Ecos de una ciudad sumergida.

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martes, 27 de marzo de 2012

HIGH ON FIRE - De Vermis Mysteriis (2012)



Escucha el álbum completo a través de Metalsucks.net, pinchando AQUÍ.

Texto extraído de mi reseña original en DiabloRock


Comiencen a temblar y encomiéndense a sus dioses predilectos porque la máquina de patear culos ha regresado, y tiene ganas de revancha. Sexto trabajo de los todopoderosos High On Fire en el que quieren callar las bocas de los que dijimos (con razón) que con su anterior trabajo, Snakes For The Divine (2010, E1 Music), la bestia había perdido su mordiente. Aquel fue un álbum mucho más escorado a la vertiente rockera del trío de Oakland, lo que en si mismo no tenía nada de malo si no fuera porque por el camino perdieron su propio código genético, el que les hacía una banda única en la escena metálica. Dos años después la formación liderada por el gran Matt Pike (guitarra, voz), y que completan Jeff Matz (bajo) y Des Kensel (batería), vuelven invocando De Vermis Mysteriis (2012, E1 Music), álbum de evidentes referencias lovecraftianas (su título hace referencia al grimorio inventado por el escritor Robert Bloch y que H.P. Lovecraft incorporó a sus Mitos de Cthulhu) con el que pretenden sumirnos en el más pavoroso terror a golpe de riff y mala hostia.


Para los impacientes y nerviosos, aclararé antes de nada que De Vermis Mysteriis es un discazo, el retorno por todo lo alto de High On Fire a la senda de la excelencia. Sin embargo, quien espere un viaje en el tiempo a ese pasado en el que los californianos se abrían paso a mamporros con títulos como  Surrounded By Thieves (2002, Relapse Records), se va a llevar una decepción. Los High On Fire que se encomendaban al esquema deudor de Venom, Slayer y Celtic Frost se han ido, y dudo mucho que vayan a volver. Estamos ante una banda mucho más crecida, madura, capaz de combinar su vigoroso músculo metálico con una versatilidad sorprendente, cuyos tentáculos son capaces de mucho más que de aporrear cabezas. De hecho se podría decir que De Vermis Mysteriis es todo lo que no pudieron conseguir con Snakes For The Divine, depurando los errores cometidos en su anterior trabajo y añadiendo la grandeza e idiosincrasia del que para mí era su gran álbum hasta la fecha, Death Is This Communion (2007, Relapse Records). De la mano de ambos, y con las ideas esta vez muy claras, las huestes de Matt Pike demuestran que pocas, muy pocas bandas ahí fuera pueden competir con ellos.


Nunca he visto al trío tan conjuntado como ahora, y el inicio con Serums Of Liao así lo demuestra. Que Matt Pike juega en otra liga es algo evidente, pero es impresionante ver a Des Kensel emular al mismísimo Dave Lombardo con esa inimitable mezcla entre bestialidad y técnica a los parches. Del mismo modo un Jeff Matz soberbio y más presente que nunca nos recuerda que el bajo es esencial para que una banda suene contundente, y no como fruto de truquitos en el proceso de grabación. Regresando al corte, estamos ante una de las piezas con más gancho que High On Fire jamás hayan compuesto, estribillo ganador incluido. Con Bloody Knuckles el trío tranquiliza a los amigos del mazo metálico, porque estamos ante uno de esos temas en los que el trío reparte verdaderos mamporros antediluvianos como si la vida les fuera en ello, regado todo ello por un Matt Pike que parece Lemmy poseído por una bestia demoníaca. Temas como Fertile Green o Spiritual Rights siguen esta línea, y son lo más parecido a ponerte frente a una estampida de trolls de las cavernas que jamás vayas a experimentar. Pero De Vermis Mysteriis alcanza la excelencia cuando abraza una mayor gama cromática, especialmente en canciones como Madness Of An Architect, Samsara o King Of Days. La primera es miel para los oídos de un servidor, amante de la cadencia y pesadez del doom, y en la que Pike añade unos riffs muy blueseros que harán las delicias de todos los amantes del stoner. Si alargara ese tema durante 30 minutos más yo ya sería feliz, no digo más. Samsara es la gran sorpresa del disco, principalmente porque en el pasado jamás hubieran podido meter un corte de esas características. Dándonos un respiro de tanto decibelio y mala baba, se trata de una instrumental en la que Kurt Ballou de Converge (también productor del álbum) aparece para sumar su guitarra a la de Pike deviniendo en una preciosidad que destila clase por los cuatro costados. King Of Days, por su parte, me hizo esbozar la mayor de las sonrisas recordándome a Kalas, el injustamente desconocido proyecto que Pike llevó a cabo en 2006 junto a sus colegas de la escena sludge de la East Bay Area, donde daba rienda suelta a su interpretación vocal más pasional entre melodías y estructuras deudoras del rock progresivo. King Of Days (al igual que Kalas) es pues una puñetera maravilla, demostrando que se pueden componer temas épicos sin caer en la horterada obvia, y poniendo los pelos de punta por el camino.


No podría concluir sin mencionar las labores de producción de Kurt Ballou, un señor al que no le basta con formar parte de una de las bandas más importantes de las dos últimas décadas sino que por el camino se ha ganado toda una carrera como artista gráfico y productor (Cave In, Torche, Misery Index, Kvelertak, Today Is The Day…). En De Vermis Mysteriis lleva a cabo un trabajo espectacular, dotándolo de todo lo que necesitaba y cuando lo necesitaba: gordura, claridad, contundencia, y una textura crujiente como la piel chamuscada. La guinda a un pastel irresistible que coloca a High On Fire en su justo lugar, el de una de las mejores bandas de metal que existen en la actualidad. Han vuelto, señores.




miércoles, 7 de septiembre de 2011

SKRAECKOEDLAN - Äppelträdet (2011)

 


A pocas horas para largarme de vacaciones, no podía resistirme a reseñar uno de los álbumes que mejor me lo ha hecho pasar este Verano. Desde Suecia (otra vez, y van…) nos llega el debut de esta jovencísima banda formada en 2009. Bajo la bandera de Transubstans Records (vaya catálogo el de estos señores!), presentaron su primer disco a mediados de Junio, y las alabanzas a su grueso stoner metalizado no tardaron en llegar. Cantando en su idioma y eligiendo un impronunciable nombre para cualquiera que no sea sueco, el cuarteto deja claro que no se casan absolutamente con nadie, algo de alabar en este mundo bajo el rodillo anglosajón.


 El nombre de la banda, traducido al castellano paladín, vendría a ser algo así como terrible lagarto o dinosaurio, lo que viene que ni pintado a la música de estos angelitos. Y es que la colección de ciclópeos riffs que se gastan es lo más cercano a una estampida de esos seres que se puede escuchar hoy día. Comparados con los primeros Mastodon por mucha gente, en mi opinión sólo comparten con los estadounidenses ese poderoso músculo metálico que exhiben cuando se lanzan al galope, porque en lo demás Skraeckoedlan se decantan por una propuesta que exhibe un stoner de elevado octanaje. Con pelotas, vamos. No esperes escuchar nada novedoso, pero sí una colección de canciones incontestable, con un gancho espectacular, y en el que estos chavales demuestran una maestría pasmosa a la hora de conjugar riffs gordos como cabezas de enano con unas melodías irresistibles. En muchos momentos se asemejan también a Dozer, aunque ningún disco de éstos me ha hecho mover las greñas como Äppelträdet, he de decir. Creo que el grupo más similar a los suecos son los también grandes Red Fang, por ese sonido a medio camino entre el metal y el rock. Tampoco hacen ascos a coquetear con las progresiones, pero en líneas generales estamos ante un álbum hecho para avasallar, directo y rápido como un puñetazo en plena cara. Como si de unos AC/DC del stoner se tratase, sus canciones no difieren mucho entre ellas, pero cada una es un hit en potencia, y es muy difícil que tu cuello o tus pies paren de moverse a lo largo de los casi 45 minutos de duración del álbum. Misiles como Världarnas Fall, Äppelträdet, Haven o Cactus deberían entrar en la categoría de armas de destrucción masiva por lo demoledor de sus riffs y lo contagioso de su carga viral en forma de melodías redondas. La verdad que poco más se puede decir de un artefacto de estas características. A mi me ha hecho descoyuntarme, sonreír, alzar los puños al cielo. No le podría pedir más a un disco de rock. Como he leído por ahí, Skraeckoedlan no han inventado la rueda, pero por Satán que la hacen girar como pocos!


Los dinosaurios no se extinguieron, viven en Suecia. Äppelträdet es uno de los debuts más redondos del año, y coloca a Skraeckoedlan como una de las bandas más prometedoras dentro del stoner. Prepara tus cervicales, porque estos saurios no hacen prisioneros.

NOTA: 8,75/10


martes, 1 de junio de 2010

INTEGRITY - The Blackest Curse (2010)

Bueno, para empezar, esta subida se la dedico especialmente a Alexcore, porque estoy seguro que le va a encantar, y como favor devuelto por recordarme que el Chad Smith que tocaba en el discazo de los Terminal Lovers era el mismo que una vez se ganó la gloria de los amantes del hardcore durante los años 90 con estos Integrity. Ha sido un sorpresón toparme con este álbum, y ha habido mucho de casualidad, ya que me hayaba investigando para dedicar una semana al buen hardcore metal de hace dos décadas cuando he descubierto que estos gigantes se habían vuelto a conjurar. Bueno, poco hay que comentar de una de las leyendas del género. Formados a finales de los ochenta en Cleveland, Integrity son esenciales para comprender el surgimiento de la hornada de grupos de hardcore metal de finales de los noventa. Sin ellos bandas como Hatebreed o Converge, por poner los ejemplos más conocidos, lo hubieran tenido un poco más complicado para encontrar su hueco. Siempre han sido un grupo especial, en concreto por la temática de sus letras. Donde la mayoría de formaciones del mundillo cantaban a las injusticias sociales o a la hermandad de barrio, los de Cleveland se decantaban por unas letras que se regodeaban en el ocultismo, lo sobrenatural y mórbido. Liderados por su frontman Dwid Hellion, reclamaron su trono en 2003 con esa obra maestra llamada To Die For, donde lejos de continuar con una fórmula a la que sus contemporáneos se han abrazado hasta la momificación, ahondaron en esa oscuridad que siempre ha sido inherente a su filosofía, pero sin perder nunca de vista que su sonido hunde raíces en la rabia más primaria.
Empecemos por lo básico. The Blackest Course es un discazo y le mea en la oreja al 99% de bandas de HC/Metal del planeta. Así de claro. Probablemente es el disco más redondo de la banda desde aquellos clásicos como Those Who Fear Tomorrow (1991) o Systems Overload (1995). Es como si hubieran recuperado toda esa mala hostia juvenil de antaño, pero regada del cinismo, la decepción y el saber que proporcionan los años. Lo que siempre me flipó de estos norteamericanos fue que practicando el estilo probablemente más rígido del panorama musical moderno como es el metalcore, eran capaces de sorprenderte constantemente. Rabia, oscuridad, velocidad, rugidos, lamentos, lentitud capaz de ahogarte, todo tenía cabida es su esquizoide visión del hardcore. Y lo más acojonante era que todo sonaba coherente y fluido. Pues eso encontraréis en The Blackest Course: desde el hardore más bestial imaginable en Through The Shadows Of Forever, que no para de subir en brutalidad con pepinazos como Simulacra, donde suenan como si los Slayer del Reign In Blood hubieran salido de Brooklyn. Cuando piensas que ya le has pillado el tranquillo al álbum (metalcore genial a toda pastilla) llegan los 8 minutacos de Before The World Was Young y tanto la mandíbula como litros de baba se te caen al suelo sin remedio. Tirando de guitarras acústicas y oscuridad como para hundir al planeta en la noche más oscura, se cascan uno de los temas más épicos de su carrera, y de lo más brillante que escucharás este año (como mínimo). Lo dicho, imposible juzgar a estos cabrones. Si no tienes suficiente, también se salen de la norma con solos de guitarra de infarto (el de Learn To Love The Lie, con esos aires orientales, es acojonante...) Todo ello rematado por Invocation Of The Eternally Coiling Serpent, que haciendo honor al título, es una puta bestia que se te enrosca en el cuerpo hasta aplastarte los huesos con su poderoso abrazo mortal. Densa y oscura como el jodido infierno, tiene un comienzo que te hará pensar que Integrity suenan incluso como Celtic Frost. Pero nada, como he dicho juzgarlos es imposible, y a la que te descuidas el tema explota con una rabia inhumana y te destroza el cerebro, solo para regresar a esa calma fétida cuando más le place. La verdadera pena es que el álbum no acaba con esa canción, pues tras ella llega la innecesaria (que no mala) Take Hold Of Forever, que al retornar el esquema más veloz y hardcoreta, rompe un poco el clímax creado hasta entonces. Pero bueno, no vamos a ser quisquillosos cuando estamos ante un disco que roza la perfección, que es mucho dentro del mundo del harcore/metal.

Tremendo, tanto que da hasta miedo. The Blackest Course nos recuerda por qué el hardcore fue tan absolutamente grandioso en su día, y nos avisa de que no nos confiemos, porque la bestia sigue viva...

Nota: 9/10


martes, 9 de febrero de 2010

ROTTING CHRIST - Aealo (2010)


Tracklist:
  1. AEALO
  2. Eon Aealos
  3. Demonon Vrosis
  4. Noctis Era
  5. dub-sag-ta-ke
  6. Fire Death And Fear
  7. Nekron Lahes...
  8. ...Pir Therontai
  9. Thou Art Lord
  10. Santa Muerte
  11. Orders From The Dead (Diamanda Gallas Cover)
No había caído en la cuenta, pero hace poco, y gracias a la adquisición del estupendo DVD Non Serviam: A 20 Year Apocryphal Story, caí en la cuenta de lo longeva que es esta banda. Dos décadas batiéndose el cobre en el underground llevan estos griegos, y es el suyo un caso muy raro dentro del metal. Porque su carrera, a diferencia de otras bandas de su edad (y mucho más jóvenes), ha ido en una clara línea ascendente, con lanzamientos cada vez más acojonantes y ganando nuevos fans paulatinamente. Una trayectoria durante la cual su sonido blackmetalero (el nombre de la banda es el principal recuerdo de aquella época) ha ido derivando de una manera coherente y muy natural en un metal estilizado con importantes influencias del folklore griego, elementos que pocos grupos aúnan con la maestría de Rotting Christ. Ya avisaron con el genial Sanctus Diavolos, pero nadie esperaba que todos esos elementos fraguaran de la manera que lo hicieron en esa obra maestra del 2007 que era Theogonia. Una producción cristalina, melodías para dar y tomar, riffs poderosos y llenos de gancho, solos de guitarra, y la introduccion de fuertes elementos de la tradición folklórica griega, como coros e instrumentos de su glorioso pasado clásico (especialmente el zournas, una maravilla), que dotaban al conjunto de una épica vasalladora.

Por todo ello, la expectativa que generaba la publicación de Aealo era realmente importante. ¿Darían un paso atrás abrazando de nuevo el sonido primario de sus comienzos, o seguirían la senda melódica y épica abierta con Theogonia? Pues bien, he de decir que escuchado el álbum gana por goleada, y dejando su portería a cero el segundo camino. Y no sólo eso, sino que además se han cascado un álbum a la altura de Theogonia, si no superior. Para ello, han contado con colaboradores de relumbrón, como Alan A. Nemtheanga de Primordial, Daemonia Nymphe, The Magus, Dirty Granny Tales y la inconmensurable diosa que es Diamanda Galas. Además, cuentan con la participación en todos los temas del coro tradicional griego Pliades, procedentes de la región de Ipiros, y que actúan de facto como si fueran miembros de la banda, ya que son parte fundamental e inseparable del sonido de Aealo. Planteado como si de una batalla en todas sus fases se tratase, el álbum comienza desafiante con AEALO y Eon Aealos, y cuya primera parte termina con la maravillosa Demonon Vrosis, cuyo repetitivo riff y su explosión en forma de solo la convierten en una sucesora a la altura de la genial Athanati Este. El desafío está lanzado, y los orgullosos guerreros griegos esperan ansiosos la batalla. Llega Noctis Era y la matanza explota con toda su salvaje belleza. Un tema muy agresivo, con unos riffs matadores, y una dinámica inacabable, en el que probablemente sea el mejor corte del álbum, aunque el trono está disputado por otros diez contendientes de mucho nivel. Es el momento de inspirar a las tropas, y nada mejor que apelar al más inflamado orgullo nacional de la mano de la instrumental Dub-sag-ta-ke, un medio tiempo cargado de sonidos étnicos con un gran poder evocador. Fire Death And Fear sigue por estos derroteros, aunque se trata de una canción más agresiva donde la mala leche y la tradición van de la mano como furiosos hermanos guerreros. Nekron Lahes... pertenece al coro de Ipiro, que convierte el corto en todo un lamento, lleno de tristeza y melancolía, de dolor por la pérdida. De la mano le sigue ...Pir Therontai, donde la pena se convierte en rabia, y en la cual la aparición de The Magus crea una maravillosa aura de misticismo. Thou Art Lord cuenta con la voz del gran Nemtheanga, que ayudado por los riffs del grupo dispara a la canción hacia delante como si de una marcha militar se tratase. Santa Muerte marca el final de la batalla de manera maravillosa, una auténtica huida hacia adelante, en la que sin mirar atrás los pocos supervivientes se lanzan a derramar las última sangre, entumecidas las extremidades pero con calderas hirvientes ardiendo en sus ojos. Todo ello con el coro Pliades de fondo, encomendando las almas de los caídos a los dioses. Para acabar, Orders From The Dead, en la que Rotting Christ utiliza el tema original de Diamanda Galas para auparse mediante la acertadísima inclusión de unas maravillosas guitarras. Que queréis que os diga, pero escuchar la voz de la diosa griega fundiéndose con las seis cuerdas del grupo mientras se desgarra por la masacre de Smirni a manos de los turcos, me pone la piel de gallina. Un final insuperable.

Una puta gozada de disco. Las palabras no bastan para describirlo. Un clásico desde ya, de una banda que no es que entre en el Olimpo, sino que lo ha asaltado a la fuerza, reclamándolo como suyo por derecho de nacimiento y méritos propios. Indispensable.

Nota: 10/10


lunes, 18 de enero de 2010

FEAR FACTORY - Mechanize (2010)

  1. Mechanize
  2. Industrial Discipline
  3. Fear Campaign
  4. Powershifter
  5. Christploitation
  6. Oxidizer
  7. Controlled Demolition
  8. Designing The Enemy
  9. Metallic Division
  10. Final Exit
Así sí, cabrones. Más de diez años han pasado ya desde que estos tíos se comieran el mundo. Diez años en el que los que apreciábamos su música observamos con estupefacción e incluso vergüenza ajena como la bandera antaño gloriosa de Fear Factory era arrastrada por el fango. Una década de discos mediocres y desavenencias aireadas a los cuatro vientos, de proyectos paralelos que no aportaban nada relevante al panorama musical. Era triste, sobre todo porque no hablábamos de cualquier banda. Que eran Fear Factory, por Dios, los reyes del metal de los 90. Una banda que, junto a Sepultura y Pantera, llevaron sus propuestas hasta lo más alto de las listas de ventas. Tres bandas que, fieles a sus postulados y sin hacer ninguna concesión, se irguieron orgullosos entre las hordas grunges y el nu-metal más lamentable, reivindicando a grito pelado la vigencia del metal. Además, de esas tres bandas, Fear Factory tenía un mérito añadido, que no era otro que la originalidad de su propuesta. Vale que bandas como Ministry llevaran años escupiendo su metal industrial, pero el sonido del cuarteto californiano era especial. Mucho más duro, agresivo, con una guitarra y una sección rítmicas que los hacían reconocibles desde el primer segundo. Y qué decir de sus álbumes. Demanufacture es toda una obra maestra, y fue toda una bocanada de aire fresco a mediados de la década. Con su segundo lanzamiento, el acojonante Obsolete, tocaron el cielo, y tanto crítica como público se rindió a sus pies. Pues bien, este Mechanize es lo más cercano en grandeza a ambos discos que han grabado nunca, e incluso puede mirarlos a los ojos en muchos momentos. Para ello FF cuenta con el regreso de su motor creativo, que siempre fueron Dino Cazares y el frontman Burton C.Bell. Si además cuentan con la participación de la sección rítmica de Strapping Young Lad, apaga y vámonos. Y es que uno de los integrantes de la pareja no es otro que el batería Gene Hoglan. Para quien acabe aterrizar en el planeta Tierra, además de darle la bienvenida a nuestro mundo, le comentaré que este hombre es una pieza clave para comprender el metal extremo de los 90. Reputado músico de sesión, ha militado en bandas tan insignes como Dark Angel, Testament, Death, Old Man's Child, amén de los ya mencionados SYL, dejando su bestial impronta en todas ellas.

Y ciñéndonos al disco...es un tiro, una puta maravilla. Todo suena cómo debería, como si Mechanize hubiera sido compuesto poco después de Obsolete. Dino Cazares recupera el pulso en este álbum, y su guitarra suena más dura y seca que nunca. Por su parte, Burton C. Bell deja a un lado sus dudas acerca de su forma de cantar, y vuelve a desgañitarse como antaño, contando las miserias de la humanidad en ese futuro cercano que pertenece a las máquinas. Además, no abandona esos momentos melódicos que de tan increíble épica dotaba a los temas de la banda. Con dudas o sin ellas, Burton C. Bell demuestra que sigue siendo uno de los frontman más grandes del metal. No hace falta que Mechanize, el tema inicial, sobrepase los 20 primeros segundos, uno ya está sonriendo como un enano. El sonido es el que debería. No hay nada nuevo, pero importa una mierda, éstos son FF, y pueden hacer con su criatura lo que quieran, incluso parir un gemelo. Industrial Discipline es otra cuchillada a la yugular, aderezada además con la épica melódica de Burton C. Bell. Simplemente acojonante. La batería de Hoglan se sale, señores, y con todos mis respetos, deja a la altura del betún a Raymond Herrera. Y que conste que Herrera me parece un gran batería. Los galones de Hoglan se hacen notar, y a la brutalidad de metrónomo enloquecido que es marca de la casa añade una versatilidad nunca antes vista en el grupo. Podemos seguir con los temazos, y hablaríamos de Powershifter (sin palabras, clásico instantáneo de la banda), o de la genial Controlled Demolition, o que la calmada Final Exit es la nueva Descent o Resurrection. Sería injusto no nombrar el regreso del quinto miembro no oficial de la banda, Rhys Fulber, que con sus teclados y samples le da ese toque futurista y evocador que tan especial ha hecho el sonido de FF. Podría seguir, pero no lo voy a hacer. Tan sólo hacerme a un lado y dejar que los oyentes y el tiempo juzguen esta obra, que en mi opinión compartirá trono sin probelmas con sus dos obras maestras.

Simplemente acojonantes. Así sí, señores.

Nota: 9,25/10




sábado, 24 de octubre de 2009

CONVERGE - Axe To Fall (2009)

Tracklist:
  1. Dark Horse
  2. Reap What You Show
  3. Axe To Fall
  4. Effigy
  5. Worms Will Feed
  6. Wishing Well
  7. Damages
  8. Losing Battle
  9. Dead Beat
  10. Cutter
  11. Slave Driver
  12. Cruel Bloom
  13. Wretched World
Converge es una banda única. Desde esa obra maestra de esta década que agoniza, Jane Doe, que les confirmó como los grandes exponentes del nuevo hardcore-metal progresivo, hasta este trabajo, cada nuevo lanzamiento de los de Boston se ha saldado con victoria, y por goleada. Actualmente, hay pocas, o casi ninguna banda que puedan alardear de una discografía tan excelsa, sin ningún traspiés, como es el caso de Converge. Si me apuran, tan sólo Mastodon, siendo estos dos grupos, en mi humilde opinión, los dos mejores que han dado estos casi diez años de música. Y sus similitudes hablan no tanto de afinidades musicales (ya que Converge tienen más en común con Pig Destroyer o los primeros Dillinger Escape Plan) , como de calidad y desprecio al inmovilismo.

En Axe To Fall, nos encontramos con el sonido característico de Converge, aunque introduciendo algunas novedades. Por sonido característico me refiero a las guitarras imposibles y sus cambios de ritmo, pero siempre dirigidos a colisionar con tu cerebro, a un bajo de sonido "gordísimo" y una batería que sólo tiene una marcha, la quinta. A ello hay que sumarle los intensos rugidos de Jacob Bannon, que en la línea del resto de miembros, se desgañita como un orco puesto hasta arriba de speed. Hasta ahí los terrenos conocidos.

En cuanto a las novedades, pues tenemos en primer lugar que para este disco se han rodeado de colaboradores de verdadera excepción. El trío que forma Cave In al completo, dando su sonido característico al tema Effigy, o Steve Von Till de Neurosis convirtiendo en un tema drone la sensacional Cruel Bloom. También aportan voces Mookie Sinderman de Genghis Tron y John Pettibone de Himsa, a los que Jacob Bannon les cede el absoluto protagonismo en un par de temas. Todo ello, lejos de distorsionar el rumbo o coherencia del disco, lo nutren de tonalidades que cuajan perfectamente en la oscura pintura de Converge. Como segunda novedad encontramos los dos últimos cortes de este trabajo, donde la densidad y oscuridad relevan la apisonadora ultrarrevolucionada de los cortes anteriores. Puede que la intervención de Von Till haya ayudado, pero se nota que a Converge les apetecía en el cuerpo explorar esos territorios. Hablamos de los aproximadamente 11 minutos que componen Cruel Bloom y Wretched World, y donde el grupo se pasea por el progresivo mutándolo y retorciéndolo para sus propios fines, con un resultado excelente, y que nos avisa de por dónde puede que vayan los tiros en un futuro. Aunque con Converge (gracias al cielo) nunca se sabe.

Es este, además, el disco más accesible de Converge. Que nadie se asuste, porque siguen siendo intensos como siempre, y dudo muchísimo que jamás alcancen la repercusión mediática de, por ejemplo, Mastodon, pero en este disco despliegan una pegada que engancha realmente. Creo que estamos ante uno de los mejores discos de Converge, al nivel de las maravillas que han parido desde Jane Doe (este sigue estando en el altar, por calidad y la repercusión brutal que tuvo). Se confirman como ese eslabon que une a Minor Threat con Botch, pasando por Snapcase. Todos ellos destruyendo el hardcore para devolverlo más nuevo y cabreado que antes.

PD: al igual que en el caso de Baroness, el artwork corre a cargo del cantante, Jacob Bannon, con resultados también magníficos. La adquisición física del disco, pues, más que recomendada.

Nota: 9,5/10



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