Ecos de una ciudad sumergida.

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miércoles, 4 de enero de 2012

NAHRAYAN - The Beginning Of The End / The End Of The Beginning (2012)


Puedes escuchar el disco completo pinchando AQUI

En el momento de escribir esta reseña, está confirmada la edición del disco en formato CD de lujo por el sello catalán Les Fleurs Du Mal, así como la intención de sacar la edición en vinilo a cargo de Radix Records, Odio Sonoro, Nooirax, Devilchild Records, Ozium Records (Suecia) y el propio sello de la banda, Marcha Lenta. La edición en CD saldrá en Febrero. No hace falta decir que si os gusta el álbum, y en la medida de vuestras posibilidades, apoyéis a los que lo han hecho posible adquiriendo el CD o el vinilo.


Yeah! Por fin puedo reseñar uno de los álbumes que con mayor ansia esperaba degustar un servidor tras muchos meses con los dientes largos, exprimiendo las dosis del mismo que sus creadores iban colgando en su bandcamp. Nada comparado con el largo y doloroso proceso de parto a través del cual verá la luz The Beginning Of The End / The End Of The Beginning. Más de una década en la que una idea, una gran idea, se estrellaba con la problemática de los cambios de formación y unos músicos extremadamente exigentes que no veían plasmados al 100% sus sueños sonoros en las diferentes grabaciones que iban moldeando. Como todas las grandes ideas, como todos los sueños que merecen la pena soñarse, necesitan de un proceso de tanteo, de prueba y error, hasta que todas las aristas y facetas de la joya en bruto van tomando forma y puliéndose. Por fin esa joya está lista para ver la luz, y os aseguro que su brillo dejará a más de uno hipnotizado. Nahrayan es el sueño colectivo de Julián (Muerte Por Mil Cortes, The Sand Collector, Quebranto) a la guitarra, bajo, voces y efectos, y Miguel (The Sand Collector, Quebranto) como batería y percusionista, nacido en el caluroso verano alicantino allá por el año 2000. En 2006, tras un directo junto a los catalanes Moksha, la banda decide separarse. Atrás quedaban numerosos conciertos en el Estado español, dos discos autoeditados (Demo en 2002 y Searching Perfect Dreams en 2003) y un EP póstumo (The End, 2006). Con la espina clavada de no haber podido presentar como ellos querían su propuesta, y tras haber crecido como músicos, Miguel y Julián deciden regrabar 7 de aquellos temas (dos de ellos inéditos, como Barathrum Fields y Red Moon) con un sonido a la altura de los mismos, añadiendo nuevos arreglos y ejecuciones. Del mismo modo, a nivel letrístico The Beginning... se ha conformado como un disco conceptual a través del cual veremos la manifestación física de todos los demonios internos de la humanidad, una manifestación que acaba por devorar el planeta entero.


Así pues, ¿qué es lo que tenemos con The Beginning...?, ¿un debut?, ¿un renacimiento?, ¿un colofón final? Pues nada de ello y todo a la vez. Tenemos el final de una búsqueda, que al culminar deviene en un ente completamente nuevo. Una meta que lleva implícitas todas las etapas de crecimiento de dos músicos geniales. Porque el álbum es una absoluta gozada, todo una invitación al escapismo y una profecía de nuestros peores miedos, de la mano de una propuesta a la que es difícil encasillar en un género concreto. The Beginning... es como un combate a muerte con una bestia infernal en mitad del mejor colocón de peyote, como zambullirte en un océano exótico y relajante para descubrir que allí te espera una horda de pirañas hambrientas, un puño de hierro enfundado en guante de terciopelo. A caballo entre unas sonoridades deudoras del universo post y la abrasividad del sludge, Nahrayan obran una alquimia atroz, herética, que mancilla la belleza de una música evocadora hundiéndola en un denso pantano de desesperanza. Miel para nuestros jodidos oidos, vamos. Y es que de estos señores me esperaba toda la malignidad posible, pero me he quedado a cuadros con las tremendas espirales sonoras y la capacidad de evocación que son capaces de desplegar. Hablaba de ese acercamiento al universo post, pero podría concretar diciendo que The Beginning... tiene alguno de los momentos post-rockeros más bellos que he escuchado en mucho tiempo, algo sorprendente ya que servidor sospechaba más un posicionamiento en la línea de Neurosis. No lo comento como algo negativo sino todo lo contrario, pues al atenuar los decibelios y la abrasividad la contraposición con los pasajes más furibundos se acentúa, y de esa unidad y lucha de contrarios surge un todo más grande, metáfora de ese conflicto interno que opera en todos nosotros y que amenaza con engullirnos vivos junto con todo el puto planeta. Especialmente remarcables son esos momentos de introspección sonora en las tremendas When Sun Sets Down y A Dying Sun, capaces de transportarte entre suaves oleadas a un estado de paz onírica para en cuestión de segundos despedazarte con inmisericordes ataques dirigidos a pulverizar tu córtex cerebral. Porque a pesar de lo comentado no es The Beginning... un disco para abrazarte con tus amigos gafapastas recordando el maravilloso legado de Mogwai. Aquí hay mucho mal rollo, verdadera lija para el alma, y a pesar de las infinitas capas sonoras que Julián es capaz de desplegar con su guitarra, a pesar del hipnótico percutir de Miguel, Nahrayan vomita desesperanza por todos sus costados. ¿No me crees? Pues chapotea entre fango y alambre de espino durante los 11 minutos de la grandiosa Red Moon Last Sunrise, y luego me cuentas. O mantente intacto mientras esa apisonadora de nombre Barathrum Fields aplasta hasta el último de tus patéticos huesos. Me ha encantado el tratamiento sonoro de las voces, como salidas de la garganta de alguna ronca bestia abisal, que acentúa aún más el mal rollo de las composiciones. No hay paz para los pecadores, o así deben pensar Nahrayan, porque durante los más de 65 minutos del álbum no dan pie al aburrimiento ni al descanso en un trabajo que requiere toda la atención del oyente, pero que a cambio le ragala una de las experiencias más satisfactorias que se puedan disfrutar hoy día en el campo metálico. Algo que queda refrendado en el mastodóntico corte final, The End, 15 minutos de deleite malsano en el que hay cabida para la épica oscura, la furia desatada e incluso unas melodías capaces de ponerte los pelos de punta. Podría seguir hablando de los mil matices que esconde el disco, o del maravilloso sonido que han conseguido este par de cabrones, pero dejo que sean los oidos y pútridos corazones de cada uno los que juzguen una propuesta que a mi ya me ha ganado para su causa oscura.


La primera en la frente. Con imaginación, pasión y un talento desbordante, Nahrayan se han cascado una obra monumental, y que para mí entra directamente a la lista de lo mejor de un 2012 que huele a Apocalipsis. Grandes.

NOTA: 9,5/10


viernes, 30 de diciembre de 2011

TOP 15 - BEST ROCK ALBUMS OF 2011

Tras el TOP 25 - BEST METAL ALBUMS OF 2011, le toca el turno al listado de los discos rockeros que más me han gustado este año que toca a su fin. Un ranking en el que me siento menos presionado y libre para hacer trasatadas, si tengo que ser sincero. A veces la línea que separa rock y metal es muy fina, más aún cuando nos adentramos en terrenos como el del stoner o el doom, pero pensad en ambas listas como complementarias. En el fondo este TOP rockero me sirve como ampliación del de ayer, y si cuela, cuela,jajajaja. Como siempre, no lo toméis demasiado en serio, seguro que hay discos mejores que los que aquí he puesto y estaré encantado de conocerlos o discutir acerca de ellos. Lo importante es que todos aprendamos y descubramos. Recordad, cada disco enlaza con la reseña correspondiente que de ellos hice en su momento. Y tras esta mierda de entradilla hippie, entremos en faena!


TOP 25 - BEST METAL ALBUMS OF 2011

Bueno, pues ha costado lo suyo pero encaramos el final de año con la típica lista inútil que no contentará a nadie más que a un servidor y cuyo único aspecto positivo probablemente sea el de descubrir a algún lector bandas que se le esscaparon a lo largo de 2011. Sólo por eso merecería la pena el esfuerzo. Respecto a la lista en cuestión, decir que ha sido tremendamente difícil elaborarla, y doloroso no incluir en ella discos que cualquier otro año hubieran estado en lo más alto. Podría haber hecho una de mayor extensión, pero al final uno tiene que concretar, y en todo caso siempre está el archivo del blog para investigar, pues la mayoría de los que me soléis leer sabéis que sólo subo discos que me han gustado por encima de la media. Comentar también que a ésta le seguirá otro listado de bandas en el apartado de rock, de menor tamaño pero que en mi opinión sintetiza bastante bien lo que en ese género nos ha deparado este maravilloso año (en lo musical, porque en todo lo demás ha sido una puñetera mierda). Todos los discos enlazan a las reseñas que de ellos hice en su momento.

jueves, 29 de diciembre de 2011

SERPENT VENOM - Carnal Altar (2011)



Joder, vaya cabeza la mía. Toda la mañana con una extraña sensación de que faltaba algo en mi lista de los mejores álbumes rockeros, y pensando que era la reseña del nuevo disco de The Devil's Blood. Cuando iba a comenzar con la misma, y mientras revisaba el archivo del blog, me he dado cuenta de qué era: ¡Me faltaba la reseña del debut de Serpent Venom! Juraría que la había hecho en su momento, pero parece ser que mi cerebro está más cascado de lo que creía. Una lástima por el segundo álbum de The Devil's Blood, porque es genial, pero el tiempo y las prioridades mandan, y Carnal Altar es un pepinazo demasiado gordo como para no incluirlo en el Top 15 rockero. Pero metámonos en harina. Serpent Venom es un cuarteto británico formado en 2008 y que cuenta entre sus filas con Gaz, ex-vocalista de los fantásticos e injustamente desconocidos Sloth (que nos regalaran en 2000 aquella joyita llamada The Voice Of God). Tras una notable demo autoeditada el año pasado captan la atención del sello The Church Within Records, hogar de colosos como Lord Vicar, Manilla Road, Orchid o Solace, para grabar su debut. El resultado no ha podido ser más satisfactorio, pues sin ninguna duda Carnal Altar es una de las grandes sorpresas de 2011.


No esperéis ninguna revolución en la propuesta de estos cuatro greñudos, pero sí uno de los mejores discos de heavy-doom que hayáis escuchado en mucho tiempo. En la línea de unos Electric Wizard antes de perder las garras, Serpent Venom rinden culto a los Black Sabbath más plúmbeos, extrayéndoles toda la vena hippie y quedándose tan sólo con su poderoso caminar. Saint Vitus es otra de las referencias evidentes en la música de los británicos, pero por encima de todos estos datos tenemos un disco soberbio, hipnótico y de una masividad aterradora. Sólo ese comienzo con las monstruosas Carnal Altar y Blood Of The Serpents (temazo!) harán que tengas que apuntalar a toda prisa los techos de tu casa, porque los riffs que manejan estos herejes son de unas dimensiones ciclópeas. Y cuando crees que el álbum se desinfla algo en sus cortes centrales... zas!, te vomitan Devilshire y The Outsider, dejándote la única opción de salvar todo lo que puedas de entre los cascotes y buscar un nuevo hogar. El bajo de Nick es lo más parecido a un seismo abisal que puedas imaginar, y por momentos te preguntarás sin no están sonando dos o tres de ellos solapados, porque te aseguro que tu ecualizador de graves va a trabajar como nunca para no morir de combustión espontánea. Como ya he dicho, no encontraréis aquí bellas melodías ni pasajes de psicodelia lisérgica, sino un altar depravado y enorme a la contundencia, que de manera rítmica, hipnótica e insaciable te golpeará sin piedad durante los más de 55 minutos que dura Carnal Altar. Miel para los oidos de todos aquellos que reverenciamos los grandes discos de Cathedral y todavía lloramos por la pérdida de los primeros Electric Wizard (aunque a cambio  se nos dio a Ramesses, que no todo van a ser lamentos). Ocultismo, magia, terror setentero italiano, riffs cósmicos, solos incendiarios y la gran voz de Gaz Ricketts. Un cóctel infalible que ha dado como resultado uno de los grandes discos de 2011. Si eres fan de Black Sabbath, Electric Wizard y Cathedral, te vas a toquetear como un mono en celo con estos tíos. Lástima de un par de temas algo planos, porque si no estaríamos hablando de toda una obra maestra.


Discazo. Todo un misilazo de rock añejo y ocultista embadurnado en la mayor pesadez heavy que puedas imaginar. Si le sumamos la espectacular edición a cargo de The Church Within Records, estamos ante un álbum de compra obligada.

NOTA: 9/10


PRIMORDIAL - Redemption At The Puritan's Hands (2011)


Por fin! Con esta reseña cierro el año metálico y puedo encarar la lista de lo mejor de 2011 con al menos los grandes títulos incluidos en el blog. Desgraciadamente otros muchos lanzamientos significativos se me han quedado en el tintero, pero espero mencionarlos y a lo largo de 2012 ir comentándolos como merecen. Mañana subiré del mismo modo las reseñas rockeras que me faltan y así poder publicar las dos listas (rock y metal) para la víspera de Nochevieja. Que luego explote, muera agotado y no me volváis a ver jamás es algo que afrontaremos a su debido tiempo,jajajajaja Éste último disco metálico que visita Ecos De R'Lyeh es muy especial para mí, no lo puedo negar. Primordial es una de mis bandas favoritas de todos los tiempos, y despiertan en mi sensaciones y estados de ánimo que rara vez se muestran en mi primigenio ser, tanto que se me hace muy difícil expresarlo con palabras (de ahí que haya retrasado al límite esta reseña). La conexión más evidente podría hablar de una lírica extraordinaria y llena de orgullo por pertenecer al pueblo irlandés que entronca con mi condición de vasco, pero creo no ser una persona de especial ardor nacionalista (más allá de la defensa de los derechos básicos de mi pueblo, como el de poder decidir su futuro). Otra explicación, más soterrada pero probablemente la acertada, sea que el quinteto irlandés colma mi pasión por la épica bien hecha, más allá de cutreríos vikingos y banalidades powermetaleras. Hablo de las grandes historias de nuestra especie, llenas de dolor, sangre, sacrificios, victorias y derrotas. Es decir, los mecanismos que con tanto esfuerzo y sufrimiento nos han hecho avanzar como sociedad, y que en definitiva rigen las leyes del Universo, donde no hay avance sin confrontación, ni vida que no vaya inseparablemente unida al ocaso. Todo eso late en en la música de Primordial, desde que en 1995 debutaran con el notable Imrama. A partir de ahí, una carrera que si el futuro es benigno será venerada por todo amante de la música superlativa y honesta. Porque cada álbum que los irlandeses han entregado desde entonces han sido poco menos que obras maestras, destacando en mi insondable y tierno corazoncito los monumentales The Gathering Wilderness (2005, recientemente re-editado) y To The Nameless Dead (2007). Cuatro añitos hemos tenido que esperar para tener un nuevo trabajo de Primordial entre las manos, pero tras muchos meses paladeando esta obra de orfebrería, puedo decir que tenemos otra victoria rotunda.



Mucha gente ha criticado Redemption... por carecer de hits inmediatos como The Empire Falls o As Rome Burns, incluidos en su anterior trabajo To The Nameless Dead. Algo completamente cierto, pero que eso se esgrima como argumento de peso en unos terrenos estilísticos como éstos me parece una soberana estupidez. Lo podría entender si estuvieramos hablando de Amon Amarth o Machine Head (sin desmerecer un ápice a esas bandas), pero no en el caso de Primordial, que practican un black metal épico de influencias folklóricas y medios tiempos que se alargan a unos metrajes superiores a los 7 minutos. Tampoco habla muy bien del conocimiento de la banda por parte de esas personas, pues quitando el mencionado (y soberbio) álbum, no es Primordial una banda que haya basado su carrera en temas de un gancho tan evidente. Sin embargo, quien quiera disfrutar del verdadero fuego de los irlandeses, de esa grandilocuencia arrebatadora, de su expresividad superlativa y de un Nemtheanga reivindicándose una vez más como el mejor frontman del planeta, va a arder con él lo mismo que en sus grandes obras maestras. Si lo analizamos atentamente, To The Nameless Dead es de hecho una rareza dentro de la discografía de la banda, pues es un álbum brillante, lleno de gloria, victorioso. Primordial, al igual que Irlanda (desgraciadamente), no conoce mucho de victorias, pero si de resistencia. Y la resistencia nunca es bonita ni radiante, es gris, orgullosa y repleta de épica soterrada, de la que nunca nadie conocerá nombres propios ni pondrá caras a las lágrimas derramadas. Redemption... es una vez más el grito de esa esforzada y tenaz lucha, en la que un soberbio Nemtheanga vuelve a dejarse el alma para darnos a entender que la muerte no es nada, y sólo cobra relevancia al echar la vista atrás y ver cómo hemos vivido nuestras vidas. Para ello recorre de nuevo la Historia del siglo XX, como la Revolución Letona de 1905 surgida al calor de la de su homóloga rusa o la derrotada Insurrección de Pascua irlandesa de 1916 en la que perdió la vida el socialista James Connolly, uno de los líderes más excepcionales que jamás haya tenido la izquierda. Las guitarras de MacUiliam y O'Floinn siguen rayando a un nivel soberbio, en el que sin necesidad de masturbaciones ni intrincadas filigranas consiguen crear in crescendos de quitar el hipo, demostrando un dominio de los climax para quitarse el sombrero. Del mismo modo la sección rítmica retumba como el marchar del Ejército Ciudadano Irlandés, destacando especialmente el soberbio trabajo de O'Laoghaire a los parches, toda una demostración de técnica y contundencia cuando es preciso.  La producción es otro de los puntos estelares en Redemption..., como es habitual en los trabajos de Primordial. Un sonido que inexplicablemente es capaz de fusionar lo orgánico (porque estos señores componen al estilo de las jam-bands... como lo oís) con la épica, sin necesidad de sobreporducciones ni efectos de retoque posteriores. Chapeau de nuevo. Aquí no hay hits, cierto, pero en cambio tenemos una historia grande como la vida, dividida en ocho actos capaces de poner los pelos de punta, y que demuestran una vez más que Primordial es una de las bandas más especiales, honestas, talentosas e inteligentes que jamás nos haya dado el metal.


Séptimo álbum de estudio y sexta obra maestra de Primordial. Un trabajo que vuelve a enterrarse en las entrañas de Irlanda para gritarnos desde allí el orgullo de todo un pueblo. Las palabras se quedan cortas para describir la grandeza de una banda como ésta. Gracias por existir.

NOTA: 10/10


miércoles, 28 de diciembre de 2011

WOLVES IN THE THRONE ROOM - Celestial Lineage (2011)


Mucho he tardado en escribir la reseña de uno de los discos que más han dado que hablar este año, aunque sinceramente he necesitado bastante tiempo para aclarar las ideas respecto a un álbum, y una banda, que se han convertido en todo un fenómeno capaz de traspasar las fronteras de la comunidad blacker. Desde el moderneo indie de Pitchfork a su homólogo estatal encarnado en el cartel del Primavera Sound (patrocinado por las inefables Rock de Lux y Vice) ensalzan las virtudes de Wolves In The Throne Room y por extensión de la oleada de nuevas bandas estadounidenses que desde diferentes acercamientos están llevando a cabo toda una revitalización del género. Esta exaltación repentina por parte del gafapastismo internacional me provoca cuanto menos desprecio, más aún cuando uno es consciente de que en dos días se les habrá pasado y se lanzarán en pos de un nuevo género "rarito" al que encumbrar. Sin embargo, al final uno tiene que aislarse de todo lo superficial y centrarse en la música, que a fin de cuentas es lo importante. Y si alguien sabe componer música de calidad esos son los hermanos Weaver, que con Celestial Lineage entregan su cuarto LP y el que cierra la trilogía comenzada con el monumental Two Hunters (2007). Tres discos a través de los cuales Wolves In The Throne Room han ahondado en una propuesta que pivota sobre los legados de Burzum y Emperor llevándolos a un nuevo nivel de evocación y ambientalismo. 


No os dejéis engañar, eso del blackgaze es una patraña, o en todo caso nada nuevo para quien conozca medianamente propuestas como las de Burzum. Casi dos décadas lleva el loco de Vikernes regalándonos joyas de minimalismo cósmico y nadie había sentido la necesidad de ponerle una estúpida etiqueta más allá de la de black metal, hasta que en 2011 a algún gurú de las tendencias se le ocurrió que eso del black ambiental podía venderse como un producto nuevo. De eso nada, me niego. Wolves In The Throne Room es un grupo fantástico, y los mejores continuadores de la senda abierta por los citados Emperor y Burzum. Cogiendo las estructuras monumentales de los primeros y los universos hechos con dos mimbres del segundo, el dúo estadounidense le ha añadido unas sonoridades ambientales espectaculares que han devenido en una propuesta remozada y con una personalidad indudable. Celestial Lineage ahonda aún más en esos últimos aspectos, aunque sin perder de vista los elementos preponderantes que encumbraron Two Hunters como su mejor disco hasta la fecha y uno de los mejores albumes de black metal del nuevo milenio. Entre esos elementos está la inclusión de nuevo de la vocalista Jessica Kenney, que vuelve a estar espectacular encumbrando Celestial Lineage a nuevas cotas de belleza. Como comentaba no estamos ante un trabajo que alcance la grandeza de Two Hunters, pero a cambio nos regala las suficientes novedades de calidad como para poder disfrutarlo enormemente. Entre ellas el intrincado trabajo de guitarra de Nathan Weaver, mucho más denso que de costumbre pero que gracias a una claridad de ideas prodigiosa deviene en una monumental edificación sonora. En líneas generales se trata de un trabajo mucho más sofisticado que sus predecesores, y aunque se puede echar de menos el primitivismo de aquellos, tampoco desagradan, ni mucho menos, la inclusión de teclados y reminiscencias sinfónicas que les acercan aún más a sus adorados Emperor. La impecable producción que han elegido para la ocasión no es sino una confirmación de esta tendencia. Muchas son las cualidades del álbum: profundo, complejo, con unas progresiones de estructuración casi clásica y un poder de evocación envidiable que hace que a pesar de lo intrincado de la propuesta su escucha sea de una facilidad insultante. Valores suficientes para permitir a Wolves In The Throne Room seguir siendo la referencia a seguir en cuanto a black metal ambiental se refiere, con el permiso de sus compatriotas Agalloch, por supuesto.


Celestial Lineage no llega a las cotas de grandeza de Two Hunters, pero posee tanto peso específico y virtudes que le bastan para encumbrarse con pasmosa facilidad como uno de los mejores discos del año. Todo un universo encerrado entre surcos de vinilo. Grandes. 

NOTA: 9,25/10


martes, 27 de diciembre de 2011

LA DISPUTE - Wildlife (2011)


He de reconocer que la primera vez que oí hablar de ese movimiento autodenominado The Wave mi primera reacción fue bastante negativa. Desde sus pintas de jóvenes flequilludos y modernetes a sus raíces screamo me inspiraban un desprecio visceral, orgánico, a un mundillo del que han trascendido más sus bandas mediocres y de temática adolescente que sus logros (que alguno habrá). Que encima reivindicaran el buen nombre del post-hardcore no ayudaba que digamos. Sin embargo, muchas han sido las veces que me he tenido que tragar esos prejuicios ante la luz de los hechos, y por eso decidí sacar tiempo para indagar en la propuesta de las bandas que integraban The Wave. Algunas de ellas no me desagradaron (Defeater), otras me decepcionaron (pensaba que Pianos Becomes The Teeth eran diferentes más allá de su ridículo nombre, pero me encontré a unos Envy en versión norteamericana), otras me dejaron dividido (la propuesta de Touché Amoré me gusta mucho pero sus letras me parecieron horribles) y una me ganó por goleada. Hablo de La Dispute, y aunque su primera referencia (Somewhere At The Bottom Of The River Between Vega And Altair, 2008) no me voló la cabeza, no puedo decir lo mismo de su segundo largo, Wildlife. Un álbum que el quinteto de Michigan no tuvo prisa por madurar (para los tiempos que corren) y que les coloca como uno de los grandes refrentes dentro de la nueva ola de post-hardcore.


Empezaré avisando que la propuesta de estos tíos no es para todo el mundo, e incluso muchos huirán despavoridos en cuanto Jordan Dreyer empiece a cantar las primeras estrofas del álbum, pero lo que no se puede decir es que La Dispute sea una banda que deje indeferente. Tampoco es Wildlife un trabajo que apele a análisis puramente objetivos o de cariz técnico, básicamente porque no se mueve por esos planos. Estamos ante un álbum que es alma pura y cuyo objetivo es alcanzar la del oyente, aunque sea a costa de dejarla vapuleada y rota. Vamos, que Wildlife nunca va a ser lo más pinchado en un cumpleaños o una boda. Una obra que sorprende desde un nacimiento pensado primero como una serie de relatos cortos a cargo de Jordan Dreyer y luego revestido del envoltorio musical perinente, y que te acaba cautivando por la calidad de los mismos y la forma en que los cabrones consiguen que empatices al extremo con sus historias de vidas rotas y desgracias. En el plano estrictamente musical La Dispute recoge lo mejor de tres generaciones del hardcore, obligándolo a trabajar dando forma a una propuesta muy personal, tanto que se escapa a su vez de toda forma de encorsetamiento estilístico. Encontramos aquí la inquietud e inconformismo infinitos del post-hardcore, las melodías de las grandes bandas emo de princios de los 90 y los arrebatos melodramáticos de los vocalistas screamo arrimando el hombro para hacer de Wildlife un álbum de una intensidad sobrecogedora. Generalmente no hablo de las letras de los discos que comento, pero es imposible comprender la grandeza de Wildlife sin leer las historias de Dreyer., interpretadas a medio camino entre el cantar "clásico" y el spoken word. Historias de un padre agredido brutalmente por su hijo esquizofrénico (Edward Benz, 27 Times), el dolor por el asesinato de un niño en un tiroteo (King Park) o la pérdida de un hijo a causa del cáncer (I See Everything) se combinan con otras de cariz más introspectivo (a Letter, a Poem, a Broken Jar), pero todas ellas compartiendo una calidad literaria soberbia y una fusión con la música tan perfecta que el resultado es poco menos que apabullante. Si no se te ponen los pelos de punta cuando Jordan Dreyer se desgañita cantando "Can I still get into heaven if i kill myself?" en Edward Benz, 27 Times es que no tienes sangre en el cuerpo. Y en el caso que no sepas inglés ni puedas acceder a una traducción de las letras, no te preocupes, porque cortes como The Most Beatiful Bitter Fruit o los anteriormente citados tienen un nivel acojonante en lo estrictamente musical y un despliegue vocal tan intenso que te volarán la cabeza aunque no sepas de qué dirección proceden los golpes. En total 14 temas que se sienten como una unidad cohesionada por el dolor y la desesperación que desgraciadamente atenaza las vidas de mucha gente en este puerco planeta, y que tienen esa escasa cualidad de desafiar los límites de la transmisión sonora para entrar en tromba por la vía emotiva. El sonido orgánico, grabado casi en directo y despreciando cualquier retoque posterior no hace sino aumentar esa sensación de que estás ante un disco muy especial, honesto y compuesto sólo para ti.


Wildlife supone un paso de gigante en la carrera de La Dispute, tanto que cualquier otra banda se podría dar por satisfecha con haber grabado algo de esa envergadura. El descenso a los infiernos más arrebatador y bello que pudieras haber soñado. Únicos.

NOTA: 9,5/10