Ecos de una ciudad sumergida.

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lunes, 17 de septiembre de 2012

RIPPERS - Fire Tractaät (2012)


Puedes escuchar el disco a través del Bandcamp de Rippers. PINCHA AQUÍ.

Puedes escuchar el disco también a través del Soundcloud de BCore. PINCHA AQUÍ.

Cambiamos de tercio musical para abordar el nuevo trabajo de los catalanes Rippers, en mi opinión la mejor banda de punk rock del panorama estatal. Tras 17 años de carrera, 5 largos (y un split junto a Turbonegro) y con el respaldo de un directo demoledor, los de l’Arboç son sinónimo de calidad, actitud y una evolución hacia el lado oscuro y amargo de la fuerza que les ha llevado a habitar un Universo regido únicamente por sus propias leyes. Tres años después del maravilloso Seeds Of The New Dawn (2009, Autoproducido) e invocar esa genial criatura que fue Püdor Crónica, las huestes capitaneadas por los hermanos Teichenné regresan con estreno, tanto de sello discográfico (BCore) como de batería (Marc Morell). 



Fire Tractaät nos muestra a unos Rippers destilando su propia esencia, el resultado de enroscarse sobre sí mismos y buscar las respuestas en las propias entrañas. Sin sorpresas pero anonadando por una excelencia compositiva de la que nunca se han bajado, el cuarteto vuelve a la carga con un punk oscuro y de melodías hirientes en cuyo interior late una energía rockera pero desprovista de toda inclinación al jolgorio o la fiesta. Desde la maravillosa portada de William Blake a las 10 puñaladas en que se estructura el vinilo, Fire Tractaät se erige como la obra más completa de los catalanes hasta la fecha, y por lo tanto su criatura más dañina. Estéril sería el trabajo de situarlos en el mapa señalando países colindantes, pues aunque podríamos hablar de los seminales Wipers (y el universo de Greg Sage en general), de la mala hostia de Zeke, la energía de Turbonegro o la pegada malsana de los Melvins, los Rippers hace tiempo que dibujaron una cartografía propia. La negrura en que han sumergido su propuesta desde el ya clásico No Mort (2001, Autoproducido) brilla aquí con todo su malsano esplendor, comenzando por cortes directamente ganadores como la contundente y metálica Lover's Whirlwind o ese caramelo envenado en Lights, pero cuya excelencia continúa en orgías guitarreras como la de Unsheltered o con una Liz Weaver capaz de hacer mover los pies a un muerto. Marc Morell se estrena haciendo todo un alarde de músculo y vigor, el bajo de David Teichenné sigue sonando gordo como cabezas de enano, la labor guitarrera de Marc y Manuel es todo un clínic de cómo aunar pegada, melodías y mala baba, y la voz de lija de Marc Teichenné es la guinda perfecta a esta arma de destrucción masiva empapada de brea. El regreso a la autoproducción que dieron con Seeds Of The New Dawn (tras dos largos producidos por Santi García) les sigue sentando genial y es coherente con el espíritu de un disco que, como ningún otro, nos muestra la quintaesencia de una banda única en el panorama estatal.


Fire Tractaät es sin despeinarse uno de los grandes discos del año, y nos muestra a los Rippers más en forma que uno pueda imaginar. Cuando el punk rock se viste de luto y enarbola un machete roñoso. Juegan en otra liga.





viernes, 6 de abril de 2012

INDIAN HANDCRAFTS - S/T (2011)


Puedes escuchar el disco completo a través del Bandcamp de Indian Handcrafts. PINCHA AQUÍ.

Inexplicablemete se me pasó este disco el año pasado, ya que si no lo hubiera hecho habría entrado de cabeza en mi lista de los mejores discos de rock de 2011. Parece que estamos viviendo todo un auge de los dúos rockeros a raíz de la explosión de The Black Keys, a la que se han sumado otros grandes combos como Tweak Bird, Wizard Rifle o la banda que traigo hoy a mi cubil de perdición, Indian Handcrafts. Formaciones que desde el minimalismo y la crudeza, y cada una operando desde sus propias coordenadas, vienen a demostrar que para parir grandes temas lo que importa no es el número, sino el talento y los cojones. Indian Handcrafts son una pareja de Toronto amantes del rock directo, melódico y musculoso, y que con tan sólo el EP Peace y este disco autotitulado, ambos del año 2011 y autoproducidos, crearon una pequeña revolución dentro de la escena indie norteamericana, tanto que el prestigioso sello Sargent House (hogar de grandes nombres como Boris, Chelsea Wolfe, Red Sparowes, Omar Rodriguez Lopez o Russian Circles) se hizo con sus servicios. De hecho en estos momentos andan enfrascados en el que será su nuevo LP, producido por el gran Toshi Kasai (Melvins, Big Business, Altamont) y donde colabora metiendo segunda batería el no menos importante Dale Crover (Melvins). Vamos, que 2012 puede ser el año de Brandyn James Atkins (batería y voz) y Daniel Brandon Allen (guitarra y voz). Me juego los tentáculos.



Y la verdad que no van a tener nada fácil superar una maravilla como lo es este disco debut, pues los 8 cortes de los que está compuesto son todo un clínic de cómo hacer temazos ganadores sin despeinarse. Músculo, energía, actitud, melodías irresistibles y un gancho demoledor son algunas de las virtudes que enarbolan Indian Handcrafts en su repertorio, dando como resultado uno de los discos de rock más adictivos en los últimos años. Podríamos decir que les unen bastantes lazos con Tweak Bird, pero eso sería tan sólo rascar la superficie ya que los estadounidenses a su vez maman de formaciones esenciales como Melvins y Big Business, los grandes referentes también de los canadienses. Sin embargo, y a diferencia de sus compañeros de viaje, Indian Handcrafts hacen gala de una versatilidad impresionante teniendo en cuenta el punto de partida de sus composiciones. A pesar de cimentar su edificación sonora a base de riffs gordos como cabezas de enano los canadienses también despliegan unas melodías infecciosas y geniales, que les emparentan con grupos como Big Black o Trail Of Dead. Esa transversalidad hace que su etiquetado no sólo sea imposible, sino que pierda toda trascendencia a la vista del maravilloso crisol en que deviene el álbum. Lo que si puedo decir es que gustará a los amantes del stoner, del indie-rock, del post-punk y del garage, y a buen seguro que más de un riff de los aquí presentes harán sonreír a los rudos amantes del doom y el sludge. Si viviéramos en un mundo justo un tema como Red Action sería radiado las 24 horas del día por las principales emisoras del planeta, haciéndolo bailar hasta la extenuación, y cortes como el gordísimo Centauri Teenage Riot destrozar cervicales sin compasión al ritmo de sus riffs tectónicos. Del mismo modo una joya como Microwave Lunch debería ser adorada por todos los fans del punk-pop 80's por deliciosa y arrebatadoramente pegajosa. Pero como estamos lejos de vivir en ese mundo utópico pues al menos quedará constancia en este cubil abisal de la grandeza de estos dos señores, una tándem del que a buen seguro se hablará mucho en los próximos meses. Me he apostado los tentáculos...


Si el concepto "tu nueva banda favorita" no fuera una completa gilipollez, Indian Handcrafts podrían perfectamente serlo. Porque con un debut como éste y las noticias que van llegando sobre su nuevo trabajo es muy probable que acabes postrándote a sus pies. Muy grandes.

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martes, 6 de marzo de 2012

NAPALM DEATH - Utilitarian (2012)


Enlace eliminado por denuncia relativa a "derechos de autor"

Regreso tras una semana de retiro espiritual, algo que servidor necesita de vez en cuando en lo tocante a la red, tanto para poder ocuparme de otros menesteres como para dejar de escribir sobre música y simplemente dedicarme a escucharla. Pero no creáis que he olvidado este oscuro rincón de perdición, y esta semana intentaré recuperar el tiempo perdido con un aluvión de reseñas, algunas obvias (por lo conocido de las bandas) y otras que espero os sorprendan gratamente. También os anuncio que voy a introducir un cambio en el blog, pasando a suprimir la valoración de los discos mediante notas numéricas. Hace tiempo que me rondaba la cabeza, ya que era un sistema que introduje cuando no tenía claro que tipo de blog quería construir. Como finalmente ECOS DE R'LYEH es un lugar en el que verter mis recomendaciones más fervorosas y no un sitio de críticas indiscriminadas, pues la verdad que el tema de las notas dejaba de tener sentido. Aclarado esto (por supuesto os invito a que dejéis vuestra opinión al respecto), me meto en harina.


Hablar de Napalm Death es hacerlo de algo mucho más grande que de una simple formación musical. Hablar de Napalm Death es referirse al corazón de todo ese enorme universo que ha venido a llamarse música extrema, lugar de encuentro de toda propuesta que, levantando la bandera de la transgresión, decida que los corsés y la ortodoxia del metal y el punk no es plato de su gusto. Hablar de Napalm Death es apretar los puños ante un mundo de mierda regido por una moral de cerdos, pero gritando a pleno pulmón que podemos cambiarlo. Hablar de Napalm Death es manejar el principal sinónimo de la palabras honestidad y actitud, cualidades necesarias cuando uno se declara enemigo del negocio musical. Y por si había algún despistado, Utilitarian viene a recordarnos que hablar de Napalm Death es hablar de la némesis del conformismo, el eterno caminar del que sabe que parar supone marchitarse y morir. Si tuviera que definir de manera sencilla el decimocuarto álbum del cuarteto británico, diría que es Diatribes con la mala hostia y las ideas claras que le faltaron a aquel, pero sin el que hoy día no tendríamos un pepinazo como Utilitarian entre las manos. Si, no habéis leido mal, Diatribes. Ese disco que fue despedazado de manera analfabeta y obtusa por los que no supieron (ni quisieron) entender a una banda que se negaba a encasillarse, y que suplía sus evidentes carencias (principalmente el encajar todas las nuevas sonoridades que incluían) con una valentía mayor que el 99% de grupos "extremos" con los que se pajillean todos los eruditos del metal cavernícola. Utilitarian supone también un repaso a todo el arsenal que han manejado y manejan los de Birmingham con el fin de llevar el abrasador apocalipsis nuclear a  nuestros oidos, pues a través de los 16 cortes que lo componen podremos retorcernos gozosos cual alimañas leprosas al ritmo del mejor grindcore, punk, hardcore y crust, todo ello regado por una generosa ración de esa cosa llamada groove y que en castellano paladín viene a ser un gancho de cojones. Perlas de brillante sodomía auditiva como Nome de Guerre, Collision Course u Opposites Repellent son buena prueba de ello, además de guiños nada velados a su época devastadora de From Enslavement To Obliveration. Sin embargo no estaríamos delante de un disco de Napalm Death si no tuviéramos alguna sorpresilla, y en el caso de Utilitarian visiblemente cuantiosas y notorias. Desde la inclusión del saxo cortesía de la también leyenda viva John Zorn (aunque también es cierto que no es la primera vez que colaboran) en Everyday Pox a las bases industriales en la onda de Fear Factory, pasando por los coros de un Mitch Harris más presente en las labores vocales que nunca, Utilitarian deviene en un álbum que dista mucho de ser el típico trabajo del cuarteto, si bien es cierto que después de tres décadas de carrera el personal ya debería estar preparado para este tipo de cosas. Y si no lo está pues que le jodan, porque Napalm Death son ley y los demás meros espectadores de su rodillo inmisericorde. De todos modos hay cosas que nunca cambian, como una producción soberbia capaz de aunar contundencia con claridad y respeto por todos los instrumentos, una sección rítmica de otro planeta  y un Barney Greenway que a sus 42 primaveras sigue berreando como una bestia del Averno. Como decía, hablar de ellos es más que referirse a una banda de música... Es hablar de algo más grande que la puta vida. Punto.



Utilitarian es la demostración de que es posible alcanzar la vida eterna. La única pega es que para ello tienes que pertenecer a Napalm Death, y ni tú ni yo tenemos el talento ni la mala hostia para conseguirlo. Siguen siendo LEY.



martes, 13 de diciembre de 2011

CHRIS CONNELLY - Artificial Madness (2011)



Este año no doy abasto, os lo juro. Si a una importante lista de discos pendientes por reseñar le sumamos nuevos lanzamientos de una calidad soberbia que no paran de aparecer, pues mi frustración alcanza límites casi insoportables. El último álbum de Chris Connelly ha supuesto uno de esos lanzamientos, y teniendo en cuenta que 2011 ha sido un año predominantemente metálico, me he decidido por comentar un trabajo que nutra mi inminente lista de los mejores discos de rock del mismo. Por compensar, vamos. Es probable que muchos no conozcáis a este cantante y compositor escocés, pero si os digo que se trata de un ex-miembro de bandas como Ministry y Revolting Cocks supongo que la cosa cambia. Sería injusto también el ignorar sus grandes trabajos junto a bandas menos conocidas como los post-punks Pigface o los noise-industriales Murder, Inc., que le granjearon el ser todo un personaje de culto dentro del underground de Chicago (ciudad a la que se mudó en los 80 cuando entró a formar parte de Ministry y Revolting Cocks). Su producción en solitario ha sido más que prolífica, pues desde que debutara en 1991 con el fantástico Whiplash Boychild, 15 han sido los álbumes que el bueno de Connelly ha lanzado al mercado. El último este Artificial Madness, un trabajo lleno de sorpresas. La primera es el sello que lo edita, Relapse Records, una de las discográficas metálicas más importantes del planeta y a priori en las antípodas de una propuesta como la del escocés. La segunda sorpresa es la colección de músicos que acompaña a Chris Connelly en la aventura, pues tenemos a lo más granado del extremismo metálico encarnado en miembros de Wolves In The Throne Room, Indian y Minsk, entre otros. De hecho, el omnipresente Sandford Parker (Minsk) no sólo se encarga de los teclados en Artificial Madness, sino que también es el responsable de la producción del mismo.



En el plano estrictamente musical puedo decir que Artificial Madness es el álbum del escocés que más me ha gustado desde Whiplash Boychild. No elevaré mi opinión a categoría de máxima porque no he escuchado todo el material que ha editado Connelly, pero creo no equivocarme al colocar su nuevo álbum dentro de lo mejor que jamás haya compuesto. Muchas han sido las transformaciones que ha tenido su propuesta sonora, desde el rock industrial al minimalismo acústico, pero con Artificial Madness regresa a sus orígenes en solitario, aquel comienzo unido al punk/post-punk que tan buenos resultados le diera. Como si de un repaso al género se tratase, el álbum evoca desde el maravilloso punk 80's de Public Image Ltd (la banda que formó John Lydon tras la separación de Sex Pistols junto al ex-The Clash Keith Levene) al post-punk industrial de Killing Joke, sin olvidar el breve pero influyente legado de Joy Division. La influencia de PiL se muestra en todo su esplendor en cortes como el single Wait For Amateur, que se basta con dos minutos para conformar un tema ganador, de los de la vieja escuela. Compatibility, aunque de mayor metraje, maneja parámetros similares, haciéndonos retroceder en el tiempo al nacimiento de la música alternativa pero sin perder por ello toda la frescura de un disco compuesto en 2011. Los teclados de Sandford Parker son deliciosamente ochenteros, y aunque muy alejados de los parámetros llenos de oscuras atmósferas y psicodelia que suele manejar nuestro querido patilludo, encajan perfectamente en la propuesta de Connelly. Sorprende del mismo modo la acojonante labor del resto de músicos involucrados, tanto que pareciera que han nacido para el punk y no para destruir cerebelos con sus bandas de metal extremo. En el aspecto vocal destaca un Chris Connelly en plena forma, con su característica interpretación mezcla de escocés borracho, crooner enamorado de David Bowie (especialmente en cortes como Cold Blood In Present Company) y spoken-word, girando alrededor de una temática versada en la alienación del hombre frente a la tecnología. Y aunque Artificial Madness no es un trabajo que vaya a agradar especialmente a los fans de Ministry, si pueden encontrar un guiño en las voces distorsionadas de la genial The Goner. En total 11 temas que se evaporan en menos de 40 minutos, dejándote una enorme sonrisa de satisfacción en el rostro y la sensación de haber escuchado algunos de los mejores temas que nos haya regalado 2011. A sus pies, señor Connelly.


Regreso triunfal de Chris Connelly para dejar a la altura del betún a todos los clones y advenedizos del post-punk ochentero. Una vuelta a los orígenes del post-punk pero con los pies firmemente asentados en el presente, y la reivindicación del escocés como una de las figuras claves del pasado y presente del género. Sencillamente uno de los mejores discos de 2011.

NOTA: 9,75/10


viernes, 18 de noviembre de 2011

MIDNIGHT - Satanic Royalty (2011)



Joder, si! Tras casi diez años esperando el debut en formato LP de este trío de Cleveland, por fin Satanic Royalty ha visto la luz, y con él puedo terminar de sacrificar vírgenes al Maligno para que escuchara mis plegarias. Y es que estamos ante uno de los secretos mejor guardados del metal underground estadounidense, una banda que ha alcanzado el status de culto merced a unos EP's, Splits y compilaciones (especialmente la devastadora Complete and Total Fucking Midnight de 2005) tremendas, y un directo espectacular al alcance de muy pocos. Liderados por el inquieto Athenar (miembro también de Terminal Lovers y ex de insignes combos como The Gates Of Slumber y Toxic Holocaust), Midnight es de las pocas bandas capaces de reunir en un mismo recinto a punks y metalheads enfervorecidos, merced a una propuesta que aúna lo mejor del black metal primigenio con himnos de sucio rock'n roll y unos solos de infarto reminiscentes de la gloriosa NWOBHM. Junto a Athenar (guitarra, bajo y voces), Midnight la completan Filey The Kid (guitarra) y Count Zigar (batería), y Satanic Royalty es todo un últimatum para poner al mundo entero a sus negros y heréticos pies.



Porque estamos ante un trabajo para mover cabezas y pies como un poseso mientras elevas al cielo cuernos, jarras de cervezas o cuerpos de niños muertos en honor a Belcebú. Mezclando en un negro caldero de pútrida y borboteante malignidad a Motorhead, Venom, la primera oleada de bandas blackers lideradas por Bathory y las guitarras pletóricas de la NWOBHM, el trío de Ohio ha invocado en Satanic Royalty una fuerza demoníaca de proporciones cósmicas, capaz de hacerte recordar entre lágrimas todo aquello que hizo grande a la música de finales de los 80. Porque con esas referencias me imagino que supondréis, y con acierto, que aquí también hay mucho thrash y punk, compañeros de viaje de aquellos primeros pasos del género metálico más diabólico que haya visto la humanidad. Las auténticas estrellas del álbum son las guitarras de Athenar y Filey The Kid, que tanto recuerdan a las de los todopoderosos Motorhead y su rock´n roll sucio y directo como se lanzan al galope con unos duelos de solos capaces de incendiar tu equipo de sonido. No esperes aquí capas de sonido, sesudas propuestas conceptuales ni ningún tipo de chorrada jipi o postrockera, porque Midnight son una banda de puto heavy/metal, sudoroso y varonil. Satán les bendiga por ello. Esto es música para reventar estadios pero sin moverse del escenario de una casa okupa, una blitzkrieg sonora que en 30 minutos exactos es capaz de dejar tras de sí ruinas humanas y cerebros licuados de puro éxtasis primario. En total 10 cortes perniciosos y adictivos como machetes roñosos empapados en heroína, que apenas llegan a los 3 minutos de duración y que no te dan ni un solo respiro en esta cabalgada directa hacia el Infierno que es Satanic Royalty. Temas como You Can't Stop Steel o Rip This Hell serán tus nuevos himnos favoritos, y solos como el del corte final Shock 'Til Blood harán que corras por el pasillo de tu casa dándole al airguitar como un quinceañero. Una lástima su corto metraje, que te deja con ganas de muchísimo más, pero cuya solución es tan fácil como ponerte el álbum en modo repeat hasta que te estalle el cerebelo. Y es que dudo mucho que te canses en lustros de escuchar una barbaridad tan gloriosa como la que se han cascado Midnight.


Es raro teniéndolo que decir de una banda como Midnight, pero se han cascado uno de los grandes debuts de 2011. Por fin la confirmación del trío estadounidense como el grupo más "true" del Universo. Y es que escuchando Satanic Royalty, uno poco menos que puede darle gracias al Maligno por habernos regalado el metal. Grandes!!!

NOTA: 9,5/10




viernes, 21 de octubre de 2011

SCOTT H. BIRAM - Bad Ingredients (2011)


Mientras lanzaba a los cuatro vientos mi aseveración de que el nuevo disco de Sólstafir era el mejor álbum de rock de 2011, una extraña sensación de inquietud invadió mi estado eufórico, siendo incapaz de dilucidar su origen. Entonces me acordé de un pedido, un pequeño paquete, que en esos momentos estaría cruzando el Atlántico en dirección a mi humilde morada. Un desagradable sudor frío comenzó a recorrer mi cuerpo, ante la perspectiva de haberme adelantado en una sentencia que tal vez tendría que comerme con patatas. El paquete llegó al día siguiente, y en él me esperaba un disco, aparentemente inofensivo, pero con el potencial de mil bombas nucleares. Bad Ingredients, el nuevo trabajo de Scott H. Biram. Séptimo álbum de estudio (cuarto para Bloodshot Records) del denominado secreto mejor guardado del blues estadounidense, otro capítulo más en el transitar vital y compositivo de un genio injustamente relegado al underground, y cuya vida, en la mejor de las tradiciones dentro de un género maldito, está marcada por los excesos y las desgracias. Sin embargo, la mayor de ellas (ser atropellado en un accidente gravísimo por un camión) le sirvió para renacer con unas energías inusitadas que se refrendaron en esa maravilla de álbum llamado Something's Wrong/Lost Forever (2009), del que ya di cuenta en Ecos de R'Lyeh. Dos años después el texano vuelve a la carga con otra colección de canciones que ojalá le consagren como lo que es, uno de los country bluesman más grandes del país de las barras y estrellas.



Una vez escuchados los 13 cortes que componen el trabajo, ya no tengo dudas de a quién pertenece ese trono. Nada fácil teniendo en cuenta que se trata de un músico principalmente de directo, con más de una década de carrera a sus espaldas y unas maratones que le llevan a girar una media de 300 días al año. Y con todo eso a sus espaldas, el cabrón se mete en sus estudios caseros con su destartalada Gibson del 59 y no sólo se casca el mejor trabajo de su discografía, sino uno al que muchos críticos especializados del blues y el country califican sin miedo cómo el mejor álbum de lo que vamos de siglo. Razones no les faltan, pues estamos ante una obra redonda, elctrizante, versátil como muy pocas y que a pesar de lo profundo de sus raíces suena actual y fresca a rabiar. Sacrificando la rudeza punk de su anterior trabajo, Bad Ingredients gana en el cómputo global por una mayor gama de tonalidades e influencias que hacen de cada corte una capítulo diferente, pero perfectamente integrados en el sólido hilo argumental que estructura el disco. La labor de Biram a la guitarra sigue siendo espectacular, fiel a ese estilo añejo en el que los detalles técnicos arden bajo el fuego abrasador de la pasión, electrocutando con cada acorde a tus pobres neuronas, y haciéndote mover los pies a su puto antojo. Respecto a la variedad estilística, es fascinante la forma en la que este señor hace un repaso a la música tradicional estadounidense haciendo de cada tema un jodido hit sin desinflarse en ningún registro. ¿Que quieres blues sucio y punkarra? Ahí tienes Dontcha Lie To Me Baby. ¿El lado más emocional del country? Broke Ass será tu canción de días lluviosos. ¿Tradición? Pocos temas encontrarás con raíces más añejas que Memories Of You Sweetheart. ¿Canción carcelaria, tal vez? Born In Jail es un temón como la copa de un pino.¿Innovación? Pues ahí llega Victory Song, una canción que nunca te esperarías de Biram, pero que más allá de la sorpresa es una barbaridad compositivamente hablando, y uno de los hits del año, simple y llanamente. No puedo pasar por alto la cuestión del sonido, pues es increible cómo con unas herramientas de grabación de la primera mitad del siglo XX se es capaz de confeccionar un disco como Bad Ingredients, tradicional y actual a partes iguales. Eso y que este hombre se lo guisa y se lo come casi todo solo, a excepción de algunas colaboraciones muy puntuales (como la del saxofonista Walter Daniels en el genial boogie/blues de I Want My Mojo Back). Resumiendo, Scott H. Biram ha desarrollado un concepto que parecía impensable antes de él: el blues del siglo XXI. La tradición fusionada con la rabia y el alma del punk. No me extraña que sus conciertos se  llenen de esa irreal mezcolanza de rockers, rednecks, punks y metalheads. La buena música, la genial, traspasa cualquier prejuicio o frontera, y eso es exactamente lo que tenemos en Bad Ingredients. Una obra maestra de las que no entienden de nada más que su propia valía.


Junto a lo nuevo de Sólstafir, el gran disco de rock del año. Bad Ingredients es atemporal como el arte más sublime. La tradición musical norteamericana en su máxima expresión, pero con un interior que arde con la energía del siglo XXI y sus nuevas generaciones. Puñetera gozada, joder.


NOTA: FUCKING CLASSIC!!! (+10/10)


viernes, 19 de agosto de 2011

TODAY IS THE DAY - Pain Is A Warning (2011)



Agárrense que vienen curvas, señores. No sólo por el disco que tenemos hoy entre manos (uno de los más esperados de todo 2011), sino porque en un par de semanas en Ecos de R'Lyeh sólo habrá cabida para el metal más insano y cafre que se ha ido acumulando en mis insondables mazmorras. Presentar a Today Is The Day a estas alturas de la película me parece una pérdida de tiempo. Quién no conozca a Steve Austin y su carrera frenética y esquizoide en el campo del terrorismo sonoro, simplemente puede que esté mejor viviendo en la ignorancia y manteniendo su cordura a salvo de los ataques inmisericordes a los que este señor nos lleva sometiendo desde 1993. Con absolutas obras maestras de metal enfermizo como Temple Of The Morning Star, Sadness Will Prevail, In The Eyes Of God o Axis Of Eden, TITD son una de las bandas más importantes de las últimas dos décadas, a pesar de que su propuesta inevitablemente les coloca en unas coordenadas alejadas por completo del mainstream. Contando con el reconocimiento y alabanzas de lo más granado de la parroquia metalera, TITD ha sido también plataforma de lanzamiento para músicos que hoy día saborean las mieles del éxito, ya que por sus filas han militado componentes de Mastodon y Lamb Of God. La constante rotación de miembros continúa, y en Pain Is A Warning el cabrón de Steve Austin (que el señor estará como un cencerro, pero de tonto no tiene un pelo) se ha rodeado del bajista Ryan Jones y del batería Curran Reynolds, ambos integrantes de los tremebundos Wetnurse. Dos musicazos como la copa de un pino para acompañar y ayudar a dar forma a las ideas surgidas de ese genio torturado que es Steve Austin. Y por si fuera poco, la producción ha corrido a cargo de Kurt Ballou de Converge. Todo apuntaba a algo grande desde el principio, como veis. 



Pues todos esos rayos de esperanza y buenos augurios se quedan cortos para describir la magnificencia de este su noveno álbum de estudio. Mi fe en Steve Austin es férrea, inquebrantable, nacida de una discografía que cuenta sus títulos por puñeteros triunfos, y que nunca se ha visto defraudada ni un ápice. Sin embargo, si que puedo decir que Pain Is A Warning es el trabajo de la banda que más me ha sorprendido. Sobra decir que muy agradablemente. Porque probablemente nos encontremos ante el disco más accesible de TITD (accesible dentro del Universo de Austin, claro está), y donde la vena rockera y progresiva que se intuía en pasados álbumes ha aflorado en todo su esplendor. Que nadie se asuste, porque toda la rabia, mala hostia y desesperación existencial siguen ahí, y jamás se os ocurriría pinchar ninguno de los 9 temas contenidos en el disco en ninguna boda ni bautizo. Simplemente Austin ha decidido desvestir su música de sonoridades superficiales insuflándole por el camino esa energía inequívoca que hace funcionar los motores de los mejores combos de rock y punk. Respecto a su acercamiento al progresivo, lo hace mediante una óptica netamente minimalista, marca de la casa, donde son las pulsiones y ritmos primarios los que predominan. Todo en el álbum está en su sitio adecuado, en su proporción correcta, y tan sólo la mala hostia fluye descontrolada en esta verdadera obra de orfebrería noise. Mr. Austin sigue transmitiendo muchísimo mal rollo en sus interpretaciones vocales, ya sea en sus pasajes más calmados como en los momentos donde se desgañita como poseído por todos los demonios de su interior. Pero lo curioso es que a pesar de esto, si uno escucha la calmada This Is You, de todo ese pozo de oscuridad brota una belleza arrebatadora por su sencillez y sinceridad. Algo parecido ocurre con Remember To Forget, el otro corte sosegado de Pain Is A Warning, más intrincado que el anterior pero con el mismo ADN, con entretejidas hélices que se mueven entre la melancolía y la ensoñación lisérgica. La producción de Kurt Ballou es fantástica, tanto que sin miedo podría afirmar que este álbum es el que mejor suena de toda la discografía de TITD. Claro, nítido y contundente, el sonido del disco es el perfecto para acentuar todas las virtudes de la formación, que no son pocas. El álbum comienza entre heréticos susurros, anticipando la carnicería en Expectations Exceed Reality, un ataque frontal marca de la casa y repleto de riffs dañinos como machetes roñosos y una batería, la de Curran Reynolds, que hace gala de una técnica y precisión matemática de otro planeta. Death Curse no se queda atrás, en el que es probablemente el momento de mayor regocijo sanguinolento y salvaje del disco, recordando a unos Anaal Nathrakh en plena merienda, con el añadido de un Ryan Jones cuyo bajo perfectamente podría desmenuzar placas tectónicas. Pain Is A Warning es otro de los momentos álgidos del disco, un corte 100% TITD capaz de taladrarte el cerebelo con su mezcla de noise-rock e industrial, y que me ha recordado a los grandes Tomahawk de Mike Patton en alguno de sus pasajes. The Devil's Blood es otra estrella de brillante oscuridad, todo un homenaje a los tiempos de Temple Of The Morning Star, lanzándonos a la cara lo mejor que el noise, el punk y el metal sucio y primigenio tienen que ofrecer al mundo. La sección rítmica vuelve a moverse en niveles de puñetera perfección, elevando el tema a cotas estratosféricas de contundencia. Y que me aspen si ese final desbocado no lo hubieran firmado los mismísimos Motorhead... Lo dicho, grandiosa. El final del álbum nos reserva otra gran joya, de nombre Samurai. Clásico instantáneo y otro tema marca de la casa, sorprende porque entre la insana orgía de violencia que se desata en su interior se descubren unos riffs de inequívoco sabor sabbathico, algo inédito tratándose del señor Austin y que decir tiene de absoluto disfrute para el oyente. No quier terminar sin volver a alabar la actuación de la sección rítmica. Desde los orígenes con Elrod y Herrel que TITD no había gozado de una formación de este calibre, una en la que el talento de dicha sección se pusiera al nivel del genio del mismísimo Austin. Algo que en Pain Is A Warning se alcanza, para mayor gloria de uno de los mejores álbumes que la banda haya grabado jamás.


En mi humilde opinión, lo mejor que jamás haya facturado la banda desde Temple Of The Morning Star y Sadness Will Prevail.

NOTA: FUCKING CLASSIC (+10/10)


martes, 24 de agosto de 2010

GHOULTOWN - Life After Sundown (2008) / Tales From The Dead West (2000)


Muchos son los discos que en los ultimos dias se han acumulado a mi alrededor y que me han puesto en la difícil tesitura de decidir cuál de ellos iba a subir primero. Ante la incapacidad de decidirme, he optado por pasar de todos ellos y comentar una banda a la que le tenía ganas desde hace un tiempo. Ghoultown es una banda texana formada en 1999, y cuya música nunca ha sido fácil de etiquetar, pero que oscila entre el psychobilly, el punk y el garage. Etiquetas de nuevo cuño como el horror punk y el gothabilly también se les han atribuido, aunque Ghoultown siempre se han desmarcado de sus coetáneos merced a un sonido y temática muy deudora de los spaghetti western. A pesar de que por estos lares no son muy conocidos, en los EEUU son una banda de culto y cuyos temas han aparecido en diversas series de televisión, films de terror, videojuegos y que incluso cuentan con su propio comic book. También en 2009 editaron un DVD que recogía un tema compuesto como homenaje al icono de culto Elvira, y en cuyo videoclip cuentan con la colaboración de la mismísima Cassandra Peterson. El fundador del grupo y guitarra/cantante, Count Lyle, fue el bajista fundador de los doomers Solitude Aeturnus, a los que abandonó en 1996. Tales From The Dead West fue su LP debut del año 2000, y Life After Sundown el último disco de estudio hasta la fecha, y el sexto de su discografía. Por el camino se han sucedido innumerables shows en directo, entre los que destacan giras junto a Hank Williams III, The Misfits y Gorgeous Frankenstein.


Desde ya decir que el rockabilly, psychobilly y demás ...billys son géneros de los que ni de lejos soy un experto (si es que lo soy de algo), y cuyas diferencias nunca he tenido muy claras. A pesar de ello, entre todo el mar de bandas que se adscriben a esos géneros, Ghoultown me llamaron especialmente la atención por ese sonido de western fronterizo fusionado con una temática centrada no sólo en los cowboys, sino también en historias de zombies y películas de terror de serie B. Mi contacto con el sexteto se remonta a hace menos de un año, por lo que no he podido darle una escucha profunda a toda su discografía, y es por ello que hoy cuelgo su histórico debut junto a su último y más celebrado álbum. Probablemente entre medio me dejo muchos discazos dignos de reseñar, pero es algo que espero solucionar cuando pueda sumergirme en todos ellos. Lo que más me ha sorprendido de Ghoultown es la manera sorprendente en la que despliegan un sonido de lo más particular que auna country, rockabilly y banda sonora de western mientras por el camino no abandonan nunca un sentido del humor freak que hace de su propuesta algo simplemente irresistible. Y temazos, señores, toneladas de temazos, son los que les han aupado a ser los reyes de un género del que son los mejores embajadores. Puñeteros clásicos como The Death Of Jonah Hex o Ghost Riders In The Sky de su álbum debut son fijos en todos sus conciertos, y te harán oler a muerte, sudor, tequila y carne descompuesta mientras tus pies no paran de bailar desenfrenadamente. Pero es su última referencia la que se lleva la palma de su discografía en mi humilde opinión a base de una inmisericorde sucesión de canciones de imbatible factura. Sobre la base de una producción tremenda en la que cada instrumento suena perfecto, Life After Sundown es un disco por el que solo puedo babear, y al que pocas pegas puedo encontrarle. Medios tiempos deudores del country, temas acelerados del punk/rock más macarra, un sonido gordo que habla de las simpatías del sexteto por el metal, y todo ello supeditado a la potente personalidad de una banda que lleva todas esas sonoridades a su terreno. Y a esto se suma el que para mi es verdadero instrumento estrella del grupo, y el que hace que sus composiciones se disparen y te vuelen la cabeza. Hablo de la trompeta a cargo del genial Randy Grimm, y que es capaz de pasar de ponerte los pelos de punta en maravillas como London Dungeon, Life After Sundown o Thunder Over El Paso a hacerte bailotear como un poseso en Against A Crooked Sky. Por el camino, otros cortes simplemente perfectos como I Spit On Your Grave, Drink With The Living Dead, Under The Phanton Moon o esa pedazo de instrumental llamado Train To Nowhere que hablan de un grupo en estado de gracia. No sé, me cuesta mucho ser objetivo con este disco en particular. Sólo se que me flipa y que os lo recomiendo enfervorecidamente.


Dadles una oportunidad, y os aseguro que no os arrepentiréis. Antes de lo que pensáis os encontraréis con un atardecer muriendo a vuestras espaldas, manos putrefactas saliendo del suelo de algún cementerio sin nombre, una sonrisa en vuestra cara y un viejo Colt aferrado con fuerza como único amigo. ¿Se puede pedir más?

Tales From The Dead West (2000) - Nota: 8,5/10
Life After Sundown (2008) - Nota: 9,25/10


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miércoles, 9 de junio de 2010

HANK WILLIAMS III - Rebel Within (2010) / Discografía escogida

Hoy toca hablar de raíces, de leyendas, de actitud, de controversia y de desafío a un destino que parecía escrito antes incluso de nacer. Hoy toca hablar de Hank Williams III, también conocido como Hank III o simplemente III. Nuestro protagonista de hoy nace en el corazón de la Estados Unidos más reaccionaria, en Nashville (Tennessee), allá por 1972. Desde su primer día de vida entró a formar parte de la realeza del country, en una población famosa por dar nombre a uno de los sub-géneros más populares del estilo, el conocido como sonido Nashville, que consistía en fusionar la música folclórica norteamericana con el pop que se puso de moda en los años 60. Nuestro Hank III recibe su corona por ser el siguiente eslabón del que sea probablemente el árbol genealógico más impresionante de la música moderna. Y lo digo porque es muy raro que el talento en estado puro se herede de padres a hijos como ha estado ocurriendo en la familia Williams hasta el día de hoy. Hank Williams, su abuelo, es junto a Peter Seeger el músico más grande que ha dado el country, amén de ser el principal responsable de popularizarlo en los años 40, y todo ello a pesar de morir a la corta edad de 29 años, fruto del brutal abuso que hizo del alcohol y las drogas para aliviar los dolores de espalda crónicos que sufría. El padre de nuestro protagonista, Hank Williams Jr., es otro de los dioses del country, con múltiples numeros 1 en las listas norteamericanas y principal impulsor del género outlaw allá por los 70 , y que se basaba en la fusión del susodicho country con el southern rock y el blues. Su disco-jam Hank Williams Jr. & Friends de 1976 junto a gigantes del southern como Waylon Jennings o la Marshall Tucker Band fue toda una revolución además de uno de los discazos de aquella década. Porque aunque el hippismo se llevara la gloria, la América rural también tuvo mucho que decir y nada que envidiar a los comeflores y chupasapos varios de la época. Su mayor momento de esplendor lo vivió en los 80, una vez recuperado de un gravísimo accidente mientras escalaba y tras el que le tuvieron que reconstruir el cráneo y la cara, donde nunca bajó del nº 2 en las listas yankees.


Ya os estaréis preguntando por qué cojones me enrollo tanto con su historia familiar. Pues aparte de porque nunca está mal leer sobre la historia de la música, en este caso concreto se antoja completamente necesario para comprender el ambiente en el que se crió nuestro Hank Williams III, junto a la enorme presión que sobre sus hombros recayó inmediatamente cuando decidió que también él quería dedicarse a la música. Ya en los 90, en un momento de vulgarización atroz del country, donde se encontraba elevado al altar de música mainstream y desnaturalizado a base de abortos pseudo-pop, muchos eran los que veían en Hank III una especie de mesías que recuperara el viejo espíritu de la música de los desharrapados blancos de la nación. Desde los que veían en el espíritu de su abuelo la salvación, a los que le presionaban para que continuara los pasos de su padre, todos querían llevar al jóven Hank por la senda "correcta". Pues bien, todo lo que recibieron de nuestro amigo fue un escupitajo en la cara y el polvo en el camino que dejó al alejarse. Porque si algo hace grande a Hank III es que siempre ha hecho lo que le sale de la punta de su sureño pene, sin importarle las sagradas voces que hay alrededor del country. Y en el fondo, mal que les pese a todos aquellos que le tachan de traidor, él representa la esencia destilada y pura del género. Desde su vuelta a los sonidos más primarios pasando por la recuperación del anti-héroe sureño y su patética vida llena de desgracias, y terminando por un estilo de vida donde abundan los excesos de todo tipo, Hank Williams III encarna el mismísimo espíritu de los primeros Seeger, Jimmie Rogers o Johnny Cash. Personas que representan la absoluta libertad creativa y la inquebrantable fe en lo que hacen, tanta que el mundo acaba arrodillándose a sus pies. Dónde estaba? Ah si, los años 90. Efectivamente, ya no eran los años de la Gran Depresión ni de las revueltas hippies a ritmo de Led Zeppelin. No, eran los grises noventa, y Hank Williams III, además de llevar el country en las venas, vivió el auge del hardcore y el metal extremo, géneros a los que siempre ha estado muy apegado. De ahí su colaboración como bajista en la banda sludge de Phil Anselmo Superjoint Ritual, o que siempre cuente en sus conciertos con vocalistas de bandas hardcore. De hecho, asistir a un directo de nuestro hombre es verse sumergido en una extraña mezcolanza de barbudos amantes del country, moteros, punks, skinheads y metaleros, todos rendidos ante su desafiante actitud. Y a su genial música, que es lo más importante. La tradición americana bañada en la actitud más punkarra imaginable de la mano de la fuerza de cualquier combo metalero. Eso es Hank III. No se equivoque nadie, porque lo que va a escuchar es country, pero por alguna extraña razón su música posee ese extraño don al alcance de muy pocos de conseguir hablar con el idioma de la música pura, sin adulterar, esa que llega a todos los oidos y seduce cualquier alma. Tras dos buenos álbumes de tanteo personal como Risin' Outlaw (1999) y Lovesick, Broke and Driftin' (2002), Hank se encontraba preparado para presentar al mundo su propuesta de un modo pulido. Y ahí cayó esa auténtica bomba llamada Straight To Hell (2006), desde la cual el country no volvió a ser igual. El disco de country para callar la boca a todos aquellos que odiaban el country. Con un ojo fijo en la tradición y el otro en el rock y el punk, se trata de uno de los álbumes más acojonantes de la década. Con más actitud que los mismísimos Slayer y más macarra que Satán, Hank Williams III empapa las raíces musicales de su país con cerveza, speed y odio por el mundo, y de paso aplasta definitivamente las ilusiones de todos aquellos que veían en él el nuevo héroe mainstream del country. Con esas letras llenas de excesos e incorrección política se asegura bien de ello, pero a la par entra por la puerta grande de los corazones de muchas nuevas generaciones que ven en él un héroe inesperado dentro de un género asociado injustamente a paletos bonachones con petos vaqueros o directamente a fachas. Tras el bombazo llegó la confirmación, por si alguno aún albergaba esperanzas de lo contrario, de que Hank había venido para quedarse. Un álbum redondo, donde se acentúa la mala hostia de sus letras y aumentan los objetivos de las mismas. Desde los intocables del country, a los contrarios al derecho a portar armas, pasando por el Gobierno (al que acusa de la pobreza del medio rural americano), todos reciben su merecido en Damn Right, Rebel Proud (2008). Rebosante de individualismo, el disco queda perfectamente reflejado en estrofas como "I'm gettin' real high, and I'm gettin' down low/And I live in a shack on creditor's row/and my best friend is my Magnum 44". Como una vez leí, esta no es la música country de tu abuelo... a no ser que tu abuelo sea Anton LaVey. Y como no hay dos sin tres, nos llega su reciente Rebel Within sin darnos tiempo aún a recuperarnos de sus dos anteriores discazos y con los rescoldos del debut de su banda de metal/punk Asskjack todavía calientes. Sin perder un ápice la fuerza ni agresividad de trabajos pasados, nos encontramos con un músico mucho más interesado en excarvar en las profundidades del country que antaño. No os asustéis, estamos ante el mismo enfant terrible, y con temas como Drinkin' Over Mama jamás será aceptado dentro de la respetable comunidad que copa los escalafones más altos del género. Simplemente es que creo que se ha dado cuenta que no es necesario alejarse de las raices para defenderlas desde la perspectiva que da la distancia, sino que a veces lo mejor es aferrarse a ellas con puños y dientes y defender el sagrado árbol de la música tradicional americana. Algo que queda clarísimo en maravillas reposadas como esa balada blues que es Gone But Not Forgotten o la añeja Lost In Oklahoma. Puede que sea el álbum menos transversal de su carrera, y que a muchos punks o metaleros les parezca demasiado "blando", pero en mi opinión es un auténtico discazo casi a la altura del genial Straight To Hell. Imposible ser un amante de la música con denominación de origen americana y no caer rendido a los pies de una maravilla como lo es Rebel Within.


Vaya brasa os acabo de dar,jajaja. Lo siento, pero creo que un rara avis como Hank Williams merece ser reconocido y respetado, porque en este mundo nuestro de cuadrículas y clones cada vez se hace más difícil ver un alma con brillo propio y con tantos cojones a la hora de defender la grandeza de su luz.