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jueves, 4 de octubre de 2012

FALLING DOWN IIV (2012)



Que en el underground musical lo que prima son la ilusión, las ganas y la pasión por encima del sucio dinero es algo de sobra conocido, y no sólo por englobar géneros de muy difícil acogida masiva por parte del público. No, hay una filosofía de trasfondo que nos habla de la búsqueda de un sendero propio e independiente que no responda a ninguna presión más allá de la que ejerce la imaginación y el talento por salir a flote. Aún así de vez en cuando aparecen proyectos que nos sorprenden por su osadía, caso del recopilatorio que traigo hoy a mi humilde morada. Falling Down IIV es el tercero de una serie de recopilatorios creados por una pareja de franceses a los que como mínimo debo tildar de locos. Atreverse en los tiempos que corren a editar en un lujoso formato físico (y de manera completamente independiente) temas inéditos de bandas de primer nivel dentro del metal underground y pretender que la cosa llegue a buen puerto es cuanto menos descabellado. Ya sólo en el aspecto meramente técnico y de confección del mismo la tarea ha tenido que ser titánica: contactar y convencer a las bandas para ceder dichos temas, la edición del recopilatorio (acojonante), el artwork (aún más acojonante) e intentar no arruinarte por el camino son sólo algunos de los aspectos que los creadores de Falling Down llevan sorteando desde que en 2008 apareciera el primer volumen con temas inéditos de Kylesa, Ufomammut, The Ocean, Year Of No Light, Jucifer y Ommega Massif entre otros (hasta un total de 40 bandas!). En 2010 apareció el segundo volumen, y además de conseguir que repitieran muchas de esas bandas, añadieron material sin publicar de otras como Kongh, Farflung, Mumakil o Across Tundras. No contentos con ello regresaron a mediados de este año con Falling Down IIV, de nuevo con una oferta irresistible en la que participan grupazos (20 bandas de 11 países diferentes) del calibre de Hopewell, Year Of No Light, Mars Red Sky, Julie Christmas, Terra Tenebrosa, Rorcal, Mouth Of The Architect o Ayahuasca Dark Trip. Y si eres de los afortunados que pudiste hacerte con la Endless Edition (ya agotada), podrías haber disfrutado de un CD y un DVD extras a los que se sumaban Pelican, Stoned Jesus, The Great Old Ones o Zatokrev más directos exclusivos de Ufomammut, Ocoai o Amen Ra. Casi nada!



Entrando en materia y centrando la mirada en lo estrictamente musical, lo primero que sorprende es el gusto y conocimiento exquisitos con que se ha estructurado el recopilatorio. Y no es sólo que los temas sean espectaculares (¿por qué los escondían de nuestros oídos?!!), sino que el orden en que están colocados hace que las casi dos horas y media que contienen los dos discos fluyan con una naturalidad asombrosa, sin altibajos ni cambios bruscos entre propuestas. Sólo os diré que he sido capaz de disfrutar ambas partes de una tacada varias veces, sin perder la atención ni saltarme ningún corte. Aquí todos aportan, y de qué manera. La compilación comienza pillándote a contrapié con la ultravitaminada y muy funky This Is This de los psicodélicos Hopewell, un temón para morir en la pista de baile bajo los efectos de un coktail de peyote y anfetaminas. Tras la sorpresa inicial nos adentramos en las entrañas del primer CD, que se apoya en las propuestas más progresivas y sugerentes, comenzando por la maravillosa colaboración entre Year Of No Light y Mars Red Sky. Green Rune With Totem es un corte ciclópeo lleno de pasajes etéreos salpicados por explosiones de vulcanismo ruidista y guitarreos plúmbeos que incluso hacen guiños a una épica soterrada pero palpable en el latir de cada nota. Los estadounidenses Ocoai demuestran que lo conseguido con el tremendo Breatherman (2008, Missing Words Records) no fue la suerte del principiante, y Mère De La Lumière Du Matin les reafirma como todo un valor de futuro merced a una propuesta que conjuga la pesadez del sludge con desarrollos y sonoridades propias de los mejores Pink Floyd. En Apollo Creed los hippies de The Flying Eyes nos convencen entre psicodelia, sonoridades orientales y trascendentalismo que no han compartido escenario con Jeff Beck y Hawkwind por su cara bonita, reivindicándose también como otra banda muy a tener en cuenta en el futuro (el año pasado ya avisaron muy seriamente con el estupendo Done So Wrong). El dúo italiano Vanessa Van Basten (nada que ver con el genial delantero holandés) nos deleitan en Got To Stay con su sonido marca de la casa, pura ensoñación que se mueve entre el post-rock y el minimalismo más bello. Los también italianos Dyskinesia dejan de lado su rostro más ruidista y agresivo (aquel que nos golpeó en el genial Dalla Nascita del año pasado) en Tra I Ghiacci pero sin perder esa mordiente que hace de ellos una de las bandas más inquietas, sorprendentes y oscuras del planeta. Para todos los que no los conozcáis, podéis descargar su último disco a través de la página del estupendo sello digital Frohike Records. Con Planning For Burial despertamos de la ensoñación entre sábanas de lija, y es que Friendship nos manda de una patada en el culo a postrarnos ante el proyecto de este neoyorquino capaz de subyugar en una misma propuesta los universos del post-metal, el drone, el noise, el shoegaze e incluso el black metal. Aidan Baker de Nadja nos rescata del colapso nervioso con una instrumental para recuperar el resuello y encarar el final del disco. Falta hace cuando acto seguido llega esa diosa llamada Julie Christmas con su noise rock desquiciado muy deudor de su anterior banda, los nunca suficientemente reverenciados Made Out Of Babies (además de haber formado parte de la superbanda Battle Of Mice y actualmente estar inmersa en la no menos "super" Spylacopa junto a gente de The Dillinger Escape Plan, Candiria e Isis). Cierran el primer disco los post-rockers británicos The Winchester Club (con Harry Armstrong de los geniales End Of Level Boss en sus filas), un corte bellísimo y que hará las delicias de los fans de Godspeed You! Black Emperor.





En el segundo CD viajamos al lado más oscuro, plúmbeo y desgarrador del underground, ese que nos obliga a apretar los puños y enseñar los dientes aunque sin desdeñar los viajes astrales a los rincones más insondables del cosmos. Y es que cuando la cosa arranca con ese esputo cargado de odio hardcore que es Syntax Error de los escoceses Black Sun, uno sólo puede agarrarse los machos y esforzarse por no perder los dientes. Yo los tenía por una banda de sludge/doom, pero aquí se cascan un himno furibundo que me levantó de la silla de un guantazo. Sin tiempo para recuperarnos llegan los suizos Rorcal para recordarnos por qué son considerados uno de los grupos más oscuros e intensos del planeta. Si Heliogabalus (2010, Cal Of Ror Records) te pareció una obra maestra similar a un enorme taladro roñoso en el centro de tu alma, Világvége V hará que te corras del gusto entre espasmos de dolor y muerte. Si no los conoces (y deberías), puedes acceder a su discografía gratuitamente a través de su página web. De dolor, muerte y decadencia también saben un rato los suecos Terra Tenebrosa, con ex-miembros de los legendarios Breach en sus filas y que colaron su debut The Tunnels (2011, Trust No One Recordings) en muchas de las listas de lo mejor del año, incluida la mía. Escuchando Apokatastasis uno se sorprende de que no estuviera incluida en el LP, porque es todo un puto temón que me recordó por su poderío al Stones From The Sky de Neurosis, aunque imbuido de un amor especial por Godflesh. Desde Bayona nos llegan los todopoderosos Monarch! para alzar bien alta la bandera del doom, y os aseguro que Daggvrs se gasta unos riffs capaces de romperle la mandíbula al mismísimo Hulk. Con la guitarra tremebunda de Shiran Kaidine (Year Of No Light), el golpeo inmisericorde de Rob Shaffer (Dark Castle, ex-YOB) y los gritos maníacos Emilie Bresson (completa la alineación MicHell Bidegain al bajo), el cuarteto es una máquina salida del Infierno para pulverizarte todos los huesos del cuerpo. Tras la paliza llega Syndrome, el proyecto personal de Mathieu Vandekerckhove de los grandiosos Amenra. Now And Forever (la versión inédita y ceñida a un metraje "manejable", la original dura media hora) es capaz de ponerte los pelos de punta con su oscurísima mezcla de minimalismo, post-rock y drone, contando además con la participación de Colin H. van Eeckhout (voces) de Amenra y Josh Graham (piano y Moog) de Neurosis. Un pasote. La psicodelia cósmica de tintes orientales llega de la mano de los geniales Ayahuasca Dark Trip, que haciendo honor a su nombre nos regalan en Manantial todo un viaje hacia el lado oscuro del trascendentalismo hindú. Una vez vuelto del mismo uno entiende el considerable revuelo que han montado con tan sólo un LP y un EP entre la parroquia más fumeta. Siguiendo la senda de la tectónica entran en tromba los ucranianos Ethereal Riffian. Mars Of Spiritu (Rise Of Sheol) corrobora las grandes sensaciones de su EP debut Shaman´s Visions (2011, Autoeditado), una de las gratas sorpresas del año pasado merced a su brillante continuación del legado de los seminales Sleep. El corte es una marcha marcial de densidades cósmicas y efluvios cannábicos capaz de dejarte en un trance insalvable, pero que a la que te descuidas te suelta unos sopapos de órdago. Una banda muy a tener en cuenta, y en cuyo universo os animo a entrar a través de su Bandcamp. La psicodelia y el space-rock asoman la cabeza con los galeses Sendelica. Nunca he sido muy fan de su propuesta (me falta algo en sus discos, tal vez un poco más de energía), pero estoy seguro que los fans acérrimos del género sabrán valorar mejor que yo un corte como Ingrid Cold (el remix editado). Los rusos Vespero ya son otro cantar, pues no sólo se trata de la mejor banda de su país, sino uno de los grupos de space-rock más grandes de todo el puto planeta. Desquicie cósmico, energía desbordante y un dinamismo imparable que en Flight Of The Lieutenant nos retrotraen a hace dos añitos cuando nos dejaron el culo roto con el magistral By The Waters Of Tomorrow (2010, RAIG). Y para cerrar el disco qué mejor que hacerlo a lo grande con Mouth Of The Architect, que tras el viaje espacial nos lanzan contra el suelo con el post-metal de How This Will End. Colofón perfecto para una de las maratones sonoras más maravillosas a las que puedas acceder hoy día.




Falling Down IIV es un recopilatorio alucinante, una joya facturada con un gusto exquisito y que abraza con sus tentáculos buena parte de la grandeza musical de nuestros tiempos. La mayor bofetada y contestación a aquellos que dicen que ya no se hace música como antes. Ignorantes. 

Más información sobre Falling Down IIV:

Puedes comprar el recopilatorio aquí:



viernes, 3 de agosto de 2012

shEver - Rituals (2012)




Continuamos con las sorpresas gratas, de nuevo viajando al lado más oscuro de las evocaciones sonoras. Y esta vez esa sorpresa viene por partida doble, por el lugar de procedencia de la banda que visita mi cubil y por lo (tristemente) raro de su conformación. Y es que shEver es un cuarteto procedente de la neutral Suiza y compuesto exclusivamente por féminas (el nombre de la banda ya lo indica por el juego de palabras con la palabra anglosajona "shiver", traducida como "temblar" en castellano). El origen geográfico de las bandas me la suda bastante, pero me alegra mucho ver que el sector femenino reivindica su lugar dentro de los parajes sonoros por los que un servidor siente predilección, y más teniendo en cuenta que allá donde ellas llevan la voz cantante el resultado suele ser bastante novedoso y especial. Me vienen a la mente, así a bote pronto, grupos geniales como Grayceon o SubRosa, y la verdad que tras escuchar este Rituals podríamos incluir a las suizas como una formación aspirante a entrar en tan selecto grupo. Formadas en 2004, shEver cuenta ya con un nada despreciable bagaje consistente en dos demos, el LP debut Ocean Of Illusions (2007, Autoeditado) y el EP A Dialogue With The Dimensions (2009, Autoeditado), así como participaciones en el prestigioso festival Roadburn de Tilburg o el Doom Shall Rise de Göppingen. Sin embargo Rituals supone un paso adelante para la banda al suponer su debut con un sello discográfico, en este caso el notable Total Rust Records, hogar de formaciones como Botanist, los catalanes Tort o Geist entre otros. Espero que se trate del primer impulso en la carrera de Nadine (bajo, violín, coros), Jessica (guitarra, coros), Alexandra (voz) y Sarah (batería), porque sinceramente su música merece llegar a una audiencia mucho más amplia.



Rituals es un viaje tenebroso, mágico e hipnótico a los fríos bosque suizos, la constatación de que en el país helvético hay mucho más que estaciones de ski, relojes caros y dinero sucio en pulcros bancos. Oscuro y evocador como pocos discos vas a escuchar este año, se trata de un trabajo especial no tanto por los elementos que lo componen (conocidos todos ellos) sino por la proporción y mezcla alquímica con que han sido tratados. Desde el doom al sludge pasando por el post-metal o la guturalidad del death, donde de verdad se llevan el gato al agua las de Zurich es imbuyendo al conjunto de una densa y escalofriante atmósfera capaz de poner los pelos literalmente de punta. Combinando con pericia sobrenatural la mayor de las capacidades devastadoras con un gusto exquisito por las melodías y las ambientaciones, Rituals se muestra como una bestia de colores cambiantes y brillos hipnóticos sin perder por ello la mordiente propia de los peores monstruos de leyenda. Como si metiéramos en una misma saca a Cathedral, My Dying Bride, Cough y Neurosis y la dejáramos a la intemperie en el frío invierno alpino, shEver han invocado una propuesta que no deja lugar a equívocos desde ese comienzo demoledor con Ritual Of Chaos, un corte que se mueve entre los sobrecogedores aullidos y susurros de su primera parte y la tectónica aplastante que va adquiriendo con el metraje, deviniendo en verdadera muralla de sonido en su segunda mitad. Deliria es como una bruja pérfida y juguetona, de nuevo con una Alexandra moviéndose en una gama de registros vocales aterradora que acompaña a un corte majestuoso, con una segunda parte capaz de levantarte del asiento. Je Suis Née, además de ser el tema más corto del disco ("sólo" 7 minutos) es también el más maligno, puro sludge que erige un altar al todopoderoso dios del riff y que sin necesidad de cambiar de estructura ni tempo te pulverizará todos los huesos del cuerpo. Souls Colliding es todo el talento superlativo de estas señoritas filtrado y contenido en 9 minutos de éxtasis malsano, colisionando de manera catártica ambientaciones espectaculares, preciosas voces melódicas y toda la furia del invierno centroeuropeo en un maelstrom de evocaciones ultraterrenas. Un pasote, os lo digo yo. (You Are) The Mirror comienza recordando a los mejores My Dying Bride, toda una cortina de granizo melancólico sobre tu cabeza, para ir mutando en una abominación de doom/sludge devastador en el que incluso hay lugar para cargas en forma de aumento de revoluciones y doble bombo. Y cuando ya te ves sin fuerzas y con el cuerpo dolorido, shEver se apiadan de tu pobre alma con un golpe de gracia balsámico de título Tha He Na Te, una maravilla hipnótica a golpe de riff y percusión con la que te sentirás morir por fin hundiéndote en las profundidades de un lago helado. Cierre apoteósico para un disco diferente, grandioso y en cuyas entrañas late un futuro acojonantemente prometedor.


Rituals demuestra que todavía queda mucho que decir en los vastos páramos del doom metal, y supone otra de las grandiosas sorpresas de este año 2012. Vayan apuntando el nombre de shEver en sus agendas porque o mucho me equivoco o estas señoritas acabarán sentadas en la mesa de los grandes del género. De momento van por muy buen camino, bien lo sabe Satanás...




lunes, 16 de julio de 2012

TITAN - Burn (2012)


Puedes escuchar y descargar gratis (o pagar si así lo deseas) el disco a través del Bandcamp de Hypaethral Records. PINCHA AQUÍ.

Menuda sorpresa la que me llevé la semana pasada con esta banda canadiense. A pesar de conocer su estupendo EP Colossus (2009, React With Protest/Feast Or Famine Recordings) que les colocó como una formación con un futuro más que prometedor, no me esperaba un salto de calidad tan grande en su debut en formato LP. Aún con el buen sabor de boca que me dejaron tras el corto pero intenso concierto que se dieron en la sala IBU HOTS de mi ciudad (Vitoria-Gasteiz) el Miércoles pasado, decidí correr a mi casa y pinchar el recién adquirido Burn (2012, Hypaethral Records/React With Protest). Y señores, vaya gozada. No me extraña que Titan se lanzara a una aventurera (dada su condición de novatos) gira europea de presentación, porque sinceramente el disco que ha parido el quinteto merece, y mucho, ese esfuerzo. Editado (además de en CD) en un exquisito doble vinilo, masterizado por el gran Colin Marston (Krallice, Behold...The Arctopus, Dysrhythmia...) y con unas colaboraciones de auténtico lujo, estamos ante un álbum que además de sus innegables cualidades musicales demuestra que Titan se toma su carrera muy en serio.


No es para menos, ya que tratar Burn a la ligera sería un pecado habida cuenta de la calidad inmensa que atesora. Sin necesidad de moverse un ápice de su propuesta, Titan han volcado todos sus esfuerzos en pulir, refinar y potenciar su oscura amalgama de hardcore y post-metal hasta convertirla en una criatura a la altura del nombre de sus padres. Estamos ante un gigante en el que la agresividad y la épica le ganan la partida a la pesadez mayúscula de la que hacían gala en sus dos EP's anteriores (no es casualidad que el título de su anterior trabajo fuera Colossus y éste se llame Burn...), todo un acierto que por el camino permite desplegar las ingentes cantidades de energía que dormían en el interior de estos tíos. Mamando el hardcore de sus legendarios compatriotas Cursed al mismo tiempo que el post-metal de Isis y los Neurosis noventeros, Titan destacan por unas murallas sonoras de órdago, melodías guitarreras cargadas de épica apocalíptica y un James que se desgañita con una ferocidad inusitada adaptando textos de gente nada obvia como Vladimir Smerdiakov, Augustus Psalmanazar o Ellis Bland-Strange, y que dan forma a una obra que sin ser política sí es todo un llamamiento a encender ese fuego que late en el interior de todos nosotros esperando a que le liberemos de las cadenas del conformismo y la mediocridad de nuestra sociedad. Sin necesidad de guardarse sus mejores cartas para el final, Titan abren la función con uno de los grandes cortes del disco, siendo Feast embajadora perfecta de las cualidades del quinteto a golpe de épica desaforada, abrasividad cual lija del 10 y una interpretación vocal capaz de volarte la cabeza tirando de pasión y mala hostia. Al poco llega una de las primeras y grandiosas sorpresas, la aparición en Myopic de la voz del grandérrimo Chris Colohan (ex-vocalista de Cursed y actualmente en los hardcore/rockers Burning Love), que dispara la agresividad del tema hasta cotas de auténtica declaración de guerra. La siguiente sorpresa llega con Telepaths, una bestia descomunal que mezcla ambientaciones oscuras, el golpear del doom y la mala baba del sludge gracias a la participación de Bryan de los drone-doom-noiseros Gates y Tyler Semrick-Palmater de los reverenciados Mare, moldeando otro de los puntos álgidos del álbum y uno de los cortes más malignos que he escuchado este año. Esa conexión con el sludge se hace también evidente en composiciones como Warmer Months, capaz de arrancarte la piel a tiras, masticarla y escupírtela en tu cara sanguinolenta. A pesar de la hora que dura el álbum el quinteto es capaz de mantener la atención del oyente sin abrasar sus centros nerviosos, algo a lo que ayuda el buen gusto y la sabia inclusión de pinceladas de bello minimalismo como en la intro instrumental Corrupt o en el corte-puente Vitiate, que da paso a la canción que cierra el disco y que es mi preferida sin lugar a dudas. Hablo de The Fire Sculptures, una auténtica pasada de canción capaz de reventar los medidores de intensidad con unas guitarras que te llevan en volandas a uno de los finales más épicos de la temporada y un James simplemente ultramundano cantando los versos de un graffitti anónimo. Imposible que no se te ericen los pelos del cuerpo cuando el tema explota y el vocalista grita "the things we have built are so excellent to destroy/destroy it all/restore it all/destroy it all/restore it all". Un cierre apoteósico para un disco que demuestra que no es necesario inventar nada para parir un trabajo soberbio, siempre que se tenga el talento y la pasión necesaria para tal empresa.


Burn es lo que ocurre cuando la abrasividad del sludge, la agresión del hardcore y la capacidad evocadora del post-metal unen fuerzas para saludar al fin del mundo, aupando de paso a Titan ya no como una promesa sino como una poderosa entidad comiéndose el presente. Uno de los grandes debuts de 2012.





martes, 3 de julio de 2012

ADRIFT FOR DAYS - Come Midnight... (2012)



Puedes escuchar Come Midnight... a través del Bandcamp de la banda. PINCHA AQUÍ.

Cuando pensamos en psicodelia generalmente nos vienen a la cabeza coloridas portadas, melenudos drogados y sonrientes y, en general, la idea de un revelador viaje interior más allá de las barreras convencionales del raciocinio, entendido todo ello como un proceso positivo de exploración del subconsciente. Pero incluso en conceptos tan humanos y subjetivos como estos, tan espirituales, actúa el ineludible principio de la acción y reacción, que nos habla de que "a toda fuerza de acción se opone una fuerza de reacción de igual magnitud pero en sentido contrario". Y es por esto que por cada Pink Floyd, por cada Hawkwind, nacen bandas como Neurosis o los protagonistas de hoy, Adrift For Days. Bandas que revelan las sombras nacidas de toda iluminación, que a su vez no tendría sentido si no es en comparación con la ausencia de luz. Un maridaje contradictorio que, como muchos en la Naturaleza, se mueve a través de colisiones, conflictos, evolución y movimiento, pero que en la esfera humana se ignora en beneficio de una vida más plácida y segura, ignorante. 


A contracorriente de este pensamiento miope, el jovencísimo quinteto australiano que visita hoy mi morada ahonda en los recovecos más perturbadores del alma, utilizando para ello una combinación de géneros evocadora y desasosegante. Nacidos en 2009 en Sidney, tan sólo un año después autoeditan su espectacular debut The Lunar Maria, un abrasivo viaje mezcla de sludge, doom y post-metal que les vale no pocos elogios entre la crítica especializada. Continúan su andadura con Come Midnight... (Art As Catharsis, 2012), su último trabajo hasta la fecha y otra mirada en profundidad a las penumbras que anidan en nuestro interior. 


Empezaré diciendo que Adrift For Days es una de las bandas más especiales y originales que haya dado el metal y el rock en muchísimo tiempo, hecho que queda corroborado en Come Midnight... aún más que en su prometedor debut. A través de una extraña alquimia los australianos han vertido en su crisol de mezclas géneros como el drone, el sludge, el post-metal, el doom y la psicodelia para obtener un elemento completamente nuevo y perturbador con la capacidad lisérgica de abrir tu mente a la oscuridad, a esa que nunca quisiste ver pero que sin embargo ansiabas. Como si Pink Floyd, The Doors, Neurosis y Cough le cantaran a tu alma desde el lado oscuro de la luna, el quinteto subyuga la forma a la idea, a la voluntad de moldear una propuesta que vaya más allá de ritmos y estructuras para instalarse en el reino donde la verdad surge de las catársis sensoriales. Un mundo de espiritualidad primigenia y pura donde Adrift For Days se mueven como pez en el agua, invocando en su travesía tectónicas murallas de sonido, riffs abrasadores o inquietantes y seductores pasajes de minimalismo acústico, todo ello acompañado de la versatilidad vocal de  Mick Kaslik. Capaz de bramar como una bestia ultramundana o abrazar la desesperación del blues más pantanoso, Kaslik es la guinda a un sonido inclasificable por no ir dirigido a la mirada escrutadora de la razón. A través de seis colosales cortes que se estiran hasta la hora y diez de duración, Come Midnight... te golpeará con toda la fuerza de una estrella colapsando (I. A Premonition II. Void III. The Aftermath), te mostrará la épica de la melancolía (House Of Cards), seducirá tus sentidos con mantras de otras dimensiones (Back Of The Beyond) y te hundirá en el éxtasis esquizoide de la desesperación (Eyes Look Down From Above). El trabajo a las seis cuerdas de Lachlan Doomdsdale y Ron Prince es realmente espectacular, exhibiendo con una suficiencia aplastante músculo a la par que gusto exquisito por las melodías, lija al mismo tiempo que caricias preñadas de peridición, moviéndose con fluidez donde otros sufrirían espasmódicos por tamaña soldadura creativa. Y al apagarse los rescoldos de este fuego insondable ardiendo entre notas musicales te quedará la sensación de que en el caos primordial que gobierna el Universo existe un patrón, pero cuyo conocimiento trae irremisiblemente la locura. Sin embargo dudo mucho que seas capaz de resistir la seducción de Come Midnight..., un viaje a esa demencia cósmica a través de la autopista de nuestra propia alma.


Come Midnight... es la demostración de que no todo está inventado pero a su vez la evidencia de algo que siempre ha estado ahí. Simplemente no queríamos verlo. Lo que si está claro es que Adrift For Days han creado un trabajo que podría ser sin dificultad el mejor disco de todo 2012. Así de sencillo. Así de aterrador. Así de bello...



lunes, 21 de mayo de 2012

AHAB - The Giant (2012)


Pocas cosas han suscitado a lo largo de la historia tanta fascinación en la mente de los hombres como el océano. Ajenos al miedo primigenio que nos provoca su inmensidad y poder, desde que pudimos construir las embarcaciones más rudimentarias nos hemos lanzado una y otra vez a recorrer su inmensidad como impelidos por alguna llamada misteriosa e irresistible, ajenos al enorme peligro de tamaña aventura. A pesar de nuestras modernas embarcaciones, de los satélites meteorológicos y demás avances tecnológicos, la verdad es que seguimos a merced de los caprichos de la mar, capaz de barrernos de un plumazo de su lomo o aplastarnos bajo las toneladas de presión que operan en su gigantesco estómago. Y aún a día de hoy, mientras gastamos cantidades ingentes de recursos en la exploración del espacio exterior, continuamos sabiendo muy poco del verdadero territorio por explorar de nuestro entorno, uno que nos sigue seduciendo con su llamada e inspirando algunas de las mayores obras maestras de nuestro arte. 



Muy pocos artistas han sabido retratar su terrorífica majestad, especialmente la de sus fondos, como los germanos Ahab, la encarnación de ese reino de oscuridad opresiva, presiones insoportables y secretos celosamente guardados.  Partiendo del evidente referente literario de Herman Melville y los sucesos acontecidos al The Essex (el navío hundido por un cachalote en el s.XIX que inspiró la novela Moby Dick), el cuarteto ha desarrollado una carrera pareja a la de un titánico ser abisal. Nacidos del vientre del océano, su primer y descomunal trabajo (The Call Of The Wretched Sea, 2006) era un aterrador descenso a los infiernos acuáticos a través de riffs de cadencia comatosa, sofocantes ambientes de densidad hipnótica y voces de ultratumba que dieron forma al que es uno de los mayores trabajos que ha dado el género hasta la fecha. Empujada por algún tipo de curiosidad incognoscible la bestia emprendió viaje hacia la superficie en The Divinity Of Oceans (2009), y aunque no llegó a romper las olas con su inmenso cuerpo sí se empapó de los territorios tenuemente iluminados por la luz del sol y sus criaturas, pariendo una obra con la riqueza  de los estratos oceánicos superiores, más diversa pero sin olvidar sus poderosos orígenes. Con The Giant la criatura por fin ha emergido a plena luz, desafiando insolente el poderío del astro rey, con su enorme musculatura abisal perlada de brillantes corales, crustáceos y el séquito de animales marinos que por el camino se han unido a su cruzada. Bebiendo ahora de las fuentes literarias de Poe, Ahab estructuran su nuevo álbum alrededor de La Narración de Arthur Gordon Pym, la única novela del genio de Boston (con uno de los finales más sorprendentes de la historia de la literatura) y que inspiró la no menos magnífica En Las Montañas De La Locura de H.P. Lovecraft



Al igual que pasara el año pasado con Esoteric, Ahab han dado un paso tan grande en su evolución sonora que sinceramente se me antojaría difícil considerar The Giant un álbum de funeral doom al uso. Su transversalidad ha llegado tan lejos que les coloca en un nicho propio, dominado únicamente por la voluntad y sus propias leyes internas, lo que, independientemente de valoraciones subjetivas y gustos concretos, habla de una formación de una valentía envidiable. Sabedores que la grandeza de su debut era simplemente insuperable, y poco estimulados por repetir esquemas, dieron carpetazo a la ortodoxia del género y emprendieron una senda marcada por la ampliación de horizontes, incorporando cuantos elementos de otros estilos consideraron para enriquecer la evocación de sus composiciones. The Giant marca hasta cierto punto el final de esa travesía, pero su golpe de timón ha sido tal que en vez de arribar en puerto ha cambiado el rumbo en pleno océano para encarar otro horizonte. Incorporando sonoridades propias del doom clásico y el post metal a su plúmbea base y sin miedo a alimentar su propuesta con preciosos desarrollos melódicos, Ahab han parido el que sin duda es su trabajo más "accesible" hasta la fecha, pero sin perder un ápice de integridad ni personalidad por el camino. Que nadie se asuste porque siguen siendo capaces de pulverizarte los huesos bajo toneladas de presión a base de riffs monolíticos mientras Daniel Droste te berrea desde otra dimensión, pero ahora hacen mucho más que eso. Ahora ya no son los tiranos de las profundidades, son la melodía de todo el océano, los embajadores de sus infinitos brillos, de su diversidad, de su terrible poder destructivo... y su belleza. El comienzo post rockero de Further South encarna a la perfección esa luminosidad, la infinitud de un mar en calma, para acto seguido succionarnos a millas de profundidad en ese abrazo demoledor, lento e inexorable en el que tan bien se mueven los germanos. La mayoría de composiciones del disco muestra esa coordinada bicefalia, a la que habría que añadir una mayor velocidad en la cadencia de los riffs (aunque siguen siendo maravillosamente lentos) que dota a The Giant de un dinamismo más acentuado que sus predecesores. Este último elemento, unido a una mayor presencia de las voces limpias, acercan en muchos momentos su propuesta a la de combos de doom más clásico. Deliverance es como una plomiza tarde de lluvia, una joya melancólica que podrían haber firmado los mismísimos Warning, mientras que Fathoms Deep Blue recuerda a bandas más recientes como Pallbearer. Pero cuando de verdad brillan estos nuevos Ahab es curiosamente cuando dan rienda suelta a su vertiente menos tectónica, algo que ejemplifica con majestuosidad Antarctica The Polymorphess, en mi opinión el mejor tema del disco. Empapando de épica la composición y con unos coros espectaculares en los que interviene Herbrand Larsen de los todopoderosos Enslaved, estamos ante un tema capaz de ponerte los pelos literalmente de punta. The Giant, el corte que cierra el ábum, corre por estos mismos derroteros, y es otro de los momentos álgidos del álbum de nuevo con Larsen ayudando en un trabajo vocal lleno de pasión. Otro de los grandes aciertos de The Giant recae sobre la producción, todo un trabajo de orfebrería a cargo de Jens Siefert. Grabado en analógico, el álbum contiene lo mejor de los sonidos modernos y añejos, un recordatorio de que las barreras que separan el rock clásico y los géneros más extremos del metal no siempre son tan herméticas. Considerando terminada la etapa fugaz de su impresionante debut, creo que es momento de dejar de comparar con aquel los nuevos lanzamientos de Ahab, mucho más cuando The Giant se instala en coordenadas donde dichas comparaciones no sirven ya para nada, como mucho para enfatizar los gustos estilísticos de cada uno y no sus valoraciones objetivas. 



The Giant es un disco superlativo, de una riqueza compositiva y capacidad de evocación arrebatadoras, y que aún es más sorprendente al mostrarnos una banda con todavía muchas leguas por delante. Eso sí, mientras hace seis años me imaginaba asistiendo a una gira conjunta entre Ahab y Evoken, ahora puede que disfrutara como un enano viéndoles junto a Giant Squid. En todo caso estamos ante uno de los discos del año, y tan sólo el tiempo revelará la verdadera magnitud de un trabajo tan maravilloso y valiente como este.




domingo, 18 de marzo de 2012

Novedad en mi Desván!

Como ya comenté, toda subida que realice en mi otro retoño bloggero y tenga que ver con el mundo de la música lo comentaré aquí para todos los que estéis interesados. En este caso se trata del documental (en versión original con subs en castellano) BLOOD, SWEAT + VINYL: DIY IN THE 21st CENTURY de Kenneth Thomas, centrado en tres de los sellos independientes más importantes del metal y rock de la actualidad: Hydra Head (capitaneado por Aaron Turner de Isis), Neurot Recordings (dirigido por Steve Von Till y Scott Kelly de Neurosis) y Constellation (hogar de Godspeed You! Black Emperor y su actual reencarnación como Thee Silver Mt Zion Memorial Orchestra). Con su filosofía de independencia y rechazo a la industria, y a través de entrevistas a bandas imprescindibles como Neurosis, Isis, Pelican, Jesu, Cave In, Oxbow, Do May Say Think o A Storm Of Light descubriremos que la honradez, los principios y el amor por el arte ajeno al mercantilismo siguen hoy en día tan vigentes como decadas atrás. En mi opinión estamos ante nuestro gran documental generacional...



miércoles, 4 de enero de 2012

NAHRAYAN - The Beginning Of The End / The End Of The Beginning (2012)


Puedes escuchar el disco completo pinchando AQUI

En el momento de escribir esta reseña, está confirmada la edición del disco en formato CD de lujo por el sello catalán Les Fleurs Du Mal, así como la intención de sacar la edición en vinilo a cargo de Radix Records, Odio Sonoro, Nooirax, Devilchild Records, Ozium Records (Suecia) y el propio sello de la banda, Marcha Lenta. La edición en CD saldrá en Febrero. No hace falta decir que si os gusta el álbum, y en la medida de vuestras posibilidades, apoyéis a los que lo han hecho posible adquiriendo el CD o el vinilo.


Yeah! Por fin puedo reseñar uno de los álbumes que con mayor ansia esperaba degustar un servidor tras muchos meses con los dientes largos, exprimiendo las dosis del mismo que sus creadores iban colgando en su bandcamp. Nada comparado con el largo y doloroso proceso de parto a través del cual verá la luz The Beginning Of The End / The End Of The Beginning. Más de una década en la que una idea, una gran idea, se estrellaba con la problemática de los cambios de formación y unos músicos extremadamente exigentes que no veían plasmados al 100% sus sueños sonoros en las diferentes grabaciones que iban moldeando. Como todas las grandes ideas, como todos los sueños que merecen la pena soñarse, necesitan de un proceso de tanteo, de prueba y error, hasta que todas las aristas y facetas de la joya en bruto van tomando forma y puliéndose. Por fin esa joya está lista para ver la luz, y os aseguro que su brillo dejará a más de uno hipnotizado. Nahrayan es el sueño colectivo de Julián (Muerte Por Mil Cortes, The Sand Collector, Quebranto) a la guitarra, bajo, voces y efectos, y Miguel (The Sand Collector, Quebranto) como batería y percusionista, nacido en el caluroso verano alicantino allá por el año 2000. En 2006, tras un directo junto a los catalanes Moksha, la banda decide separarse. Atrás quedaban numerosos conciertos en el Estado español, dos discos autoeditados (Demo en 2002 y Searching Perfect Dreams en 2003) y un EP póstumo (The End, 2006). Con la espina clavada de no haber podido presentar como ellos querían su propuesta, y tras haber crecido como músicos, Miguel y Julián deciden regrabar 7 de aquellos temas (dos de ellos inéditos, como Barathrum Fields y Red Moon) con un sonido a la altura de los mismos, añadiendo nuevos arreglos y ejecuciones. Del mismo modo, a nivel letrístico The Beginning... se ha conformado como un disco conceptual a través del cual veremos la manifestación física de todos los demonios internos de la humanidad, una manifestación que acaba por devorar el planeta entero.


Así pues, ¿qué es lo que tenemos con The Beginning...?, ¿un debut?, ¿un renacimiento?, ¿un colofón final? Pues nada de ello y todo a la vez. Tenemos el final de una búsqueda, que al culminar deviene en un ente completamente nuevo. Una meta que lleva implícitas todas las etapas de crecimiento de dos músicos geniales. Porque el álbum es una absoluta gozada, todo una invitación al escapismo y una profecía de nuestros peores miedos, de la mano de una propuesta a la que es difícil encasillar en un género concreto. The Beginning... es como un combate a muerte con una bestia infernal en mitad del mejor colocón de peyote, como zambullirte en un océano exótico y relajante para descubrir que allí te espera una horda de pirañas hambrientas, un puño de hierro enfundado en guante de terciopelo. A caballo entre unas sonoridades deudoras del universo post y la abrasividad del sludge, Nahrayan obran una alquimia atroz, herética, que mancilla la belleza de una música evocadora hundiéndola en un denso pantano de desesperanza. Miel para nuestros jodidos oidos, vamos. Y es que de estos señores me esperaba toda la malignidad posible, pero me he quedado a cuadros con las tremendas espirales sonoras y la capacidad de evocación que son capaces de desplegar. Hablaba de ese acercamiento al universo post, pero podría concretar diciendo que The Beginning... tiene alguno de los momentos post-rockeros más bellos que he escuchado en mucho tiempo, algo sorprendente ya que servidor sospechaba más un posicionamiento en la línea de Neurosis. No lo comento como algo negativo sino todo lo contrario, pues al atenuar los decibelios y la abrasividad la contraposición con los pasajes más furibundos se acentúa, y de esa unidad y lucha de contrarios surge un todo más grande, metáfora de ese conflicto interno que opera en todos nosotros y que amenaza con engullirnos vivos junto con todo el puto planeta. Especialmente remarcables son esos momentos de introspección sonora en las tremendas When Sun Sets Down y A Dying Sun, capaces de transportarte entre suaves oleadas a un estado de paz onírica para en cuestión de segundos despedazarte con inmisericordes ataques dirigidos a pulverizar tu córtex cerebral. Porque a pesar de lo comentado no es The Beginning... un disco para abrazarte con tus amigos gafapastas recordando el maravilloso legado de Mogwai. Aquí hay mucho mal rollo, verdadera lija para el alma, y a pesar de las infinitas capas sonoras que Julián es capaz de desplegar con su guitarra, a pesar del hipnótico percutir de Miguel, Nahrayan vomita desesperanza por todos sus costados. ¿No me crees? Pues chapotea entre fango y alambre de espino durante los 11 minutos de la grandiosa Red Moon Last Sunrise, y luego me cuentas. O mantente intacto mientras esa apisonadora de nombre Barathrum Fields aplasta hasta el último de tus patéticos huesos. Me ha encantado el tratamiento sonoro de las voces, como salidas de la garganta de alguna ronca bestia abisal, que acentúa aún más el mal rollo de las composiciones. No hay paz para los pecadores, o así deben pensar Nahrayan, porque durante los más de 65 minutos del álbum no dan pie al aburrimiento ni al descanso en un trabajo que requiere toda la atención del oyente, pero que a cambio le ragala una de las experiencias más satisfactorias que se puedan disfrutar hoy día en el campo metálico. Algo que queda refrendado en el mastodóntico corte final, The End, 15 minutos de deleite malsano en el que hay cabida para la épica oscura, la furia desatada e incluso unas melodías capaces de ponerte los pelos de punta. Podría seguir hablando de los mil matices que esconde el disco, o del maravilloso sonido que han conseguido este par de cabrones, pero dejo que sean los oidos y pútridos corazones de cada uno los que juzguen una propuesta que a mi ya me ha ganado para su causa oscura.


La primera en la frente. Con imaginación, pasión y un talento desbordante, Nahrayan se han cascado una obra monumental, y que para mí entra directamente a la lista de lo mejor de un 2012 que huele a Apocalipsis. Grandes.

NOTA: 9,5/10


miércoles, 26 de octubre de 2011

RUSSIAN CIRCLES - Empros (2011)



Hace poco comentaba con alguien lo difícil que este año se iba a poner elaborar la lista de los mejores discos del año, por la cantidad de grandes álbumes que han aparecido. También le decía que lo más frustrante era intentar ordenarla y que en cuestión de días volara por los aires con la salida de un nuevo discazo. Pues ha vuelto a ocurrir, y ojalá todos los problemas en la vida fueran así de placenteros. El cuarto álbum de Russian Circles era otro de los grandes nombres en la abultada lista de los discos más esperados de 2011, y con razón. Porque en el cada vez más saturado panorama del post-rock, donde la mayoría de bandas se limitan a repetir la misma manida fórmula hasta la extenuación o el sopor (lo que te sobrevenga antes), el trío de Chicago brilla con luz propia merced a una carrera caracterizada por la búsqueda de nuevas vías y sonoridades con las que dar cuerpo a una personalidad propia. Discos como Station (2008) y Geneva (2009) nos hablan de una formación no sólo inquieta, sino con demasiado fuego interno como para conformarse con los templados rescoldos de placidez que tanto gustan a los grupos del género. Esta tendencia hacia una música más pesada y enérgica se vio claramente en Geneva, uno de los mejores discos de su año. La entrada de Brian Cook como bajista en sustitución de Colin DeKuiper tuvo mucho que ver en esto, pues su labor en el álbum (con una presencia mayor y un sonido gordísimo) fue una de las claves de la grandeza del mismo. Tan sólo dos años después el trío regresa con el álbum que les puede aupar definitivamente al trono de un género necesitado de aire fresco.


Empros es la culminación de una búsqueda, la confirmación de que con valentía, esfuerzo y talento los resultados llegan. Sin necesidad de rupturas bruscas y a través de una evolución basada en la coherencia, el trío estadounidense nos presenta un álbum que es la continuación lógica de Geneva, pero subiendo un peldaño más en su búsqueda de la excelencia. Y es que creo no equivocarme al calificar Empros como el mejor disco de Russian Circles hasta la fecha. Nunca estos tres señores me habían sonado tan compenetrados, haciendo especial mención al trabajo espectacular que lleva a cabo el guitarrista Mike Sullivan. Porque si en Enter y Station todas las medallas fueron para la batería volcánica de Dave Turncrantz, y en Geneva fue Brian Cook el que nos dejó boquiabiertos con su labor a las cuatro cuerdas (hablamos de un ex-Botch actualmente en These Arms Are Snakes, señores), en Empros vemos explotar todo el enorme potencial de Sullivan para moverse por diferentes planos sonoros con una facilidad pasmosa. Riffs duros como el infierno, melodías preciosas y pasajes de minimalismo evocador trabajando unidos en favor de unas composiciones redondas, que sintetizan lo mejor que el post-rock puede aún ofrecer a nuestros saturados oídos. Manteniendo con maestría su don para manejar los momentos más bellos y reposados, Russian Circles han apostado por endurecer sus partes más enérgicas, hasta tal punto que Empros podría considerarse tanto un disco de post-rock como de post-metal. En temas como las iniciales 309 o Mlàdek, donde la sección rítmica suena más alta y más gorda que nunca acompañando los riffs furiosos de Sullivan, es imposible no pensar en bandas como Intronaut o Pelican. Esto no significa que el trío se hayan perdido en tierra de nadie, sino más bien que se han zambullido en un océano que bebe de ambos afluentes por igual. Algo que hace grande a la banda es que independientemente del álbum de ellos que estés pinchando, reconoces su sello inequívoco, lo que habla de su personalidad y de una coherente asimilación de los cambios incorporados. Es lo que le viene a la mente a uno cuando escucha Atackla, uno de los grandes cortes del álbum. A pesar del endurecimiento del sonido, sabes que estás ante una composición marca de la casa, soberbia a la hora de manejar los ritmos, los reposos cercanos al shoegaze y esa explosión final de energía capaz de ponerte los pelos de punta. La gran sorpresa viene con el corte final, Praise Be Man, en el que por primera vez en su carrera incorporan voces. Que nadie se asuste, porque éstas operan en un segundo plano, como un efecto sonoro más, y se adaptan perfectamente a una canción preciosa y cargada de psicodelia. Empros suena maravillosamente bien, algo que hay que agradecer al productor Brandon Curtis (bajista, teclado y voz de los muy recomendables The Secret Machines), que ya trabajara con ellos en Geneva. Resumiendo, Empros es el desenlace de uno de los viajes más interesantes al que hemos asisitido en los últimos años. Viendo cómo se las gastan los de Chicago seguro que no tardarán en plantearse nuevas metas y destinos, pero hasta entonces seguiremos disfrutando de una de las discografías más excitantes de este nuevo siglo.


Empros es la confirmación definitiva del estado de gracia en el que viven instalados Russian Circles, y aunque parecía difícil otro ejercicio de autosuperación que le coloca como su mejor trabajo hasta la fecha y en consecuencia el mejor ejercicio instrumental de 2011. Gracias por existir.

NOTA: 9,5/10