierta en una mezcla de viaje psicodélico con invasión marciana de los años 50. I y II elevarán tu alma y la llevarán a otra galaxia, III y IV la zarandearán y despedazarán como si se encontrara entre las fauces de un dios primigenio, y V la arrojará con desprecio de vuelta a la realidad, pero con la sensación de haber cambiado para siempre. En definitiva, con Eve Ufomammut han dado una nueva vuelta de tuerca a su sonido, llevando su propuesta a un nuevo nivel. Sólo el tiempo dirá dónde se encuentra éste, y más respecto a su ultraterreno lanzamiento anterior. Ni siquiera yo me atrevo a aventurarme. Aunque la verdad es que en el fondo me importa una mierda. Sólo se que Eve me parece una obra maestra, y que lo estoy disfrutando tanto como lo hago con Idolum. No necesito saber más.

Hasta disco del año se le puede quedar corto.

Nota: Aún no estoy seguro. Algún lugar entre el 9,5 y el 20.