Ecos de una ciudad sumergida.

Translator / traducteur / übersetzer / traduttore...

jueves, 8 de septiembre de 2011

CERRADO POR VACACIONES!!


Como lo leéis. Hasta los dioses cósmicos y de insondable poder sufren estrés laboral, y nada mejor para solucionarlo que una escapada al lejano Oriente. Con dolor en el corazón he de abandonar mis obligaciones bloggeras para lanzarme a la aventura por tierras chinas. Bueno no, la verdad que no me duele en el corazón, que llevo un año planeándolo,jajaja. Pues eso, que me guardéis bien R'Lyeh, no montéis fiestas y secadme los cactus cada dos días, que son muy delicados. Espero que paséis un buen mes, y en Octubre nos vemos de nuevo!!

Con odio insondable,

Cthulhu

miércoles, 7 de septiembre de 2011

SKRAECKOEDLAN - Äppelträdet (2011)

 


A pocas horas para largarme de vacaciones, no podía resistirme a reseñar uno de los álbumes que mejor me lo ha hecho pasar este Verano. Desde Suecia (otra vez, y van…) nos llega el debut de esta jovencísima banda formada en 2009. Bajo la bandera de Transubstans Records (vaya catálogo el de estos señores!), presentaron su primer disco a mediados de Junio, y las alabanzas a su grueso stoner metalizado no tardaron en llegar. Cantando en su idioma y eligiendo un impronunciable nombre para cualquiera que no sea sueco, el cuarteto deja claro que no se casan absolutamente con nadie, algo de alabar en este mundo bajo el rodillo anglosajón.


 El nombre de la banda, traducido al castellano paladín, vendría a ser algo así como terrible lagarto o dinosaurio, lo que viene que ni pintado a la música de estos angelitos. Y es que la colección de ciclópeos riffs que se gastan es lo más cercano a una estampida de esos seres que se puede escuchar hoy día. Comparados con los primeros Mastodon por mucha gente, en mi opinión sólo comparten con los estadounidenses ese poderoso músculo metálico que exhiben cuando se lanzan al galope, porque en lo demás Skraeckoedlan se decantan por una propuesta que exhibe un stoner de elevado octanaje. Con pelotas, vamos. No esperes escuchar nada novedoso, pero sí una colección de canciones incontestable, con un gancho espectacular, y en el que estos chavales demuestran una maestría pasmosa a la hora de conjugar riffs gordos como cabezas de enano con unas melodías irresistibles. En muchos momentos se asemejan también a Dozer, aunque ningún disco de éstos me ha hecho mover las greñas como Äppelträdet, he de decir. Creo que el grupo más similar a los suecos son los también grandes Red Fang, por ese sonido a medio camino entre el metal y el rock. Tampoco hacen ascos a coquetear con las progresiones, pero en líneas generales estamos ante un álbum hecho para avasallar, directo y rápido como un puñetazo en plena cara. Como si de unos AC/DC del stoner se tratase, sus canciones no difieren mucho entre ellas, pero cada una es un hit en potencia, y es muy difícil que tu cuello o tus pies paren de moverse a lo largo de los casi 45 minutos de duración del álbum. Misiles como Världarnas Fall, Äppelträdet, Haven o Cactus deberían entrar en la categoría de armas de destrucción masiva por lo demoledor de sus riffs y lo contagioso de su carga viral en forma de melodías redondas. La verdad que poco más se puede decir de un artefacto de estas características. A mi me ha hecho descoyuntarme, sonreír, alzar los puños al cielo. No le podría pedir más a un disco de rock. Como he leído por ahí, Skraeckoedlan no han inventado la rueda, pero por Satán que la hacen girar como pocos!


Los dinosaurios no se extinguieron, viven en Suecia. Äppelträdet es uno de los debuts más redondos del año, y coloca a Skraeckoedlan como una de las bandas más prometedoras dentro del stoner. Prepara tus cervicales, porque estos saurios no hacen prisioneros.

NOTA: 8,75/10


domingo, 4 de septiembre de 2011

HILLS - Master Sleeps (2011)



Puede parecer extraño que cuando la mitad de los blogs están al rojo vivo por las filtraciones de lo nuevo de Opeth y Wolves In The Throne Room, un servidor dedique esta reseña al segundo disco de estos semi desconocidos músicos suecos cuyo trabajo apareció a comienzos de año. ¿La razón? Pues hay varias. La primera: ni el álbum de las huestes de Akerfeldt ni el de los norteamericanos son artefactos que se puedan valorar en dos escuchas superficiales. Envidio a todos aquellos que al día siguiente de tener el disco en sus manos son capaces de hacerlo. Yo no, a no ser que tire de generalizaciones vacías y frases hechas, que no lo voy a hacer. La segunda: estoy hasta los tentáculos de cambiar constantemente los planes que tengo para Ecos de R´Lyeh al calor de tal o cual novedad. Paso, ni que fuera un crítico de música (Satán no lo quiera...). La tercera, y más importante: Master Sleeps es un discazo, y tras meses de disfrutar como un enano con él, he decidido que tiene preferencia sobre todo lo demás. Terminadas las explicaciones (que también me las podría haber ahorrado), entro en harina. Hills es un trío oriundo de Göteborg que comenzó su andadura allá por 2006, y cuyos miembros estables son Hanna (batería), Kalle (bajo, guitarra, órgano) y Pelle (guitarra). A esta columna vertebral la banda ha ido añadiendo, sobre todo en directo, a diferentes músicos para enriquecer un sonido que se mueve por los postulados de la psicodelia, el space rock y el krautrock. En 2009 editan su debut epónimo, descartando cualquier tipo de promoción y con una tirada limitada de 300 copias. Las críticas son muy favorables y le edición se agota rápidamente, teniendo que ser reeditada en 2010 por Sulatron Records. Debido a esto aparecen en el radar de Transubstans Records, que los suma a sus impresionantes filas, junto a bandazas como Crystal Caravan, Abramis Brama, Siena Root o The Gravitators. Instalados junto a lo más granado del rock sueco, a principios de año editan Master Sleeps, su segundo álbum de estudio.


Master Sleeps ahonda en la senda iniciada por su debut, puliendo su sonido y dando como resultado un trabajo muy superior a aquel, y en el que la sabia mezcla de influencias deviene en un trabajo precioso, evocador, fluido y (lo más loable) tremendamente adictivo. Durante los 36 minutos que dura el álbum (otra cosa sorprendente tratándose de un disco de psicodelia), os sentiréis atrapados en un fascinante mundo donde el post-rock, el krautrock, el space rock, la psicodelia y el abientalismo oriental son sus paisajes dominantes, entremezclados en una danza realmente hipnótica. Lo más destacado es ese hecho que comentaba, lo adictivo de los seis cortes encerrados en Master Sleeps. Alcanzando la cuadratura del círculo, el trío sueco logra compaginar la evocación y expansión inseparables a la psicodelia con unas melodías que se te graban a fuego en el cerebro, logrando que pinches frenéticamente el álbum una y otra vez. Las influencias del krautrock alemán están muy presentes en todos los temas, destacando el inicial Rise Again, armado a base de unas estructuras repetitivas y que me recuerda mucho a la propuesta de los también interesantes Moon Duo. En líneas generales podríamos decir que estamos ante un álbum que degustarán con alegría tanto fans de la Velvet Underground como los hippies más lisérgicos, algo nada fácil de conseguir, todo sea dicho. Bring Me Sand es una puñetera pasada, a cuya base percutiva de esquema repetitivo se van sumando diversas capas de guitarras de sonoridades orientales, dando lugar a uno de los temas más bellos que he escuchado este año. Como si nuestros Toundra se hubieran pegado un viaje de ácido en el lejano oriente. Claras Vaggvisa hace hincapié en un ambientalismo donde el principal protagonista es el órgano, que nos hace de guía, de rayo de luz en un corte que invita a perdernos en la oscuridad tras nuestros párpados cerrados, en esa quietud inconfundible de los que consiguen acallar todos los ruidos de su cabeza. The Vessel es otro de los temazos de Master Sleeps, y donde descubrimos que además de escuchar a Hawkwind, estos tíos han mamado también mucho punk. Una pasada de canción que con pasmosa facilidad hace copular al space rock, el punk y el orientalismo, en un corte que destila talento por los cuatro costados. Master Sleeps, la canción más larga del disco con sus nueve minutos, es un homenaje en toda regla a los míticos Can, padres de gran parte de los sonidos lisérgicos y que demostraron que se puede atravesar el cosmos sin necesidad de filigranas, y que a veces el minimalismo es la vía más efectiva para abrazar el infinito. El álbum se cierra con Death Shall Come, un mantra en toda regla cargado de drones y de oscuros cánticos, y cuya parte final llevará al extásis a todos los fans de la Velvet Underground y The Doors. Nunca el Universo se había concentrado en tan poco espacio, y de manera tan certera. Master Sleeps es uno de los discos más flipantes que he escuchado este año, y toda una llamada de atención hacia una de las bandas más prometedoras del panorama rockero actual. Haciendo suyas las proclamas filosóficas orientales, Hills demuestran que para alcanzar el pleno extásis la vía correcta no es el barroquismo ni el adorno superfluo, sino la simplificación, el desnudar el alma de todo lo banal para llegar al verdadero significado de la cosas y de uno mismo.


Master Sleeps es un disco espectacular, que deja anonadado por la pasmosa facilidad con que auna lo mejor de toda una diversidad de estilos, convirtiendo Master Sleeps en un viaje cautivador, narcótico y muy adictivo. Todo un sorpresón que se aúpa a lo más alto de un 2011 que va a vender muy caras las medallas, amén de poner en el punto de mira a una formación que a buen seguro nos reserva muchas más alegrías en un futuro cercano.

NOTA: 9,25/10


miércoles, 31 de agosto de 2011

THREE SEASONS - Life's Road (2011)


Si la semana pasada me centraba en los álbumes de metal extremo que en los últimos meses me habían encandilado, esta semana la voy a dedicar a los discos de rock que, en sus diferentes variantes, no se han despegado de mi lista reproducción y aún no había comentado. En las últimas décadas para hablar de rock, especialmente del añejo y atemporal que hunde sus raíces en los 70, es imperativo recurrir a ese pequeño país nórdico que durante dos décadas no ha cesado de alumbrar formaciones de una calidad superlativa. Evidentemente me estoy refiriendo a Suecia, hogar de titanes como Hellacopters, Graveyard, Witchcraft o Mando Diao por poner algunos ejemplos. Podríamos hablar de otros estilos donde también son toda una potencia, como el death metal (en sus dos vertientes, la clásica y la melódica, ambas con derechos de autor patrios) o el pop, y que nos hablan de las bondades de un país que aunque en el fondo apeste como todos los demás, se ha convertido en referente mundial en lo tocante al nivel educativo y cultural de su población. Dejando los estudios sociológicos a un lado, y centrándonos en la banda que hoy visita mi cubil de locura y perdición, toca adentrarse en ese estilo de rock al que hacía referencia, y que nos hace pensar en el amor libre, los viajes de ácido y las ridículas vestimentas hippies. Three Seasons es un trío liderado por el guitarrista y cantante Sartez Faraj, ex de otra de las grandes bandas suecas, Siena Root. Acompañado por el bajista Christian Eriksson y el batería Olle Risberg, la formación ahonda en lo mejor que el hard rock y la psicodelia nos brindaron en aquella maravillosa década de los 70. 


Life's Road es un disco espectacular, adictivo, enérgico, imaginativo, y que hará las delicias de cualquier amante del buen rock que se precie. Sin ninguna intención de innovar (ni falta que hace), Three Seasons dirigen su mira a la tradición, a las raíces, para traernos desde el pasado un disco que perfectamente podría haber sido grabado en 1975. No nos equivoquemos, porque esto no es un refrito plano, sino que nos damos de bruces con un trabajo coherente y con un fuego interno propio, y cuya mágica amalgama de referencias devienen en 9 cortes de una calidad y pegada superlativos. A lo largo de la hora larga que dura el artefacto (¿os he dicho ya que aquí hay mucho progresivo?), esbozaremos más de una sonrisa recordando a Hendrix, a Cream, a Deep Purple, a Santana, a Led Zeppelin o a The Doors. Para neófitos o gente muy joven, el progresivo es un género plagado de pasajes intrincados y técnica sobrehumana, que es lo que abunda hoy día. No esperéis eso en el trío sueco, porque su visión del progresivo se remonta a cuando era más importante la pasión y el fuego que el cerebro, cuando Dios era Hendrix y no Malmsteen. No tengo nada en contra de la evolución actual del rock, pero se echa de menos que haya gente que te apabulle con su corazón, imperfecto pero lleno de vida, en vez de con la precisión matemática. La voz de Sartez Faraj sigue tan maravillosa como siempre, y su labor a la guitarra es una puta pasada, todo un clínic de clase y sofisticación. Sin miedo a atravesar parajes como el del funk (Feel Alive) o el jazz (la jam de Each To Their Own es acojonante), en Life's Road también hay sitio para temazos de hard rock (la genial Too Many Choices o Cold To The Bone con ese riff pegadizo como el chicle) y el folk rock (An Endless Delusion). La inclusión de instrumentos extra a cargo de músicos invitados es todo un acierto, y tanto el mellotron como el sitar y las guitarras acústicas juegan un papel estelar a la hora de matizar y crear una atmósfera muy especial alrededor del álbum. La producción es también de la vieja escuela, casi de directo, y sin ninguna pijada de postproducción que empañe el aura de autenticidad que es inseparable de un disco de estas características. A pesar de lo abultado de su metraje, os aseguro que Life's Road es adictivo de principio a fin, y se os pasará en un abrir y cerrar de ojos... A tiempo para volver a darle al play. No me gustan los coches, pero ante este tipo de trabajos, me encantaría agarrar uno y lanzarme a la carretera sin ninguna otra meta que disfrutar del trayecto. Resumiendo, Life's Road es un trabajo precioso, brillante y que nos recuerda que el rock nunca morirá. Al menos mientras exista Suecia.


Uno de los grandes discos de rock de 2011, aunque ponerle fecha a esta máquina del tiempo no tenga mucho sentido. Three Seasons se suma a la lista de bandas de primer nivel de Suecia, y esperemos que su andadura sea larga, porque de ser así nos van a dar muchas alegrías. El disco perfecto para escuchar junto a tu hermano mayor y tus padres. Qué cojones, junto a cualquiera que se jacte de amar la buena música.

NOTA: 9/10


viernes, 26 de agosto de 2011

REVOCATION - Chaos Of Forms (2011)



Soy un cabrón prejuicioso, lo reconozco. Y no es que lo sea sin razón, pues las numerosas decepciones han ido creando una costra de desconfianza a mi alrededor. Varias han sido las bandas etiquetadas como los enésimos salvadores del metal y el rock (Trivium o The Sword por poner algunos ejemplos), con resultados que van desde lo patético a la indiferencia fruto del incumplimiento de las expectativas creadas. Generalmente las propias bandas involucradas son las primeras perjudicadas por campañas de marketing que sólo tienen en cuenta el beneficio inmediato y no el hacer justicia a sus bondades. En todo caso, nada cambia el ceño fruncido del personal cuando le llegan cantos de sirena sobre tal o cual "nueva sensación" venida a salvar géneros que viven perfectamente sin héroes salidos de la nada. Sin embargo hay veces, pocas veces, en que el revuelo creado se corresponde con la realidad, y uno tiene que ser un caballero y reconocer que se ha equivocado. Éste es el caso de Revocation, un trío (ahora cuarteto) de Boston que comenzó su andadura en el año 2000 bajo el nombre de Crypting Warning, editando en 2005 su debut Sanity's Aberration. No contentos con el resultado (la banda reniega del resultado de aquel disco, muy influenciado en lo musical por los primeros Metallica), deciden emprender una nueva dirección, cambiándose el nombre por el de Revocation. En 2008 autoeditan su debut como nueva banda, Empire Of The Obscene, así como una gira pagada con sus ahorros por territorio norteamericano. Su música, ahora orientada hacia un thrash metal con elementos de death técnico, tiene una muy buena acogida por público y cazatalentos, llevándose el gato al agua Relapse Records. Con ellos editan en 2009 Existence Is Futile, auténtica consagración de la banda y uno de los mejores discos de 2009 para numerosas publicaciones, algunas tan mediáticas como Spin o Allmusic. Por todo esto las expectativas de cara a su tercer largo eran enormes, y supongo que la presión para el ahora cuarteto nada fácil de llevar. 




Chaos Of Forms ha visto por fin la luz, y con él la oportunidad de zanjar todo el debate generado en estos dos años, para bien o para mal. Tras escuchar decenas de veces el álbum estos días, puedo decir que en líneas generales nos encontramos ante un trabajo mejor, pero sobre todo más homogéneo, que su antecesor. No me malinterpretéis, Existence Is Futile me parece todo un señor discazo, con una variedad de registros abrumadora y una pericia técnica sobrehumana, pero cuyas piezas todavía estaban en proceso de encaje, algo normal cuando se asimila tal cantidad de sonoridades en una sola propuesta. Puedo decir que ese proceso culmina con Chaos Of Forms, pues estamos ante un álbum compacto como cemento armado, y aunque esa miríada de influencias continúa, éstas se conectan entre sí y fluyen con una naturalidad pasmosa. El álbum es un gigantesco Maelstrom de escorzos guitarrísticos, a cargo del que está llamado a ser uno de los grandes nombres en el mundo de las seis cuerdas, David Davidson. La exhibición que este señor lleva a cabo en Chaos Of Forms está al alcance de muy pocos músicos, siendo capaz de volarte la cabeza con solazos hardrockeros a la par que diseccionarte a base de hachazos deudores del death metal más abrasivo, sin olvidar unas contorsiones e inverosímiles cambios de ritmo en la línea de combos como Botch o Converge. La inclusión de un segundo guitarrista, el también talentoso Dan Gargiulo, ha sido una decisión de lo más acertada, pues aparte de otorgar más libertad al genio de Davidson, permite toda una serie de duelos y compenetraciones entre los dos instrumentos que en el álbum alcanza cotas de auténtica excelencia. Es complicado enumerar las virtudes de un disco que es casi un compendio de lo mejor que el metal puede ofrecer en el siglo XXI, de tan inmensos que son sus tentáculos. Recogiendo el testigo de bandas tan grandes (y diferentes entre sí)  como Atheist, Megadeth, Exodus o Pantera, Revocation lo empacan todo en un mismo fardo que aunque parezca mentira no se deshace por las costuras, sino que por el contrario presume de un empaque, pegada y resistencia acojonantes. Aquí hay regalos para todas, señoritas, y ya sea la furia thrasher de cortes como la inicial Cretin o intrincadas composiciones deudoras de los grandes Martyr como Dissolution Ritual, es muy difícil que alguien no encuentre elementos de regocijo en alguno de los 12 cortes que componen Chaos Of Forms. Incluso los amantes del metal más innovador podrán babear con profusión en cortes como Conjuring The Cataclysm y The Watchers, llenas de cambios de registros, pasajes jazzísticos e incluso fragmentos de una épica descarada. También hay guiños al clasicismo, y más de uno sonreirá al descubrir las similitudes del riff inicial de Beloved Horrified (otro misilazo) con el de la famosísima Electric Eye de los mismísimos Judas Priest. La sección rítmica es dura y compacta como la defensa de la selección italiana de fútbol, pero sin usar gomina. Phil Dubois-Coyne se muestra como una auténtica ametralladora a la baqueta, pero con muchos más recursos que el tan manido blast-beat, dando rienda suelta a una mala baba que le asemeja más a un gorila cabreado que se hubiera metido a cirujano. El bajo de Anthony Buda, estelar en muchos momentos de Existence Is Futile, se ve aquí mucho más comedido, pero aún así se distingue sin dificultad y sigue dejando patente el enorme talento que atesora. Dejo para el final dos de los cortes estelares, el primer single del álbum Cradle Robber y No Funeral. Ambas son toda una demostración de que se pueden componer hits de órdago sin bajarse los pantalones ni caer en el mayor de los ridículos. Especialmente la primera es ese corte que Trivium llevan toda la vida esperando sacarse de la manga pero que jamás harán, tan dedicados ellos a ser los nuevos Metallica. Y es que en líneas generales, Revocation son la banda que Trivium hubieran podido ser de tener más talento e ideas propias. En lo vocal es donde puede que esté el punto más flojo de Revocation, pues las voces de Davidson y Buda no se distinguen mucho entre sí, y sus registros guturales (con alguna voz más limpia) no varían excesivamente a lo largo del disco, aunque en un artefacto de estas características tampoco es una pega muy grande. De cualquier modo, no tengo ninguna duda de que esos temas a los que hago referencia hubieran podido llenar en su momento más de un estadio. Era otra época, una que puede nunca vuelva, pero si algún grupo representa hoy día ese complicado balance entre contundencia, gancho y originalidad que en su día abanderaron formaciones como Pantera o Metallica, ese es Revocation. Y con Chaos Of Forms han parido un trabajo enfermizamente adictivo. Tienen que tener un hueco en el Top de 2011, si o si.




Libérate de prejuicios e ideas preconcebidas. Revocation es una de las mejores bandas del panorama metálico actual, y Chaos Of Forms el álbum más adictivo y con más gancho de 2011. 


NOTA: 9,25/10


miércoles, 24 de agosto de 2011

BATILLUS - Furnace (2011)



Tal como avisé, continuamos con ese tacto rectal a lo mejor que las entrañas de 2011 están evacuando generosamente. Aunque en terrenos como el black metal no está siendo muy prolífico, otros géneros están viviendo una hiperactividad y calidad en sus lanzamientos realmente sobrecogedora. Uno de ellos es el doom/sludge, estilo que comienza a preocupar por el nivel de saturación y clonicidad de sus bandas, pero que aún así nos sigue regalando discos de muchísima valía, y que a pesar de lo marcado de su ADN todavía es capaz de sorprendernos con lanzamientos muy personales. Batillus es un joven cuarteto neoyorquino formado en 2008. Originalmente un trío, sus primeros pasos transitaban por los terrenos del doom instrumental de fuertes influencias sludge, que quedaron plasmadas en las dos demos que lanzaron en 2009, recopiladas actualmente con el nombre de EP2. Un año después vio la luz el fantástico split junto a Hallowed Butchery, en el que incorporan al vocalista Fade Kainer (Inswarm, Jarboe, Man's Gin). Todo un acierto, pues la impresionante voz de Kainer era el complemento perfecto para la mastodóntica muralla de sonido que levantaba la sección instrumental, compuesta por el guitarrista Greg Peterson, el batería Geoff Summers y el bajista Will Stabenau. Recomiendo encarecidamente su escucha, pues la dupla que hacen con el proyecto de Ryan Scott Fairfeld es de un nivel superlativo. Tal fue el impacto que estos tíos tuvieron en la abigarrada escena neoyorquina, que el mismísimo Sandford Parker (líder de Minsk y productor de bandas como Pelican, Dark Castle, Nachtmystium o YOB) accedió a producirles su disco de debut.


Furnace hace mucho más que confirmar la excelencia mostrada en anteriores composiciones, suponiendo un tremendo paso adelante a muchos niveles. El primero es la completa compenetración que ahora hay entre la parte instrumental y la vocal, siendo una pasada asistir a esa competición de intensidades que se da entre Kainer y los ciclópeos riffs de Greg Peterson. Por otro lado tenemos unas composiciones muchísimo más maduras y complejas, con numerosos matices que se cuelan entre los resquicios de ese bloque de cemento sónico que es la base sobre la que opera el cuarteto. Es un álbum que escupe oscuridad en todas las direcciones, con la intensidad y la rabia como vehículos transmisores de todo ese mal rollo. Sin embargo, nos equivocaríamos etiquetando a Batillus como una banda de sludge/doom al uso, pues a esas toneladas de furia abrasiva los neoyorquinos le añaden toda una serie de transiciones de calma tensa e incluso de sorprendentes melodías que hacen de Furnace una joya de numerosas tonalidades y brillos. La inicial ...And The World Is A Night To Them es un gran ejemplo de esto. Casi nueve minutos donde se condensan todas las virtudes del álbum. Brutalidad, atmósferas que basculen entre lo opresivo y la belleza, e incluso unas progresiones que recuerdan muy mucho a los todopoderosos Neurosis. A pesar de unos riffs de omnipresente presencia y masividad tectónica, Furnace se acerca (siempre desde su propia óptica) por momentos al black-metal, más por las sensaciones hirientes que transmite que por una clara similitud sonora, lo que acrecenta el halo de oscuridad del conjunto. Aunque el doom y el sludge no son los más variados ni versátiles géneros del planeta, Batillus se las ingenian para que los 44 minutos de Furnace mantengan en todo momento el interés del oyente, gracias a una alquimia en la que entran en juego diversos compuestos mezclados con unas medidas exactas. De ahí que cortes infinitos e intrincados como ese inicial o la final Mautaam (cuyo nombre hace referencia a un peculiar y desastroso ciclo biológico de la India) convivan con misiles tierra-aire como la contundente Deadweight, otro de los puntos álgidos del disco y que cuenta con un riff hecho para triturar cervicales. La producción de Sandford Parker, para variar, es excelente y se ajusta como un guante a las necesidades de un disco de este calibre. Todo suena claro a la par que gordo y contundente, siendo la guinda a un pastel amargo pero tremendamente adictivo. En líneas generales estamos ante un disco sobresaliente, rebosante de talento, a cargo de una banda que sorprende por un nivel más acorde con los grandes del género que con unos recién llegados a la fiesta. No quiero terminar sin alabar la actitud de una banda que no teme en ofrecer sus trabajos en libre descarga, sabia decisión teniendo en cuenta que como en todo, lo que decide la compra o no de un álbum es su contenido y no tal o cual política de marketing. Al menos en el underground. Chapeau por ellos.


Uno de los debuts del año, además de la irrupción de Batillus como una de las grandes promesas de futuro del metal estadounidense. Porque no todo está dicho en el sludge/doom, y Furnace es una  prueba de ello.

NOTA: 9,25/10


lunes, 22 de agosto de 2011

FLOURISHING - The Sum Of All Fossils (2011)



Qué grandes son Wetnurse. Y no lo digo sólo por su propuesta musical, una de las más excitantes que nos ha brindado el metal de los últimos años, sino porque de manera indirecta están generando todo un torrente de talento e ideas tanto en terceras bandas como en proyectos paralelos de sus miembros. Si hace nada alababa la labor de la sección rítmica de la banda neoyorquina en el nuevo y fantástico álbum de Today Is The Day, hoy toca hablar del proyecto paralelo del guitarra de Wetnurse, Garett Bussanick, toda una institución en la escena undergound de la ciudad que nunca duerme. Flourishing es un trío de grindcore experimental cuya carta de presentación, el EP A Momentary Sense Of The Inmediate World (2010), fue uno de los grandes acontecimientos del año pasado dentro de la escena extrema norteamericana merced a una propuesta que aunaba multitud de sonoridades e influencias con un resultado tremendamente personal y novedoso, que hizo depositar en ellos enormes expectativas. Pues bien, un año después Flourishing (cuya formación se completa con el bajista Eric Rizk y el batería Brian Corcoran) regresan por todo lo alto con su debut en formato larga duración, dispuestos a refrendar los argumentos de quienes ven en ellos el futuro del metal extremo.




Y es que vaya bestialidad de disco, señores. Si el EP del año pasado era un imparable juggernaut de death/grind que se cagaba en cualquier tipo de ortodoxia formal, The Sum Of All Fossils revienta cualquier tipo de etiquetado posible. Porque sin ningún pudor el trío hace suyas las enseñanzas de multitud de estilos, moldeando una criatura completamente nueva, y que olería a profética si no fuera por que hay que estar muy jodido de la cabeza y tocar como el mismísimo demonio para parir un artefacto como éste. Grindcore, death metal, noise, metal experimental o industrial son algunas de las fuentes de las que beben estos "angelitos", y cuyas referencias directas serían una suerte de mezcolanza entre Godflesh, los Napalm Death de los 90, Unsane, Ulcerate y los primeros Fear Factory. Ellos mismos citan también entre sus influencias a bandas tan diferentes entre sí como Immolation, Swans o Killing Joke. Y aunque parezca imposible, todo este sinsentido de nombres convive en el álbum bajo un equilibrio que desafía la cordura, una policromía alienígena capaz de abrasar retinas, o en este caso, oídos y cerebros. Bussanick se casca toda una exhibición de técnica sobrehumana, riffs de insano y cortante instinto homicida, y unos cambios de ritmo capaces de dejarte sin respiración. El bajo de Eric Ricz es de una contundencia y densidad tales que lo sentirás físicamente golpeándote la cara, ayudado por la precisión metronómica del batería Brian Corcoran, otra bestia parda metida a músico. Lo esquizoide de su sonido hace que nos encontremos ante un disco áspero, feo, desagradable, pero al mismo  tiempo una de las experiencias más intensas y enfermizamente disfrutables de los últimos años en el panorama metálico. Instalados en esa banda de terroristas de la transgresión sonora a la que pertenecen formaciones como Mithocondrion, Portal, Krallice o Ulcerate, Flourishing se distancian del sonido de éstos por una omnipresente base industrial muy reminiscente de los primeros Godflesh, así como por la utilización de toda una gama de melodías de las que carecen sus compañeros de faena. Éste último factor es quizá el más importante y sorprendente del repertorio de los neoyorquinos, dado lo poco frecuente de su uso en el género y los desastrosos resultados que generalmente ha dado cuando se ha intentado fusionar con el extremismo metálico. Huelga decir que me estoy refiriendo a melodías en lo instrumental, puesto que en el apartado vocal, el señor Bussanick se mueve entre la guturalidad y la rabia punk, sin dejar ningún resquicio a la belleza. Pues bien, estas melodías están perfectamente integradas en The Sum Of All Fossils, si bien su verdadera función es remarcar la contraposición con la brutalidad que predomina en el álbum, aumentando la sensación de maligna bestialidad de las explosiones de furia. En todo caso, obra el milagro de hacer que un disco como éste se sienta más cercano, aunque de ese modo la herida que abre en nuestra cabeza es aún mayor por pillarnos con la guardia baja. Resumiendo, nos encontramos ante otra obra magna de eso que ha venido a llamarse el metal de vanguardia, pero que por imaginación y méritos propios se ha instalado en un reino donde sólo actúan sus propias reglas. Puede que no lo vayas a escuchar todos los días, pero cada vez que lo hagas descubrirás nuevos detalles antes esquivos, así como la sensación de acabar de recibir una paliza por un enemigo demasiado rápido como para haber reconocido su cara. Sorpresón, y la banda sonora perfecta con la que amenizar la espera para lo nuevo de Wetnurse, confirmado para finales de este mismo año. Joder, si!!


El futuro no existe, porque vive en el presente, y responde al nombre de Flourishing. Puede que sea feo, brutal y carente de cualquier rastro de cordura, pero es el que nos hemos ganado. Y que me folle una horda de comadrejas empapadas en cocaína si no lo he disfrutado como un enano. Muy, pero que muy serio aspirante a discazo del año.

NOTA: CLASSIC (10/10)