Ecos de una ciudad sumergida.

Sonidos procedentes de otros planos. Gritos reverberando en frecuencias superpuestas. Ritmos en honor a estrellas moribundas. Mantras enloquecidos desde abismos insondables. Carcajadas cayendo a plomo como lluvia sobre la tapa de un podrido ataúd. Melodías para una muerte frenética. Música para el fin de los tiempos.

Translator / traducteur / übersetzer / traduttore...

viernes, 25 de mayo de 2012

PIGS - You Ruin Everything (2012)



¿Te quedaste con ganas de más tras escuchar el nuevo disco de Unsane? ¿Te gustó pero añoras la vertiente más gorda, agresiva y cabrona de los neoyorquinos? Pues parece que a su bajista, Dave Curran, le ha pasado exactamente lo mismo y se ha animado a lanzar el debut de su proyecto paralelo junto al batería Jim Paradise de Player's Club y el bajista Andrew Schneider de los muy molones Slughog además de productor de lujo (Cave In, Converge, Unsane, Keelhaul...). Toda una alineación de lujo dentro del noise que con You Ruin Everything (2012, Solar Flare Records) quieren demostrar que, ante todo, lo suyo es la mala hostia y los dientes apretados.


No voy a osar ponerme a comparar el último trabajo de Unsane con este porque ambos me parecen tremendos, porque su acercamiento al género viene de coordenadas distintas y porque no me sale de los cojones, que estoy hasta los huevos de que los discos se valoren por comparación y no por sus propias virtudes. Y You Ruin Everything las tiene como para hacerte sangrar los putos oídos. Mucho más cínico, contestatario y furibundo que en su banda madre, Curran se ha sacado de la chistera 11 temas que son oro puro, todo un viaje a principios de los 90 cuando bandas como Unsane, Helmet y Jesus Lizard partían la pana entre el reducido grupo de paladares selectos que descubrieron que el verdadero caviar se criaba allí y no entre las puñeteras filas del grunge. Aquí no hay lamentos, hay escupitajos ensangrentados, y los únicos suicidios los de todo aquel que intente ponerse delante de este trío. A medio camino entre el gancho y el cabezazo se mueven Pigs, jugando entre la accesibilidad que haga bajar tu guardia y la pegada que te salte los dientes. Los riffs de Curran (metido aquí a guitarrista) pueden cortar con filo asesino a la par que sacarse gordísimos mazazos cavernícolas, mientras que la sección rítmica puede dinamitar las vigas maestras de tu edificio, con un Jim Paradise espectacular y el angelito Schneider haciendo sonar su bajo como las jodidas entrañas de la tierra en una mala digestión. Temas como el monstruoso Massive Operator Error son el mayor homenaje que se le podría hacer a Jesus Lizard, pero pasado por un filtro de mugre y morbidez sonora, mientras que Contrition Dilemma puede levantar a los muertos de sus tumbas con su insana hiperactividad rítmica. Scrum comienza juguetona haciéndote rizitos en el pelo para acto seguido agarrarte la cabeza y golpeártela sin misericordia contra el suelo, y te lo merecerás por no verlo venir. Pero si bien todo el disco se mantiene soberbio en un nivel de excelencia absoluta, son los dos cortes finales los que disparan You Ruin Everything hasta la estratosfera. Hablo de At Least Is An Ethos Pt 1 y 2, donde se desatan completamente, incluyendo en la segunda parte un homenaje al Dr. Who con las voces de Tom Baker y el robot Davros. Eso para mí es ley, y hace al disco maravilloso porque soy un freak orgulloso de mi condición, punto. La verdad que poco más puedo decir de una sorpresa tan grandiosa, que hace que no tengamos sólo una joya del noise rock en 2012, sino dos de ellas. Yo no puedo pedir más.


Otra de las tremendas alegrías de 2012, You Ruin Everything no es sólo la constatación de que el noise rock sigue muy vivo, sino que hoy día es más necesario que nunca en este mundo regido por una moral de alimañas. Espero que tengamos Pigs para rato, porque sería una tragedia que una conjunción de talentos como ésta deje de soltar escupitajos orgullosos como el que acaban de regalarnos.


martes, 22 de mayo de 2012

CATTLE DECAPITATION - Monolith Of Inhumanity (2012)



Este año el trono del death metal se vende muy caro, y más cuando los pesos pesados del género están pegando un golpe en la mesa tras otro para dejar bien claro quién sigue mandando en la escena. Por ello lo último que me esperaba es que una banda como Cattle Decapitation fuera la que desafiara la supremacía de Asphyx, Cannibal Corpse o Terrorizer. Vaya por delante que respetaba mucho al cuarteto de San Diego, y desde que les descubrí con Karma.Bloody.Karma (2006, Metal Blade Records) he seguido con interés la evolución de su deathgrind misántropo y vegano. Ese interés se transformó en entusiasmo cuando lanzaron el tremendo The Harvest Floor (2009, Metal Blade Records), en el que afilaban aún más su mala hostia y pulían sus capacidades compositivas deviniendo en una de las más gratas sorpresas de aquel año. Sin embargo todavía tenía la sensación de que les faltaba un pequeño salto para llegar al nivel de compañeros de viaje como Cephalic Carnage, Dying Fetus o Aborted. Pues bien, con Monolith Of Inhumanity (2012, Metal Blade Records) ese momento ha llegado, acompañado de todo un un carro de sorpresas.




Estos cuatro terroristas sonoros han parido un trabajo descomunal, realmente inhumano, que puede mirar de tú a tú a cualquiera de las grandes obras del género. Y lo digo sin pestañear porque tras escuchar Monolith Of Inhumanity ya no puedo, no encuentro mis párpados. Ni mi cabeza. Pocas, muy pocas veces, he escuchado un ejercicio de control del caos como el que han llevado a cabo Cattle Decapitation, ni he recibido una paliza tan inapelable como la que supone escuchar los 11 cortes que contiene de una tacada. Más bestias, técnicos y veloces que nada de lo que haya escuchado este año, además le suman a sus virtudes unas composiciones que por fin no adolecen de ningún punto flaco ni debilidad, y que absorben tal cantidad de referentes que un análisis concienzudo puede llevar a la locura. Capaces de aporrear con todo el músculo cavernícola del brutal death, acelerar con la furia camorrista de los primeros Napalm-Death o desquiciarte con la técnica ultramundana y epiléptica de Cephalic Carnage, los de San Diego pueden también afilar su filo hasta acercarse a terrenos propios del black metal, acercándose por momentos a los apocalípticos territorios de combos infames como Anaal Nathrakh. La labor de Josh Elmore a la guitarra podría llevar al suicidio al 99% de hachas del planeta, y tanto su variedad de recursos como la velocidad de ejecución con que los combina no pertenecen a un ser de este plano de existencia. El bajista Derek Engemann, incorporado a la banda en 2010, participa por primera vez en las labores de composición uniendo fuerzas con ese troll de las cavernas que es David McCraw (uno de los aporreadores más grandes del metal extremo) para conformar una sección rítmica más gorda y maligna que un banquero. Y es que además el señor Engemann no utiliza púas... No me gustaría ver esos dedos. Y luego están las voces... Que Travis Ryan era un titán de la guturalidad malsana ya lo sabíamos todos, pero la variedad de registros y la pasión maníaca que despliega en Monolith Of Inhumanity es para quitarse el sombrero. Si le sumamos las colaboraciones de lujo de "angelitos" como Lenard Leal de Cephalic Carnage o Mike Majewski de Devourment, pues os podéis hacer una idea del nivel de mugre y cerdor que puede alcanzar el disco. El señor Ryan tiene reservada otra sorpresa, y es la incorporación de voces limpias en muchos de los temas, algo que se hubiera considerado herejía hasta hace no mucho. No temáis, que he dicho voces limpias, no melódicas. No vais a encontrar ni una sola gilipollez blandurria aquí, ni estribillos bochornosos propios del metalcore flequilludo, y sí unos coros espectaculares cercanos al industrial que introducen un elemento inédito en la composición cromosómica de Cattle Decapitation: la épica. Apocalíptica, oscura y terrible, pero épica al fin y al cabo. Este elemento se ve ayudado por un Elmore que no duda en aportar pequeñas pinceladas de melodía y gancho para aupar los fraseos de su compañero hasta la estratosfera. Hay otro factor en la sombra que tiene mucho que decir en este nuevo rumbo del cuarteto, y es la labor en la ambientación que lleva a cabo John Wiese, antiguo colaborador de Sunn O))) y que ya participara en un par de temas de The Harvest Floor encargándose de los elementos electrónicos. Su toque sutil a lo largo del disco es la guinda perfecta a este pastel relleno de heces, sangre y Apocalipsis. Os estaréis preguntando sobre temas a destacar. Y yo os digo sinceramente que todos son acojonantes. Con Gristle Licker y Projectile Ovulation te saldrá más pelo en el pecho que a Chuck Norris, pero también te saltarán todos los dientes. The Carbon Stampede es la recreación malsana en el dolor propio, el éxtasis sodomita, la fascinación ante la visión de tu esfínter desgarrado. A Living, Breathing Piece Of Defecating Meat (título soberbio donde los haya) es una reinterpretación del concepto de "hit", y lo más cercano a una canción pinchable que jamás hayan grabado estos tíos. Do Not Resuscitate nos muestra a unos Cattle Decapitation capaces de andar, trotar y galopar, pero siempre sobre tus entrañas. Lifestalker y Kingdom Of Tyrants son las joyas de la corona, los embajadores del nuevo rumbo de la banda, dos oscuras e inapelables demostraciones de que el Apocalipsis puede ser incluso bello, sutiles invitaciones a irnos todos a tomar por el culo con una sonrisa en los labios. Y no puedo terminar sin postrarme ante la producción del álbum a cargo de Dave Otero (Cephalic Carnage, Cobalt, Nightbringer), que por fin está a la altura de una banda como Cattle Decapitation mostrando todas sus virtudes con un empaque, claridad y poderío inéditos en su discografía.



Hostia puta. Es la mejor definición de Monolith Of Inhumanity y lo primero que te vendrá a la cabeza cuando Cattle Decapitation se lancen a por tu yugular desde el primer minuto del álbum. Estamos ante un salto de gigante en la carrera de los estadounidenses y probablemente el mejor disco de metal extremo en lo que vamos de año. Lleno de personalidad, ideas frescas y una mala hostia sobrecogedora, si este disco no desencadena el fin del mundo ningún otro lo hará.




lunes, 21 de mayo de 2012

AHAB - The Giant (2012)


Pocas cosas han suscitado a lo largo de la historia tanta fascinación en la mente de los hombres como el océano. Ajenos al miedo primigenio que nos provoca su inmensidad y poder, desde que pudimos construir las embarcaciones más rudimentarias nos hemos lanzado una y otra vez a recorrer su inmensidad como impelidos por alguna llamada misteriosa e irresistible, ajenos al enorme peligro de tamaña aventura. A pesar de nuestras modernas embarcaciones, de los satélites meteorológicos y demás avances tecnológicos, la verdad es que seguimos a merced de los caprichos de la mar, capaz de barrernos de un plumazo de su lomo o aplastarnos bajo las toneladas de presión que operan en su gigantesco estómago. Y aún a día de hoy, mientras gastamos cantidades ingentes de recursos en la exploración del espacio exterior, continuamos sabiendo muy poco del verdadero territorio por explorar de nuestro entorno, uno que nos sigue seduciendo con su llamada e inspirando algunas de las mayores obras maestras de nuestro arte. 



Muy pocos artistas han sabido retratar su terrorífica majestad, especialmente la de sus fondos, como los germanos Ahab, la encarnación de ese reino de oscuridad opresiva, presiones insoportables y secretos celosamente guardados.  Partiendo del evidente referente literario de Herman Melville y los sucesos acontecidos al The Essex (el navío hundido por un cachalote en el s.XIX que inspiró la novela Moby Dick), el cuarteto ha desarrollado una carrera pareja a la de un titánico ser abisal. Nacidos del vientre del océano, su primer y descomunal trabajo (The Call Of The Wretched Sea, 2006) era un aterrador descenso a los infiernos acuáticos a través de riffs de cadencia comatosa, sofocantes ambientes de densidad hipnótica y voces de ultratumba que dieron forma al que es uno de los mayores trabajos que ha dado el género hasta la fecha. Empujada por algún tipo de curiosidad incognoscible la bestia emprendió viaje hacia la superficie en The Divinity Of Oceans (2009), y aunque no llegó a romper las olas con su inmenso cuerpo sí se empapó de los territorios tenuemente iluminados por la luz del sol y sus criaturas, pariendo una obra con la riqueza  de los estratos oceánicos superiores, más diversa pero sin olvidar sus poderosos orígenes. Con The Giant la criatura por fin ha emergido a plena luz, desafiando insolente el poderío del astro rey, con su enorme musculatura abisal perlada de brillantes corales, crustáceos y el séquito de animales marinos que por el camino se han unido a su cruzada. Bebiendo ahora de las fuentes literarias de Poe, Ahab estructuran su nuevo álbum alrededor de La Narración de Arthur Gordon Pym, la única novela del genio de Boston (con uno de los finales más sorprendentes de la historia de la literatura) y que inspiró la no menos magnífica En Las Montañas De La Locura de H.P. Lovecraft



Al igual que pasara el año pasado con Esoteric, Ahab han dado un paso tan grande en su evolución sonora que sinceramente se me antojaría difícil considerar The Giant un álbum de funeral doom al uso. Su transversalidad ha llegado tan lejos que les coloca en un nicho propio, dominado únicamente por la voluntad y sus propias leyes internas, lo que, independientemente de valoraciones subjetivas y gustos concretos, habla de una formación de una valentía envidiable. Sabedores que la grandeza de su debut era simplemente insuperable, y poco estimulados por repetir esquemas, dieron carpetazo a la ortodoxia del género y emprendieron una senda marcada por la ampliación de horizontes, incorporando cuantos elementos de otros estilos consideraron para enriquecer la evocación de sus composiciones. The Giant marca hasta cierto punto el final de esa travesía, pero su golpe de timón ha sido tal que en vez de arribar en puerto ha cambiado el rumbo en pleno océano para encarar otro horizonte. Incorporando sonoridades propias del doom clásico y el post metal a su plúmbea base y sin miedo a alimentar su propuesta con preciosos desarrollos melódicos, Ahab han parido el que sin duda es su trabajo más "accesible" hasta la fecha, pero sin perder un ápice de integridad ni personalidad por el camino. Que nadie se asuste porque siguen siendo capaces de pulverizarte los huesos bajo toneladas de presión a base de riffs monolíticos mientras Daniel Droste te berrea desde otra dimensión, pero ahora hacen mucho más que eso. Ahora ya no son los tiranos de las profundidades, son la melodía de todo el océano, los embajadores de sus infinitos brillos, de su diversidad, de su terrible poder destructivo... y su belleza. El comienzo post rockero de Further South encarna a la perfección esa luminosidad, la infinitud de un mar en calma, para acto seguido succionarnos a millas de profundidad en ese abrazo demoledor, lento e inexorable en el que tan bien se mueven los germanos. La mayoría de composiciones del disco muestra esa coordinada bicefalia, a la que habría que añadir una mayor velocidad en la cadencia de los riffs (aunque siguen siendo maravillosamente lentos) que dota a The Giant de un dinamismo más acentuado que sus predecesores. Este último elemento, unido a una mayor presencia de las voces limpias, acercan en muchos momentos su propuesta a la de combos de doom más clásico. Deliverance es como una plomiza tarde de lluvia, una joya melancólica que podrían haber firmado los mismísimos Warning, mientras que Fathoms Deep Blue recuerda a bandas más recientes como Pallbearer. Pero cuando de verdad brillan estos nuevos Ahab es curiosamente cuando dan rienda suelta a su vertiente menos tectónica, algo que ejemplifica con majestuosidad Antarctica The Polymorphess, en mi opinión el mejor tema del disco. Empapando de épica la composición y con unos coros espectaculares en los que interviene Herbrand Larsen de los todopoderosos Enslaved, estamos ante un tema capaz de ponerte los pelos literalmente de punta. The Giant, el corte que cierra el ábum, corre por estos mismos derroteros, y es otro de los momentos álgidos del álbum de nuevo con Larsen ayudando en un trabajo vocal lleno de pasión. Otro de los grandes aciertos de The Giant recae sobre la producción, todo un trabajo de orfebrería a cargo de Jens Siefert. Grabado en analógico, el álbum contiene lo mejor de los sonidos modernos y añejos, un recordatorio de que las barreras que separan el rock clásico y los géneros más extremos del metal no siempre son tan herméticas. Considerando terminada la etapa fugaz de su impresionante debut, creo que es momento de dejar de comparar con aquel los nuevos lanzamientos de Ahab, mucho más cuando The Giant se instala en coordenadas donde dichas comparaciones no sirven ya para nada, como mucho para enfatizar los gustos estilísticos de cada uno y no sus valoraciones objetivas. 



The Giant es un disco superlativo, de una riqueza compositiva y capacidad de evocación arrebatadoras, y que aún es más sorprendente al mostrarnos una banda con todavía muchas leguas por delante. Eso sí, mientras hace seis años me imaginaba asistiendo a una gira conjunta entre Ahab y Evoken, ahora puede que disfrutara como un enano viéndoles junto a Giant Squid. En todo caso estamos ante uno de los discos del año, y tan sólo el tiempo revelará la verdadera magnitud de un trabajo tan maravilloso y valiente como este.




jueves, 17 de mayo de 2012

PSEUDOGOD - Deathwomb Catechesis (2012)



Hoy no esperéis piedad, ni de mí ni mucho menos de la banda que visita mi pútrido cubil abisal. Ya tenía ganas de echarme a la cara un artefacto verdaderamente mugriento, malintencionado y satánico como el que nos brindan los rusos Pseudogod. Tras 8 años de carrera, 3 splits, 1 demo, 1 compilación y 1 DVD, Deathwomb Catechesis es el debut en formato LP de estos carniceros del Averno, de nuevo con un artwork acojonante como vestimenta a su Death/Black Metal quebrantahuesos. Muchas eran las heréticas esperanzas que en el underground se tenía respecto a estos señores (he de reconocer que nunca he sabido cuántos son, porque en las fotos salen tres pero en su ficha de Metal Archives aparecen 4 o 5) habida cuenta de sus demoledores splits, y ya hay voces que comparan este álbum con el intocable Seven Chalices de los madrileños Teitanblood, junto a las clásicas de "prefería la demo". Yo soy más cauto y creo que me posiciono en un punto medio, pues no querría ofender a la bestia que vive en el interior de Seven Chalices...



Con Deathwomb Catechesis estos terroristas sonoros se han cascado un álbum superlativo, un engendro que honra por igual la tradición y las raíces como los nuevos vientos que soplan por el género. Es indudable que su bestialidad antediluviana y primaria les emparenta con combos como Teitanblood, Ignominous o Beherit, pero al mismo tiempo no permiten que la bestia domine las composiciones, desplegando unos desarrollos intrincados y una técnica soberbia. Como si de unos finos cirujanos con machetes roñosos se tratase, esta segunda faceta más "cerebral" bebe de la otra gran influencia de Pseudogod, los enormes Mitochondrion. Y aunque parezca mentira esta bicefalia no chirría ni provoca dolorosas luxaciones compositivas, sino que muta en una enorme testa coronada por cuernos que embiste al oyente como una abominación biblíca. Los riffs poderosos conviven con capas de guitarra como lija del 10, la producción cerda y mínima con una imposible claridad a la hora de distinguir cada instrumento, y los porrazos cavernícolas con estudiadas estocadas dirigidas a los testículos. Otra de las grandes virtudes del disco es su capacidad para envolverte con unas sofocantes atmósferas salidas de sabe Satán dónde y que se te pegan como una hedionda mortaja, la vestimenta perfecta para recibir unos asaltos masivos que podrían haber firmado los mismísimos Immolation. No estamos ante un trabajo fácil de digerir a la primera, y tendremos que defecarlo y volverlo a devorar para asimilar todos sus radioactivos nutrientes (esto me ha quedado de un poético que ni Neruda), pues bajo esa aparente carga salvaje monodimensional se esconde todo un universo de matices dementes. Parones, medios tiempos a lo Bolt Thrower, sonoridades que aparecen desde otras dimensiones y una voz que reverbera desde el ojete de Belcebú irán empapando de pus y esputos vuestro corazón a medida que os adentréis en sucesivas escuchas sadomasoquistas. Porque cada vez que le deis al Play y os enfrentéis a los 40 minutacos del álbum lo estaréis haciendo en uno de los ejercicios de blasfemia sonora más intensos que nos ha brindado el metal extremo en este apocalíptico 2012.


Deathwomb Catechesis es el caos controlado, la sonrisa pérfida e inteligente que se esconde tras la demencia del cosmos, la mano ejecutora de cada desgracia aparentemente aleatoria. Y junto a Deathhammer de Asphyx mi disco de Death Metal predilecto de lo que llevamos de año. 

miércoles, 16 de mayo de 2012

TRAGEDY - Darker Days Ahead (2012)



Seis años después del notable Nerve Damage, los titanes del crust punk Tragedy regresan con uno de los discos más esperados por un servidor en este 2012. El cuarteto de Memphis, nacido de las cenizas de los seminales e imprescindibles His Hero Is Gone, lleva más de una década dedicándose a lo suyo, pasando olímpicamente de discográficas, promociones y todo lo que no tenga que ver exclusivamente con su música. Y pasando también, todo hay que decirlo, de una comunidad (la punk) tremendamente obtusa y fosilizada, incapaz de entender la evolución natural de Tragedy a un combo mucho menos acelerado que actualmente hace hincapié en la pesadez y la oscuridad como sus herramientas preferidas para dar forma a una propuesta que sigue siendo única, le pese a quien le pese. Quien espere otro Vengeance puede hacerlo sentado, porque Darker Days Ahead es la profundización de una senda muy diferente, pero debería hacer reflexionar a muchos sobre el discutido valor de la repetición como filosofía de vida. Producido por el gurú de los sonidos pantanosos Billy Anderson, estamos ante un trabajo que de nuevo no dejará indiferente a nadie.


Si tuviéramos que aludir a la militancia sonora de un artefacto como el que tenemos entre manos, sin ninguna duda habría que decir que lo hace en las filas del metal mucho más que en las del punk o el hardcore. Yo seguiré considerando a Tragedy una banda punk hasta el día en que me muera, pero también es debido a que siempre he creído que el punk no tiene tanto que ver con el sonido como con una filosofía y una ética a la hora de hacer las cosas. La total libertad de hacer lo que uno siente sin importarle las normas o las opiniones del resto, el trazar un camino propio ajeno a la puñetera industria musical y la honestidad por bandera. Virtudes que nadie puede poner en duda abandera el cuarteto estadounidense y a las que añaden su capacidad y talento para parir monstruosidades de la talla de este Darker Days Ahead. De nuevo estamos ante una propuesta y sonido que sólo podemos calificar de enorme, gordísimo, que va más allá de tal o cual producción (aunque aquí Billy Anderson tiene su parte de culpa) para instalarse en el código genético de Tragedy. Con un bajo capaz de demoler las mismísimas puertas del cielo como argamasa con la que edificar el resto del oscuro monolito en que deviene la propuesta actual de los de Memphis, Darker Days Ahead suma el gusto exquisito de Todd Brudette y Yannik Lorrain a la hora de conjugar riffs monolíticos y melodías de tenebrosa capacidad seductora, así como la cavernosa e iracunda voz de Brudette, llena de esputos feroces contra el puto mundo que nos ha tocado vivir. Los 36 minutos de metraje del álbum son a la vez el camino más corto y el más pausado para entrar en el Infierno por la puerta grande. Como si de un titán de leyenda se tratase, que no necesita correr para cubrir kilómetros con cada ciclópeo paso, a Tragedy les basta con 9 cortes para dejarte el culo como la bandera de Japón, comenzando por la espectacular No Cemeteries Here. Un tema en el que le pegan un buen corte de mangas a los convencionalismos mezclando el chocar de placas tectónicas con solos de guitarra y acústicas. Con dos cojones. The Grim Infinite es otro troll que despierta perezoso, pero a la que se viene arriba te machaca las cervicales a martillazos, con la seguridad que al acabar tendrás que buscar tu cabeza en algún lugar entre los intestinos y el ojete, recordándote de paso que si quieren pueden acelerar como en sus primeros días. Wail Of Sirens hace hincapié en la faceta más introspectiva, melódica e incluso épica de la banda, algo que puede que apeste a los punks pero que al resto de mortales nos la pone bien dura, en un tema que nos hace sospechar que estos señores escondían un amor tremendo por retorcidas propuestas como las de Neurosis. Darker Days Ahead es puro crust melódico, infeccioso y pegadizo, al igual que la enérgica Black Against Night, que precede a la final To Earth Like Dust, otro pepinazo denso como la brea y que es el colofón perfecto a un disco soberbio, intenso y jodidamente arrollador en su poderío.


Oscuro, rabioso y de una masividad casi física, Darker Days Ahead es el regreso triunfal de Tragedy, una banda que sigue escarbando en sus entrañas y lanzándote los restos ensangrentados a la cara. Ajenos a críticas estúpidas e inmovilismos, lo suyo es un paso desafiante tras otro hacia el Apocalipsis. A sus pies.




lunes, 14 de mayo de 2012

ARC OF ASCENT - The Higher Key (2012)


Puedes escuchar el disco a través del Bandcamp de Arc Of Ascent. PINCHA AQUÍ.

Ganas tremendas le tenía a uno de los discos más esperados por un servidor este año. No es para menos, puesto que el debut de los neozelandeses, Circle Of The Sun (2010, Astral Projection), fue todo un sorpresón que se coló en la mayoría de listas de lo mejor de aquel año para los fans del stoner y el rock pesado en general. Capitaneados por el gran Craig Williamson (Datura, Lamp Of The Universe), Arc Of Ascent despliegan una propuesta que amalgama la contundencia del stoner con sonoridades orientales y desarrollos propios de la psicodelia, dando como resultado una música hipnótica y muy personal. Acompañado esta vez por el guitarrista Sandy Schaare y el batería John Strange, Williamson (voz, bajo, teclados y sitar) demuestra con The Higher Key que el revuelo formado hace dos años fue mucho más que un golpe de suerte.


Porque lo han vuelto a conseguir, y de qué manera! Sorprendentemente han sido capaces de potenciar la musculatura de su propuesta bicefálica para conseguir un trabajo que es a la vez más pesado e hipnótico que su predecesor. Cada vez más cerca de la cadencia mántrica de Lamp Of The Universe pero sin renunciar a unos riffs que son pura tectónica contundente, Arc Of Ascent moldean seis cortes realmente mágicos, volcánicos y llenos de espiritualidad que te mantendrán pegado a los cascos en estado de éxtasis, pensando que al final eso del nirvana va a ser algo más que una gilipollez budista. Erguidos sobre un riff ganador tras otro cada canción va fijando su estructura firmemente al suelo, fundiéndose con la roca, para una vez asentada elevar sus tentáculos al cielo, deviniendo en ciclópeos monumentos de trascendentalismo sonoro, algo a lo que ayudan mucho las profundas letras de Williamson. A pesar de su cuerpo compacto y homogéneo The Higher Key resulta una obra llena de matices y diversidad a nada que se afine un poco el oído y se traspasen las primeras capas de denso oleaje guitarrero, encontrando elementos más allá de los estándar en el género, como el orientalismo sonoro o la lisergia propia del rock psicodélico. Con la poderosa y sabbathica Celestial Altar retiramos el Velo de Maya a guantazos, para descubrir que efectivamente los hindúes tenían razón y tras él se esconde la verdadera realidad, bella, fascinante y más allá del escrutinio de la razón y la materia. Redemption nos muestra ese otro mundo a través de una cadencia propia del doom, empapada de ácido y cuya estructura es la más cercana a experimentar un mantra entre riffs de otras dimensiones. Y una vez que nuestra percepción se ha acostumbrado a nadar a través del oleaje de la infinitud llega la auténtica revelación de la mano de las dos grandes joyas del álbum, Elemental Kingdom y la final Through The Rays Of Infinity. La primera es un titán de leyenda que despierta con el chocar de placas tectónicas y que según avanza el metraje despliega sus alas para encontrarse con el cosmos, de la mano de unos coros de reminiscencias orientales y unos exquisitos solos de guitarra a cargo de Sandy Schaare (que hace un trabajo espectacular a lo largo de todo el álbum). Through The Rays Of Infinity, mi preferida, recorre el camino inverso y como si de un meteorito apocalíptico se tratase atraviesa la vastedad del Universo para acabar impactando con la fuerza de mil bombas atómicas sobre la Tierra, resquebrajando su corteza a golpe de riffs ultramundanos y un final acojonante capaz de pulverizar las vigas maestras de tu edificio. Con el cuerpo molido pero el alma plena de júbilo, al acabar tendrás la sensación de haber vivido 45 minutos únicos, junto a la convicción de que el señor Williamson es lo más cercano a un gurú que nos pueda ofrecer el rock hoy día.


Confirmando la grandeza de su debut, Arc Of Ascent han vuelto a parir una obra maestra que dinamita las posibilidades de cualquier otro intento ganador que salga de las filas del stoner internacional. Porque The Higher Key es imbatible, un ente aliado con las fuerzas del cosmos para sacudir nuestras cerradas mentes racionales. Cuando el heavy y la gracia divina se dan de la mano...



viernes, 11 de mayo de 2012

NUEVAS BANDAS: TORSO - Inside EP (2012)



Termino la semana de repaso a las Nuevas Bandas que han llamado a las puertas de R'Lyeh con otra grata sorpresa, proveniente esta vez de Austria. Torso es una banda de rock pesado y psicodelia nacida en 2009 con el nombre original de Montezuma, siendo una propuesta instrumental de tres integrantes. Tras varios ajustes de formación, cambio de nombre y añadiendo voces a sus composiciones, Torso entran a grabar Inside en Septiembre de 2011, y el EP verá la luz este año a través de StoneFree Records. El grupo está compuesto por Michael Jandrisevits (guitarra, voz), Bernhard Garger (guitarra, voz), Klaus Gulyas (batería) y Thomas Pint (bajo).


Para nada miento cuando digo que Inside ha sido toda una sorpresa, pues el nivel que estos austriacos muestran en su carta de presentación es altísimo habida cuenta de su condición de novatos. Con un nombre sacado del famoso e influyente giallo de Sergio Martino, partiendo del rock de la época dorada y añadiéndole las toneladas de densidad propias del rock pesado moderno, Torso despliegan una propuesta que es lo más parecido a un pantano lleno de borboteante ácido lisérgico, todo un viaje psicodélico pero que sin embargo nunca se pierde en la autocomplacencia y se centra en facturar canciones por encima de todo. Uno de los grandes aciertos del EP es que es capaz de saltar por encima de los múltiples e innegables referentes de los que parte para arribar en un resultado final lleno de personalidad y en el que los 7 temas que lo componen laten con vida propia, diferenciada entre sí pero trabajando de manera coordinada. De Hendrix a Kyuss pasando por Hawkind o Cream, estos tíos saben manejar cuantos libros de estilo se les antoja, y os aseguro que ese conocimiento deviene en verdaderos momentos estelares a lo largo del disco. Un gran ejemplo de ello es la inicial One, que sin dejarte tiempo a acomodarte ya te asalta con un dinamismo y energía espectaculares, como si de unos Hawkwind ultravitaminados se tratasen. Inside es otra de mis preferidas, una maravilla empapada de blues y alma lisérgica y con unos solos incendiarios de un nivel ultramundano. Espectacular! Voices me atrapó al instante al tocarme en la fibra sensible, ya que estamos ante un tema que podrían haberlo parido unos U.S. Christmas hasta el culo de marihuana, 8 preciosos minutos llenos de evocación y melancolía que a un servidor le puso los pelos de punta. Y para cerrar los muy cabrones te sueltan la sorpresiva Haunting Witches... Cuando uno esperaría un corte calmado para finiquitar el trabajo, lo que se encuentra es todo un hit que te levanta del asiento de una patada en el culo. Junto a Crown de Fellwoods se han instalado como los dos grandes singles rockeros del año para un servidor.


Poco más puedo añadir de un trabajo que me ha sorprendido sobremanera, y que coloca a Torso como una banda a seguir muy de cerca en el futuro. Psicodelia, riffs musculosos, evocación y un dinamismo electrizante son las principales armas de un cuarteto que no podía haber parido una mejor carta de presentación. Por de pronto ya se han ganado todos mis aplausos tentaculares.